Cinq

176 18 0
                                        

Matteo.

La noche estaba mas que presente, mi padre y la madre de Simón no se dieron cuenta de nada, absolutamente nada y aunque estuvieron a punto de hacerlo, por suerte, no fue así.

Simón se propuso a limpiar todo, solo me dijo que me quedara en mi habitación, para que no despertara sus ganas de seguir, ese chico, se toma en serio el chiste de que es un lobo.

-¿Puedo pasar?- Alguien toco a mi puerta, eran más de las dos de la madrugada, la voz del otro lado, era un simple susurro. Me levanté de mi cama y le abrí la puerta. -Supongo que eso es un sí- Simón estaba del otro lado, en sus manos traía lo que quedo de mi playera y prácticamente toda mi ropa.

-¿Está todo bien?- El cerró la puerta, le colocó llave y se acercó a mi cama junto conmigo.

-Un poco de insomnio, y pensé que podría venir a dejarte eso, que casi lo olvidó dentro del microondas- Me extendió la ropa y yo la metí al cesto de ropa sucia. -¿Por qué hay un microondas, si no lo utilizan?, Tus bóxers pasaron mas de dos horas ahí dentro, y nadie lo noto.-

-Mamá era quien lo usaba, sin mencionar las palomitas que a veces se hacen, papá y yo preferimos cocinar en el momento, es relajante- Me acosté en mi cama, y el hizo lo mismo, estábamos cara a cara, cada uno acostado de un lado de la cama.

-Pues yo no se cocinar, mas que solo cortar vegetales, pero si tú decides enseñarme, yo puedo ser tu estudiante- Ambos reímos.

-Pues si tu me enseñas a tocar tu guitarra, yo puedo enseñarte a cocinar, tampoco es que sea el mejor cheff, pero se hacer una que otra cosa- El dió un largo bostezó. -Pense que habías dicho que tenias insomnio- Solo sonreí ante su acción.

-Lo siento, pero tienes razón, yo creo que primero debería probar tu comida, antes de que me enseñes, tal vez solo te estoy poniendo muchas expectativas- Se acercó mas a mí. -Tu me ayudas a dormir- Y con su dedo tocó la punta de mi nariz.

-¿Estás diciendo que soy aburrido?- Le sonreí juguetón, y fingiendo estar enfadado.

-No- Solto una pequeña carcajada nerviosa. -Es sólo que tu me das paz, y hoy fue mucha adrenalina en un solo momento- Tomó las cobijas y se cubrió con ellas.- Buenas noches- Cerró sus ojos y quedó dormido.

No tardé mucho en dormir también, no le di importancia a su presencia en mi habitación, y sin mencionar que el había cerrado la puerta con llave.

Las horas pasaban, la madrugada se hacía mañana y el aún estaba en mi habitación, alguien había tocado a mi puerta, era bastante temprano, solo habrí los ojos.

-¿Matteo?- Era la voz de mi padre. -¿Estás despierto?- Intenté hablar, pero aún no estaba lo suficientemente despierto como para decirle algo coherente. -¿Simón está contigo?- En ese momento fue cuando reaccioné, el seguía aquí, desperté casi de inmediato. -Si está dentro contigo, no importa, solo que no lo vimos y estamos preocupados- Me levanté de la cama y abrí la puerta.

-Buenos días- El miró rápidamente toda la habitación, detenido sus ojos en el durmiendo. -Estamos charlado y no sé en que momento se quedó dormido, pero aquí está, está todo bien- El me sonrió y beso mi frente.

-Bien, debemos irnos, es bastante tarde para el trabajo, hoy volveremos muy tarde, hay comida en el refrigerador, pero si gustan comprar algo, hay dinero en el jarrón de abajo- Solo asentí y el se despidió, para después bajar las escaleras, y al parecer hablar con la madre de Simón, la cuál estaba un tanto alterada.

Volví a la cama, para recostarme, pero él ya estaba ocupado todo el lugar, de está.

-Si no te quitas me acostaré sobre ti- No sabía si me escuchaba, parecía bastante dormido.

-Acuestate encima, ¿Cuánto pesas?, ¿Dos kilos?- Sonrió de lado y se negó a hacerme un lado. No lo pensé dos veces, me lancé sobre él, cayendo juntó en su espalda. -Bien, pequeño conejito, esta claro que pesas mas de lo que aparentas.- Hablo con un tanto de dificultad, lo cuál era gracioso.

-Se alarmaron mucho, supongo que pensaron que escapaste o algo así, ¿Por qué te irías?- Me reí un poco, pero el no lo hacía, pensé que era porque no podría, por mi peso encima, así que baje de su espalda. Su semblante era serio, no parecía haber reído, en absoluto. -¿Está todo bien?- Se sentó sobre la cama, estaba frente a mi.

-¿Qué quieres hacer hoy?, Yo decidí lo de ayer, es tu turno- Ignoró mi pregunta.

-Quiero que me respondas, ¿Está todo bien?- Me miró a los ojos, y después desvío la mirada. -¿Simón?- Volvió a mirarme, pero ahora estaba mordiendo su labio y sus ojos, comenzaban a lagrimar.

-No quiero hablar de eso- Limpió las pocas lágrimas que habían podido salir de sus ojos y se enderezó, para así obligarse a no llorar. -Es muy temprano, para que tu también me trates como un cristal andante, que en cualquier momento puede romperse- Se levantó de mi cama y salió de la habitación, no dije nada, solo mire como se iba.

No puede soportarlo mucho tiempo, me vestí de manera rápida, poniéndome algo cómodo, pero mas decente que un pijama y fuí a su habitación.

-¿Puedo pasar?- No esperé a su respuesta y entré. El estaba mirando sus pertenencias, en específico, una fotografía. -Cambiate, hoy saldremos, juntos- Me miró como si mi presencia, fuera bendita y asintió.

Bajé las escaleras y entre en la cocina, para intertar prepararle el desayuno, no logré hacer algo más cereal, ya que estaba un tanto frustrado, por lo que había pasado, lo cuál no sabía que era, no tenía ni la mas mínima idea de lo que sucedía.

-Con ese tipo de platillos, me harás todo un cheff profesional- El había entrado por la cocina, vistiendo nuevamente todo de negro.

-Lo sé, soy el mejor servidor de cereal- El se rio conmigo y aceptó probar mi platillo.

-Delicioso- Volvió a reir y por un momento, me hizo olvidar que estaba a punto de llorar.

Me Niego.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora