-¿Sería tan malo intentarlo? ¿Qué tenemos que perder?
La miró, vio que dudaba y resistió el impulso de presionarla más. No quería asustarla.
-Somos personas distintas. Tú ya no me conoces -dijo ella.
Justin la miró a los ojos.
-Te conozco lo suficiente -contestó-. Sé que nos iría bien juntos. Dame una oportunidad de demostrártelo.
Ella se mordisqueó el labio inferior, pensativa, y Justin se permitió sentir una cierta esperanza.
-De acuerdo -dijo ella al fin-. Pero tiene que ser según mis condiciones
-Por supuesto -él hizo ademán de tomarle las manos, pero ella evitó el contacto y entrelazó los dedos-. Aceptó cualquier condición.________ lo miró a los ojos con una expresión que tenía algo de retadora.
-Quiero un anillo -dijo ella-. Uno muy grande. Tres quilates por lo menos.
Justin reprimió un respingo de sorpresa.
-¿Qué?
-Y no quiero perder el tiempo con un compromiso largo. Si después de tres meses, esto no funciona, seguimos cada uno nuestro camino y rompemos el contrato. Y por supuesto, yo me quedo el anillo. ¿Aceptas?
Ella no hablaba de una cena precisamente. Seguía pensando que quería obligarla a casarse y hablaba de algo mucho más serio. Su cerebro intentaba entender lo que ocurría. ¿Anillo? ¿Compromiso? Entendió entonces la mirada retadora de ella. Aquello era un farol porque quería asustarlo con la posibilidad del compromiso. La audacia de ella le dio ganas de reír. Pero a aquel juego podían jugar los dos.
-De acuerdo -dijo en tono mesurado-. Pero yo también tengo condiciones. Si vamos a intentarlo de verdad, tenemos que pasar más tiempo juntos. Creo que debes mudarte conmigo. Así podremos ver si somos compatibles.
________ se puso tensa y Justin pensó que iba a dar marcha atrás.
La joven se encogió de hombros.
-Supongo que eso estaría bien, pero con una condición. Tendremos habitaciones separadas.
Justin admiró su sangre fría. Ni siquiera había parpadeado. Habían pasado de salir a vivir juntos en menos de un minuto.
-De acuerdo, pero tendrás que hacer un esfuerzo por realizar algunos deberes de esposa -repuso, convencido de que aquello sería demasiado para ella.
Tal y como esperaba, ________ abrió mucho los ojos.
-¿Quieres que me acueste contigo?
Justin se echó a reír.
-No, no me refería a eso, pero si quieres añadir eso a tu lista de responsabilidades diarias, no tengo nada que objetar.
-Esto no saldrá bien -murmuró ella.
-Yo me refería a cosas que suelen hacer las mujeres por sus maridos. Cocinar de vez en cuando, arreglar la casa, escuchar mis problemas en el trabajo.
-¿Y qué me dices de los deberes de los esposos? ¿Qué vas a hacer tú para contribuir a este acuerdo?
-Yo haré lo que quieras.
-Una cerradura en la puerta de mi dormitorio -musitó ella-. Y un cuarto de baño propio.
-Eso será un problema -repuso él-. En mi casa sólo hay uno y medio.
________ suspiró y le lanzó una mirada recelosa.
-Supongo que puedo soportarlo. Podemos hacer turnos para el baño.
-De acuerdo.
-Bien. Tres meses -dijo ella-. Hasta el día de San Valentín. Y si no funciona, seguimos caminos separados.
-Tres meses -asintió él-. ¿Quién sabe lo que puede ocurrir?
________ le tendió la mano y él se la estrechó.
-Trato hecho -dijo ella-. Quizá deberíamos escribir otro contrato.
Justin sorprendido todavía por el giro de los acontecimientos, le retuvo la mano.
-Añadiremos una cláusula al viejo - comentó - ¿Cuándo quieres mudarte conmigo?
-¿Este fin de semana?
-Está bien -no pudo reprimir una sonrisa-. ¿Qué te parece el sábado? Te ayudo a instalarte y luego podemos salir a cenar. Conozco un restaurante magnífico en...
-El sábado tengo que trabajar; sería mejor el domingo.
-La dirección es el 2234 de North Winston. Te espero el domingo.
La joven asintió y se volvió para marcharse, pero él se negó a soltarle la mano.
-¿_______?
Ella miró los dedos enlazados de ambos.
-¿Sí?
-Tú me has preguntado por qué; yo puedo preguntarte lo mismo. ¿Por qué?
-Yo no tengo que darte mis razones -contestó ella-. Eso no entra en el trato - se soltó y echó a andar por el camino. Justin la contempló hasta que dobló la esquina y desapareció; se sentó en un banco del parque con la respiración formando nubes delante de su rostro.
Desde el comienzo había buscado sólo una cita y de pronto había acabado con una prometida. No sabía qué pensar, así que optó por no pensar en lo sucedido. Tendría tres meses para averiguar lo que sentía por ella... y lo que sentía ella por él.
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