Gwendoline tuvo suerte de que Neo perteneciera a la resistencia desde una temprana edad, pues gracias a él había conseguido escapar a la zona libre del norte. Allí, tras las frías montañas y numerosos bosques de altos robles, se encontraba el viejo refugio de los difuntos reyes de Lux. Neo recordaba aquella mansión vagamente, su padre lo había llevado allí un año antes de la masacre y sus recuerdos se resumían en fiestas elegantes y paseos en caballos majestuosos de pelajes blancos. Extrañaba aquella época, cuando el mundo no se adhería a sus músculos y era libre.
Juno colocó una mano en el hombro del estratega, quien, inconscientemente, se había quedado observando la emotiva escena que ocurría a metros del camión que los rescató. En esta, la princesa no se separaba de los brazos de su padre adoptivo y lloraba sobre su hombro como una niña pequeña. Rupert, con las heridas vendadas y curadas, se dedicó a frotarle la espalda y a prometerle que ya estaba a salvo. Neo se cuestionó si el anciano tenía razón, pues, aunque Fire hubiera conseguido viajar hasta la zona del norte, estaba seguro que Romin y su familia buscarían cualquier tipo de método para que la joven regresara a sus manos.
-Nunca te había visto tan preocupado, jefe-habló su soldado más joven-. Los norteños tienen buenos estrategas, podremos solucionar cualquier problema que se presente.
La sonrisa de Juno se agrandó, buscando en su jefe un atisbo de tranquilidad. Conocía a Neo desde que era un niño asustadizo, se llevaban siete años de diferencia, aún así, el adulto jamás lo trató como alguien inferior. Nunca quiso formar parte del ejército real, odiaba las batallas y la increíble hipocresía que los soldados presentaban, pues actuaban con soberbia y superioridad contra el pueblo, sin embargo, prefería sufrir que morirse de hambre. Neo no dudó en etiquetarlo como su soldado más fiel gracias a su actitud bondadosa y empática y, ante la incomprensión de sus compañeros, consiguió un puesto en la guardia real.
-Me temo que nos superan en armamento y hombres, niño.-Una voz tensó a ambos hombres y giraron el rostro al unísono.
Jack Molan era un hombre hermoso, su iris verde se asemejaba a la gema real que descansaba en su cuello, mechones pelirrojos caían sobre su frente y de su sonrisa, amable y dulce, sobresalían unos afilados colmillos que le daban un aspecto mucho más único. Tenía la misma edad que Neo y lideraba, desde los dieciocho años, el ejército rebelde. Le extendió una mano al estratega, examinando su aspecto cambiado, y habló:
-Nunca pensé que fueras capaz de cumplir la promesa, tu padre debe estar muy orgulloso de ti.
Neo suspiró con tristeza al escuchar como mencionaba a su progenitor y, antes de que pudiera contestar o tomar su mano, unos brazos delgados rodearon su antebrazo. Bajó un poco el rostro y levantó una ceja en el instante que observó como Fire se apegaba a él. La acción confundió al líder del norte, analizó el aspecto desaliñado de esta y no tardó en soltar una carcajada al toparse con las mejillas sonrojadas de Neo.
-Alteza, la guiaré hacia sus nuevos aposentos.-Jack aguantó la risa y le extendió su brazo para que pudiera colgarse de él como lo estaba haciendo con Neo.
Fire apretó los labios con desconfianza y levantó la mirada hacia el estratega, buscando la seguridad en sus ojos grisáceos. Este asintió para que supiera que podía confiar en el pelirrojo y le revolvió el cabello en un acto tan intimo que Jack no pudo evitar que la sorpresa lo ahogase. Se quedó callado, borrando la sonrisa de sus labios, se preguntó lo cercanos que eran su compañero y la heredera y, en su interior, deseó que aquella relación no afectase en el futuro.
No hablaron durante todo el día y por más que la situación requiriera una explicación, Neo le pidió a Jack que la dejara descansar durante aquella noche. Lo que no se esperó es que Fire se dedicara a hacer todo lo contrario a dormir. Después de darse una larga ducha, unos pequeños golpes en la puerta de su dormitorio dieron la bienvenida a la muchacha pecosa. Se había cambiado la vestimenta con un camisón mucho más cómodo y su cabello se encontraba húmedo, transparentando un poco la tela de su cuello. Neo agradeció que estuviera cubierta con una bata de seda, pues, no quería sentirse como un pervertido.
Desde la silla de su escritorio, la siguió con la mirada, Fire se posicionó frente a él, con las rodillas desnudas rozando la tela de sus pantalones militares y una tierna sonrisita cubriendo sus carnosos labios. Neo tuvo un fugaz deseo que lo dejó nervioso toda la noche: quería besarla. Sus manos temblaron y se aferró al metal de su silla.
-¿No puedes dormir?-Cuestionó y dejó que el aire regresase a sus pulmones cuando Gwendoline se sentó sobre la mesa.
La luz de la vela que iluminaba la habitación anaranjó el rostro de la joven, enfatizando su perfil delgado, y se colocó el rebelde cabello tras las orejas.
-Todo ha sido demasiado rápido.-Se encogió de hombros.
Hicieron un profundo contacto visual por unos segundos, deseando descifrarse mutuamente, Gwendoline extendió un dedo hacia el labio herido de su soldado y limpió un poco de sangre que se escurría de esta. La culpabilidad arañó su corazón y Neo sujetó su muñeca para que se detuviera.
-La próxima vez no dejaré que te castiguen por mi culpa.-Las palabras de la princesa eran claras, pero sus pupilas se ahogaron de miedo.
-Aceptaría cualquier castigo por ti, alteza.-Contestó y Fire negó con la cabeza, aterrorizada por que pudieran hacerle daño por su culpa.
-No digas eso. Sé que has estado sólo todos estos años, pero ahora yo no voy a permitir que te sigan tratando así.-Neo experimentó como su corazón se aceleraba y sonrió con cierta ternura.
Nadie se había preocupado tanto por él como Fire y le pareció realmente encantador como trataba de explicarse sin ponerse a llorar. Se levantó hasta quedar más cerca de su rostro, la menor abrió las piernas inconscientemente para que este pudiera acercarse más y Neo la tomó de las mejillas para que no apartase la mirada.
-Me encantaría besarte.-Gwendoline pronunció las palabras que el adulto estaba pensando, las palpitaciones de ambos se volvieron mucho más rápidas y se pusieron nerviosos ante la cercanía.
No se besaron. El sonido de la puerta obligó al estratega a separarse bruscamente, Jack entró con las cejas levantadas por la extraña acción del soldado y Fire, con las mejillas rojas como un tomate, salió lo más rápido posible de allí.
-Algo raro ocurre con vosotros dos.
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Inside the Flames
FantasyUn reino apunto de sucumbir bajo magia negra. Una princesa pérdida. Y una promesa pasada. ¿Qué ocurrirá cuando Fire intente arreglar un país destruido?