Esa madrugada lo habías encontrado fuera de tu casa, él te había estado esperando toda la noche bajo la lluvia.
Mael tiritaba de frío y te partió el corazón verlo así, tan frágil y con los ojos todos irritados de tanto llorar por ti.
El arcángel no entendía que ya no querías nada con él, no podía asimilar su vida sin ti, ni tampoco que estuvieras enamorada de su propio hermano.
El pobre albino tenía el corazón roto y se negaba a aceptar tu nueva relación. Le dolía mucho y aunque sabía que sólo seguiría humillándose al buscarte y recibir palabras ofensivas de tu parte, él seguiría insistiendo hasta cansarse o quizás hasta que la vida se lo permitiera...
