Sᥲbᥱr qᥙᥱ ᥒo dᥙrᥲrᥱmos dᥱmᥲsιᥲdo ᥱᥒ todo ᥱsto, mᥱ ρoᥒᥱ mᥲᥣ sᥲbᥱr qᥙᥱ ᥒo tᥱ tᥱᥒdrᥱ́ mᥲ́s; ρᥱro, hᥲrᥱ́ ᥣo ρosιbᥣᥱ ρᥲrᥲ qᥙᥱ tᥙs dᥱsᥱos sᥱ hᥲgᥲᥒ rᥱᥲᥣιdᥲd...
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[✍️] Es adaptación de mi propio libro Mikellino.
[✍️] Trataré de informarme lo mejor posibl...
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El castaño miraba el techo de su habitación, mientras se perdía en el silencio de esos momentos, solo oyendo los autos pasar por fuera de su hogar. Era uno de esos días en dónde no tenía nada que hacer y su aburrimiento era muy notorio.
No podía llamar al azabache, este iba a estar fuera de casa por ir al médico y no se extrañó cuando le dijo que no pasaba nada, que supuestamente era para acompañar a su madre. Bien, solo se hizo el que le creyó y además ya habían estado saliendo muchas veces durante las últimas semanas. Le agradaba su compañía, ahora no sabía que hacer sin el de orbes morados.
Agarró una de sus almohadas, para ponerla sobre su rostro y gritar en ella.
— Hace tiempo que no te veía gritarle a la almohada —se sobresalto por la voz de su madre, quitando rápidamente la almohada y mirarla con el ceño levemente fruncido— Vale, perdón, debí tocar.
La mayor se acercó a la cama, sentándose a los pies y el solo se enderezó, para así poder mirar mejor a su progenitora— ¿Y papá? —decidió preguntar, ella le dió una sonrisa leve.
— Ha estado muy ocupado por su trabajo, también quisiera que descanse, pero sabes lo terco que es —asintió, se alegraba al menos de verla tranquila y no triste— Pero bueno, ¿por qué tanto odio hacia la pobre almohada? ¿Está todo bien?
Sabía que cambiaría rápido de tema. Suspiró— No es nada —ella alzó una ceja, no muy convencida con la mirada que le daba— Enserio, no es nada...
— Rubén Doblas Gundersen.
— ¡Estoy confundido! ¡Ya, lo dije! —se tiró hacia atrás, dejando que su cabellera castaña caiga sobre su otra almohada, la mayor se quedó en silencio.
— ¿Confundido por qué, cariño? —preguntó, en un tono suave y algo muy característico de ella cuando siempre trataba de hacerlo sentir sin miedo, con tranquilidad y confianza, de contarle lo que le tiene carcomiendo su cabeza.
Cerró los ojos, mordiendo levemente su labio inferior, para así luego exhalar— No sé si me estoy enamorando...
— Pero, ¿qué pasa con...
— Terminé con ella hace semanas, perdón por no decírtelo, pero es que ando confundido desde hace mucho y no he tenido cabeza para nada, más que en ese tema —sinceró, la mujer solo sonrió.
— Rubén, enderézate —hizo caso, mirando los orbes avellana de la azabache, quien también tenía una sonrisa surcando sus labios— Dime, ¿qué es lo que te llama la atención de esa persona? Lo que siempre te sorprende cada día.