Sᥲbᥱr qᥙᥱ ᥒo dᥙrᥲrᥱmos dᥱmᥲsιᥲdo ᥱᥒ todo ᥱsto, mᥱ ρoᥒᥱ mᥲᥣ sᥲbᥱr qᥙᥱ ᥒo tᥱ tᥱᥒdrᥱ́ mᥲ́s; ρᥱro, hᥲrᥱ́ ᥣo ρosιbᥣᥱ ρᥲrᥲ qᥙᥱ tᥙs dᥱsᥱos sᥱ hᥲgᥲᥒ rᥱᥲᥣιdᥲd...
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[✍️] Es adaptación de mi propio libro Mikellino.
[✍️] Trataré de informarme lo mejor posibl...
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||DÍA 0||
Empezaba a moverse entre las sábanas, abriendo los ojos lentamente por el cansancio que aún sentía. Quiso moverse a un lado pero sintió como unas brazos rodeaban su cintura y lo apegaban más al cuerpo contrario. Sonrió.
Levantó la vista, notando como aquél castaño estaba con el ceño levemente fruncido y los ojos cerrados. Sabía que casi lo levantaba al moverse y la verdad es que recordar lo que ocurrió la noche anterior no fue de mucha ayuda para sus mejillas, ahora, ruborizadas. Prefería que estuviera durmiendo tranquilamente.
Se puso a apreciar las largas pestañas de su pareja, como su cabello estaba aún más alborotado y su respiración era tan tranquila, le daba paz y hasta podía adormecerlo nuevamente para seguir durmiendo.
- Me pones nervioso cuando te quedas mirándome -se sobresaltó cuando escuchó su voz, este soltó una leve risa adormilada- ¿Te asusté?
- Primero, buenos días, ¿no crees? -vió por fin aquellos orbes esmeralda que tanto amaba, con ese brillo tan especial y su sonrisa de siempre.
Se acercó más a su rostro, para rozar sus narices- Si, buenos días -dejó un casto beso en sus labios, siendo devuelto por el azabache y así repetidos veces fugaces. Sonrieron con diversión- pensé que estarías adolorido -bajó sus manos a las caderas del azabache. Este simplemente las detuvo ahí.
- Deja las caricias, que mi madre y Merlin deben estar ya abajo -susurró cerca a sus labios, el oji verde sonrió coqueto.
- Pero si haces esto, obviamente significa que no quieres que pare en nada.
- Nunca quiero que pares.
- Podemos ser silenciosos y rápidos.
- Mi respuesta es no.
- Samuel.
- Rubén.
Ambos se retaban con la mirada, con una sonrisa en sus labios y solo esperando que alguno diga que se rinde, para así saber que ganó uno de ellos dos. Y el castaño solo hundió su cabeza en el hueco entre el cuello y hombro de su pareja, haciéndole saber que se rendía en la batalla de miradas.
- Puedo conocer tus segundas intenciones, aparta -dijo, para recibir la pequeña risa del castaño.
- No quiero, hueles bien, lavanda -respondió, mientras acariciaba con la punta de su nariz la piel del azabache.
Este no pudo evitar sentir sus mejillas arder- Si no bajamos ahora, voy a gritar. No será mi culpa si Merlin sube con una escoba o una sartén -hizo su amenaza, haciendo que nuevamente conecten miradas.
- Te amo, pero a veces eres malvado -hizo un puchero, el de orbes morados solo rodó los ojos y así llevar una de sus manos a los alborotados cabellos castaños y tratar de arreglarlo, un poco al menos.