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||DÍA 0||

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Empezaba a moverse entre las sábanas, abriendo los ojos lentamente por el cansancio que aún sentía. Quiso moverse a un lado pero sintió como unas brazos rodeaban su cintura y lo apegaban más al cuerpo contrario. Sonrió.

Levantó la vista, notando como aquél castaño estaba con el ceño levemente fruncido y los ojos cerrados. Sabía que casi lo levantaba al moverse y la verdad es que recordar lo que ocurrió la noche anterior no fue de mucha ayuda para sus mejillas, ahora, ruborizadas. Prefería que estuviera durmiendo tranquilamente.

Se puso a apreciar las largas pestañas de su pareja, como su cabello estaba aún más alborotado y su respiración era tan tranquila, le daba paz y hasta podía adormecerlo nuevamente para seguir durmiendo.

- Me pones nervioso cuando te quedas mirándome -se sobresaltó cuando escuchó su voz, este soltó una leve risa adormilada- ¿Te asusté?

- Primero, buenos días, ¿no crees? -vió por fin aquellos orbes esmeralda que tanto amaba, con ese brillo tan especial y su sonrisa de siempre.

Se acercó más a su rostro, para rozar sus narices- Si, buenos días -dejó un casto beso en sus labios, siendo devuelto por el azabache y así repetidos veces fugaces. Sonrieron con diversión- pensé que estarías adolorido -bajó sus manos a las caderas del azabache. Este simplemente las detuvo ahí.

- Deja las caricias, que mi madre y Merlin deben estar ya abajo -susurró cerca a sus labios, el oji verde sonrió coqueto.

- Pero si haces esto, obviamente significa que no quieres que pare en nada.

- Nunca quiero que pares.

- Podemos ser silenciosos y rápidos.

- Mi respuesta es no.

- Samuel.

- Rubén.

Ambos se retaban con la mirada, con una sonrisa en sus labios y solo esperando que alguno diga que se rinde, para así saber que ganó uno de ellos dos. Y el castaño solo hundió su cabeza en el hueco entre el cuello y hombro de su pareja, haciéndole saber que se rendía en la batalla de miradas.

- Puedo conocer tus segundas intenciones, aparta -dijo, para recibir la pequeña risa del castaño.

- No quiero, hueles bien, lavanda -respondió, mientras acariciaba con la punta de su nariz la piel del azabache.

Este no pudo evitar sentir sus mejillas arder- Si no bajamos ahora, voy a gritar. No será mi culpa si Merlin sube con una escoba o una sartén -hizo su amenaza, haciendo que nuevamente conecten miradas.

- Te amo, pero a veces eres malvado -hizo un puchero, el de orbes morados solo rodó los ojos y así llevar una de sus manos a los alborotados cabellos castaños y tratar de arreglarlo, un poco al menos.

ᙖᥱƒoɾᥱ ɩ ᑯɩᥱ ɩ ωᥲᥒt↗ᖇᑌᗷᕮGᕮTTᗩDonde viven las historias. Descúbrelo ahora