Sᥲbᥱr qᥙᥱ ᥒo dᥙrᥲrᥱmos dᥱmᥲsιᥲdo ᥱᥒ todo ᥱsto, mᥱ ρoᥒᥱ mᥲᥣ sᥲbᥱr qᥙᥱ ᥒo tᥱ tᥱᥒdrᥱ́ mᥲ́s; ρᥱro, hᥲrᥱ́ ᥣo ρosιbᥣᥱ ρᥲrᥲ qᥙᥱ tᥙs dᥱsᥱos sᥱ hᥲgᥲᥒ rᥱᥲᥣιdᥲd...
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[✍️] Es adaptación de mi propio libro Mikellino.
[✍️] Trataré de informarme lo mejor posibl...
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||UN MES Y MEDIO DESPUÉS||
Caminaba por el pasillo con la capucha puesta de aquella sudadera blanca, tan característica del castaño.
Hace tan solo un mes y medio desde que todo ocurrió. Vió como bajaban aquel ataúd de madera en el hueco que hicieron bajo la tierra, ver cómo lo enterraban lo hizo sentirse destrozado, comenzando a brotar lágrimas por sus orbes amatista y su mirada sin brillo nuevamente.
Fue difícil la primera semana hacer que salga de casa si no era solo para ir a la universidad y es que cada vez al abrir los ojos, se daba cuenta que nunca más podría ver la sonrisa y aquella mirada esmeralda con amor. El no poder besarlo, hacer más alborotado su cabello y simplemente estar entre sus brazos, escuchando el latido de su corazón tranquilo, tenerlo junto a él.
Lástima que ya no era así.
Hasta esperaba que todo fuera un mal sueño, una horrible pesadilla y que al llegar a la universidad lo encuentre tonteando con los chicos. Que voltee a mirarlo y le de aquella amplia sonrisa, correr hacia él y abrazarlo, decirle que lo preocupó, que era un tonto, pero el tonto que ama.
Solo suspiró para sentarse en su asiento, mientras evitaba conectar miradas con alguien más que estaba en aquella aula. Solo quería que el tiempo pasara rápido, llegar a casa y seguir en su cama, dormir si era posible, pero las constantes pesadillas sobre el accidente o la noticia del fallecimiento de su amado, lo seguían atormentando.
Sus amigos trataban de animarlo en cada receso, cada almuerzo y hasta llamándolo incontables veces. No sería sorpresa si no contestaba y apagaba su celular para seguir abrazando la sudadera del castaño. Las ojeras en sus ojos eran muy notorias, algo que sorprendió a toda la facultad y aumentando la preocupación en cada persona cercana a él.
Dolía, siempre recordarlo al cerrar sus ojos, saber que nunca más podrá abrazarlo, besarlo, tocarlo...
Todas sus emociones y pensamientos eran un caos, tan pesimistas, hundiéndose en aquel pozo sin salida, tan oscuro que si quisieras mirar arriba, no hallarás luz en ningún lado. Volvió a recaer y de la peor manera.
— Joven De Luque —la voz del profesor lo hizo volver en sí, mirándolo desconcertado— ¿me podría decir lo que acabo de decir del tema que trabajamos hoy?
El azabache se quedó en silencio, apretando sus labios en una línea sin saber que decir ya que su mente, su mente estaba en blanco, además, las palabras no podían salir de su boca.
Sintió una pequeña punzada de dolor en el abdomen, llevando una de sus manos ahí, su vista en cada pestañeo se volvía borrosa, aumentando su preocupación sobre que le pasaba, hasta que sintió un dolor en el vientre, haciendo que escuche un pitido en sus oídos, luego como lo llamaban por su nombre y todo se volvió oscuro.