Capitulo VII: El recuerdo y la llamada.

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Un pequeño de cabellera negra corría por la casa con su pijama rayado, su madre lo perseguía con un pequeño abrugo turquesa.
Ambos saldrían a ver la nieve y crear aquellos muñecos que, según el niño, eran extraños.

- ¡Te tengo! -exclamó la mujer cargando al niño entre sus brazos- Ahora ven, nos pondremos nuestros abrigos e irmos afuera.. ¿Si?

El niño tan solo asintió sonriente.
La madre con delicadeza le puso su abrigo turquesa y botas del mismo color, mientras que ella se ponía lo suyo el azabache menor miraba por la ventana como los copos de nieve caían y pintaban el suelo de blanco.

- Bien, vamos -habló de nuevo la mujer.

Su hijo se puso junto a ella, tomando su calida y suave mano. Era algo que le encantaba. Sentir el calor de su madre lo hacía sentir protegido.
Anabelle, así era como se llamaba su madre pero ella prefería que la llamaran Anne.

En fin.
Ambos salieron de la casa sonrientes, Anabelle se dedicó a buscar piedras para los ojos y botones del muñeco de nieve, mientras que su hijo mayor se dedicaba a buscar los palos para los brazos.

- ¿Ya tienes los palos, cariño?

El pequeño tan solo asintió.
Los dos azabaches de la familia caminaron hasta el centro del enorme jardín de la casa, Anabelle hacía el cuerpo del muñeco con ayuda de su hijo, era una actividad que amaba hacer junto a Draegan.
Luego de varios minutos, por fin habían terminaod su gran obra maestra, un hermoso muñeco de nieve y a su lado, había uno más pequeño. Podría decirse que eran los dos intregantes más curiosos de la familia Strum, Anne y Draegan.
Orgullosos de sus muñecos ambos chocaron puños.

- ¡Anabelle! ¡Draegan! -gritó una voz mayor desde la casa- ¡Entren ahora que ya se está haciendo de noche!

Los recién mencionados asientieron.
La de abrigo azul marino tomó entre sus brazos a su hijo para ir con rumbo a la casa, para ser sinceros ambos ya estaban sintiendo algo de frío en sus cuerpos.

Pobre de aquel niño.
El no sabía que aquel sería el último día que vería a su madre.















Hace ya siete días que Draegan había desaparecido sin dejar rastro alguno.
Todos se encontraban preocupados por el adolescente, aún más el pequeño Lucifer, el cual fue el primero en enterarse sobre aquella desaparición.

- ¡No lo llamaremos! ¡El separó a nuestra familia! ¡Nos quitó a Anabelle! -exclamó Tania, una de las cuantas tías que había en la habitación- ¡No permitiré que ese maldito rescate a su hijo!

- Pero tía, entiende.. ¡El es el único que conoce esa isla! -agregó Pablo, el esposo italiano de Judith.

- ¡Claro que no! ¡También la conocen esas chicas qué- ¡Agh! ¡Joder! ¡Me olvidé sus nombres! -se quejó Tania.

Todos estaban acabando con la paciencia de la abuela Uniek, la mujer que cuidaba a Draegan y Lucifer.

- ¡Ya basta! -habló con su debil voz- Lo llamaremos quieran o no, entiendan.. Ya no me queda más tiempo en este lugar, y no dejaré a Lucifer solo.. El se irá con el.

𝐦𝐢 𝐧𝐨𝐦𝐛𝐫𝐞 𝐞𝐬 𝐏𝐞𝐭𝐞𝐫 ᶠᵃⁿᶠⁱᶜ ʳᵒᵇᵇⁱᵉᵏᵃʸDonde viven las historias. Descúbrelo ahora