Entonces, para simplificar lo que estaba sucediendo.
Había huido de casa, alquilado un maldito auto usado que tenía que compartir con dos desconocidos porque había sido tan inútil como para no poder arrancarlo por si mismo y de listón tenía el hecho de que ninguno de los tres sabía a donde ir.
Fantástico, simplemente fantástico.
La carretera estaba vacía, demasiado como para ser un soleado domingo tan glorioso en el inicio otoñal, el clima era agradable a pesar de que dentro del auto no fuera notable con las ventanas cerradas y el ambiente pesado que el silencio de los tres fomentaba. No es que le moleste estar en silencio, al contrario, prefería no tener que escuchar a ninguno ya que eso lo obligaría a tener que hablar también.
Se habían subido al auto hace quizás menos de tres horas así que debería ser el mediodía o un poco antes por el sol tan fuerte que estaba pegando en el auto, estaba en la parte más alta del cielo en esos momentos seguramente, más fuerte que en todo el día.
Sus padres debían haberse levantado ya y notado su ausencia ya que las cosas que faltaban dejaban en claro que se había escapado, ropa, dinero (Que él tenía ahorrado, no le robaría nunca a sus padres) cosas personales por el estilo. Lo único que se arrepentía de haber dejado era el teléfono.
Seguramente al recibir una llamada de su madre preocupada o un mensaje de su padre alterado habría vuelto de patitas a su casa, además de que siempre había sospechado que le habían metido un chip o algo así al teléfono para rastrearlo por lo que lo hubieran encontrado al instante si lo llevaba consigo. Sentía sus manos moverse nerviosas por la falta de algo en sus manos.
¿Mamá estará demasiado preocupada? ¿Se pondrá demasiado mal al ver que su pequeño la había abandonado?
¿Papá se culpará a si mismo por no haber lidiado mejor con la situación de su tío? ¿Llorará por su culpa?
Esto había sido una terrible idea, era un inútil ¿Cómo demonios se le había ocurrido hacer esto?
No tenía un plan, no tenía donde ir, siquiera sabía que hacer para encontrar un lugar donde quedarse.
Apenas entiende que telas se lavan con agua fría y cuales con agua caliente ¿Por qué creyó que esto sería una buena idea?
La psicóloga del colegio lo estaría estrangulando si supiera lo que está haciendo.
--¿No deberías parar por gas?--Levantó la cabeza al escuchar que uno de los dos chicos de adelante le había hablado, no era precisamente bueno escuchando a los demás pero si no quería que lo abandonaran en medio de la carretera era mejor que se mantuviera atento. Había hablado el menor de los tres a pesar de que no lo pareciera, incluso le daba un poco de miedo su forma de hablar por la leve agresividad que sus pocas palabras parecían demostrar.
--Si, en unos kilómetros hay una estación de servicio según las señales--La voz del conductor era linda de hecho, como gruesa y enojada pero al mismo tiempo le transmitía una clase de calma, un sentimiento de nostalgia difícil de entender o de procesar.
Triste casi, casi sentía como le picaban un poco los ojos al escucharlo hablar con ese tono y al ver por el espejo retrovisor esa mirada tan perdida y descuidada. Aunque descuidado no era muy preciso en realidad ya que el hombre no se veía de esa forma en absoluto, se veía cuidado y arreglado, incluso por alguna razón le hacía pensar en el olor de la lavanda.
El pelinegro tenía más pinta de oler a frituras y hamburguesas.
Al bajar del auto en la gasolinera se dio cuenta de lo que ya debería ser obvio en su experiencia, los otros dos eran bastante más altos que él. El chico de pelo negro era al menos media cabeza más alto y eso que era un año más chico, también era corporalmente más grande por donde sea que lo veas. Casi se le fue todo el aire al ver que el rubio era una cabeza más alto que él por lo menos.
Él siempre había sido delgado y pequeño por simple genética, a veces se sentía un poco mal al respecto pero había cosas que le preocupaban más que el hecho de que se le notaban las costillas sin importar cuanto coma.
Su cuerpo no tenía remedio, él no lo tenía.
De fondo lograba escuchar que ya habían llenado el tanque y que estaban hablando los otros dos en voz baja, quizás y si tenía suerte hablaban de como irse y dejarle el auto a él, pero sabía que no era tan afortunado.
No confiaba en ellos y no tenía porqué hacerlo, no los conocía y tampoco estaban haciendo ninguno de los tres algún intento de hablarse o darse confianza mutua, el que decía llamarse Matías había intentado al principio crear una conversación pero al parecer no se había esforzado mucho tampoco ya que luego de eso no volvieron a abrir la boca.
Abrió los ojos con rapidez aunque nunca notó haberlos cerrado al sentir una mano tocando su brazo, se apartó de manera casi instintiva de la persona que lo había agarrado, mirando al contrario con todo el espanto y terror que una persona pudiera sentir. El rubio apartó la mano al instante, sorprendido por la reacción al parecer.
Un pequeño silencio que no llegó a durar más que unos segundos se interpuso entre ambos, un silencio incómodo en el que ambos intentaron comprender que acababa de pasar. El chico lo había apenas sujetado y él se había apartado como si tuviera rabia.
Respiraron unos segundos intentando fingir que no se habían sentido incómodos en esos segundos que se quedaron callados, esos largos y casi eternos segundos.
--Lo siento, no quería asustarte-- "No me asustaste" quiso responder, pero no sería una verdad ni de cerca, lo había asustado como la mierda, odia que lo toquen--Sólo venía a preguntarte si...--Lo vio tomar aire e interrumpirse a si mismo para formular las palabras, lamer sus labios para tomar coraje y finalmente intentar hablar de nuevo--...Si tienes, ya sabes...
Frunció con una confusión nata, intentando entender lo que la falta de palabras del rubio significaban, sus ojos de dirigieron al otro chico que también los miraba incómodo y preocupado, apoyado en el capó del auto. Por último miró al playero que los había atendido y llenado el tanque mirarlo con una expresión fatídica, cansada y al parecer hastiada.
Con lentitud volvió su mirar al rubio quien intentaba no morir de la vergüenza aparentemente, evitaba su mirada.
Hijos de la mierda ¿Le estaban preguntando si tenía dinero para pagar la gasolina?
Malditas ratas.
Luego de pagar entraron de nuevo al auto con el rubio al volante, tenía las mejillas rojas y al parecer estaba avergonzado, y claro que debería estarlo. ¿Ninguno de los dos tenía dinero? ¿Lo estaban jodiendo?
Estaba atrapado con dos ratas que encima eran el doble que él, fantástico.
--Gracias por pagarlo.
Ni cuenta se dio cuando había pegado sus pupilas el asiento con una cara de mala racha, aunque al escuchar al rubio hablar la levantó de nuevo para ver sus ojos por el espejo retrovisor nuevamente, notando como esa nostalgia de hace unos minutos ahora eran arrepentimiento y timidez.
Quiso apaciguar su mirada al escucharlo, suspirando e intentado no contestar mal.
--No hay problema.
Si que lo había, habían muchos problemas pero no iba a recalcar lo obvio.
--¿Quieres que continúe manejando yo?--Ambos miraron al mexicano al escucharlo hablar, quedándose unos momentos en silencio todos por lo imprevisto que fue.
Por favor que le diga que no, ese chico no le da mucha confianza que digamos.
--No, está bien.
Bien.
--¿Seguro?
--Quizás luego.
Maldita sea.
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Imbéciles
Short StoryBruno huía de una boda. Matías de un asesinato. Y Ciro ya no podía volver a casa. Tres imbéciles.
