Capítulo 3

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Pijamada de unicornios

A pesar de llevar pocas cosas, mi cansancio era más que notable al encontrarme arrastrando el bolso por el suelo, restándole importancia al ensuciarlo a lo largo del camino mientras me preguntaba por qué Savannah tenía que vivir tan lejos de mi casa, y tras varias paradas en las escaleras de casas desconocidas, finalmente llegué a mi destino, tocando el timbre en lo que devolvía la mochila a mi hombro para la puerta ser abierta por un pequeño niño de oscuro cabello desaliñado, observándome durante unos segundos antes de volver dentro, dejándome con la palabra en la boca.

Sonreí.

—¡Buenas tardes! —exclamé, cerrando la puerta a mis espaldas para ser correspondida por la señora del hogar desde la lejanía del sótano.

—¡Siéntete como en casa!

Por lo visto estaba ocupada.

Mi caminata hacia las escaleras fue interrumpida por el nuevo llamado, regresando para revelar la figura de Ava y junto a ella dos jóvenes desconocidas.

Le di una mirada a la anfitriona, esperando una explicación.

—Charlotte, llegaste —me corrí hacia un lado, permitiéndoles a ambas el acceso —. Ellas son Lucy y Nora, ambas están en el curso B y me pareció bueno invitarlas antes de la graduación.

Confesó, sonriendo como si de una buena obra se tratara, orgullosa.

Entonces reparé en ambas jóvenes. Lucy, destacaba por su largo cabello candela y ojos plata con un deje de celeste, de piel pálida y complexión bastante delgada, todo lo contrario a Nora, de corto cabello sobre los hombros, resaltando el oscuro color el violeta de sus ojos, haciéndose notable el síndrome de Alejandría.

—Bien venidas, chicas. Soy Charlotte.

—La beta del caprichoso Cassian, cómo no conocerte —mencionó la azabache, palmeando mi hombro con compasión ante lo que solo pude mostrar una sonrisa a labios cerrados, maldiciendo al mencionado por su propia mala fama como resultado de caprichos.

Estúpido Cassian.

—Hay quienes te llaman su niñera incluso —era consciente de ello —. Mucho gusto —ambas correspondieron al instante para seguir escaleras arriba, compartiendo una mirada con Ava quien mostraba diversión en su mirada, encontrándonos segundos después con una escena que dañó nuestra reputación ante las jóvenes invitadas.

Normal entre gamers, los individuos faltantes de nuestro grupo se encontraban sentadas frente a la televisión gritando eufóricas, algo que me hacía preguntar cómo era que sus exclamaciones no se escuchaban desde el primer piso, encontrándose Saby y Carper jugando videojuegos con sus pijamas de unicornio ya puestos y una música algo ridícula de fondo.

Seguía... sin entender cómo era que el pequeño hermano de la azabache era más tranquilo que la mayor, quien se supone debía ser un ejemplo a seguir.

—Vaya que saben divertirse.

Nuestras miradas avergonzadas se volvieron hacia ambas chicas, una de ellas oculta en el hombro de su compañera para no carcajear aún más mientras la otra permanecía en blanco.

Depositando mi móvil en la canasta con un post-it adherido a ella en una clara amenaza de muerte a quien no dejara todo aparato electrónico dentro, algo contraproducente con los videojuegos, apagué la música, llamando al instante la atención de Savannah. Gruñéndole a la persona equivoca.

—¡Archer!

—Él está abajo —al instante se despojó del gorro del pijama, percatándose finalmente de nuestras presencias en compañía de las invitadas, sonriendo avergonzada.

Reina de los VampirosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora