Capítulo 6

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Emperatriz chupasangre

Era de noche, sin embargo, aquello no había sido un impedimento para que admirara la imponente edificación de ensueño del palacio que resguardaba las instalaciones académicas, protegida de los rayos del sol por altas arboledas hogar de diminutas luciérnagas, una edificación que había sido construida hace miles de años antes de ser convertida en una instalación de preparación sobrenatural y de lo cual, su dueño (el director) estaba más que orgulloso.

Por esa razón había construido los modernos dormitorios en la parte trasera del castillo, para no dañar la prominente fachada.

Volví mis pasos junto a los demás entre la vegetación, caminando por uno de los senderos del extenso jardín que separaba el bosque de los terrenos del palacio hasta una zona libre de plantas más que el corto césped, rodeado por lo que parecían ser piezas de ruinas en un círculo, volviéndose el director en nuestra dirección.

—Serán escoltados individualmente en busca de comida para despertar a su entidad primitivamente. Después de ello, se les dará un recorrido alrededor de las instalaciones... si es que no se han comido a su víctima entera, claro.

Aquello le erizó la piel a más de uno. A mí, por ejemplo.

—Sígueme —volví mi vista al muchacho que tan pronto despojarse de unos puntiagudos zapatos, me dio la espalda para aventurarse hacia la profundidad del bosque y, siguiendo la acción de los demás ingresados, retomé el andar tras él mientras el director aguardaba en el círculo, volviendo adoptar una postura inmóvil.

Mi sensibilidad en ese instante era más que nula, pero eso no me impedía moverme con cuidado por el terreno musgoso y empedrado, intentando no dañar las pantas de mis pies o tropezar en el acto con las raíces sobresalientes de los árboles, ganándome un resoplido de parte de mi guía para tenderme una mano, aceptándola vacilante a su posible recelo por lo sucedido en la preparatoria.

—Gracias. Soy Charly.

—Stan, ¿puedes correr? —me ignoró, ganándose a cambio una mirada sarcástica de mi parte.

—Apenas puedo caminar por este terreno, ¿crees que pueda correr?

—Solo... intenta seguirme.

Esté empezó a trotar y con cuidado intenté seguirle el paso, aumentando la velocidad rápidamente ante las insistencias de Stan, grande el impacto mental cuando de repente mi alrededor se movió velozmente similar a la vista que solía marearme cuando observaba los árboles ser dejándolos atrás a medida que el auto avanzaba por la interminable carretera.

Avasallada por la euforia, caí en cuenta de que se había cumplido lo que había deseado desde que tengo uso de razón.

El olor a tierra mojada pronto inundó mis fosas nasales, el viento tan solo podía sentirlo al azotar el cabello contra mi espalda cual látigo, múltiples sonidos rodeando el espeso bosque, y las hojas marchitas del otoño levantándose bruscamente del suelo a causa de mi velocidad.

¿Pero aquello podía acaso hacerme sentir viva?

¿Incluso cuando mi corazón no volviera a latir con la misma intensidad?

Siempre deseé aquella sensación.

¿Entonces por qué la consternación oprima mi mente, consciente de que esta no era la forma en la que quería experimentarlo?

De un salto, no esperé poder subir hasta la cima de un despeñadero, doblándose mis rodillas hasta impactar contra las rocas, soltando al instante más un grito desgarrador que uno de euforia.

Reina de los VampirosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora