Caminaba pesadamente por la ciudad sintiéndose mal por lo sucedido. Se había enojado demasiado feo según él y le había gritado a su nuevo amigo.
Sintió que le estaba gritando a alguien de su familia.
Sacudió su cabeza por milésima vez en el día tratando de borrar eso de su mente. Eran amigos pero la maldita cara de Marco (que al mismo tiempo era suya) lo hacía olvidar eso.
No tenía tantas ganas de llegar a su casa, así que estuvo unos minutos buscando algún lugar para comer ya que Marco dijo que tenía cosas que hacer, por lo que Miguel al salir de la universidad simplemente decidió andar solo.
Traía la cabeza baja, soltaba suspiros tristes y apretaba la correa de su estuche al recordar que su pobre guitarra ya era inservible. No podía tocar más sus rolas favoritas cuando se aburría en su hogar y mucho menos seguir practicando para cumplir su más grande sueño.
Cantar para el mundo.
Algo que a su familia aún le costaba entender del todo y hacían lo posible por apoyarlo, pero mamá Elena era la que menos entendía.
No olvidaría jamás el día que ella tomó la guitarra que había hecho con sus propias manos hasta astillarse y la estrelló contra el suelo para destruirla.
Esa maldición se repitió hoy, aunque esta vez fue un accidente.
Aún si eso fue, ¿Era acaso una señal para dejar la música y renunciar a sus sueños?.
Quizás el hecho de que se le hayan roto dos instrumentos era prueba de que debía continuar con el legado de zapateros que su abuela tanto deseaba que continuara y que se decepcionó terriblemente cuando el moreno se negó.
Se mudó a San Fransokyo por su cuenta con la excusa de estudiar en la mejor universidad, cuando en realidad buscaba oportunidades de despegar una carrera musical.
Mamá Elena de verlo estaría diciéndole: ¡Te lo dije Miguel Rivera, debías continuar con el legado de tus ancestros! Pero nooo, el niño quería tocar música, esa madre no te dejará de comer nunca.
Ya hasta podía escucharla en su cabeza, arrugó la nariz y torció la boca como prueba de ello.
Lo único que quería hacer ahora era relajarse y distraerse un poco mientras comía, así que entró a la primera cafetería que vió en su camino, tomó una mesa hasta el fondo y colocó su estuche encima.
La encargada al ver un nuevo cliente se acercó bastante energética con libreta y pluma en mano.
-¡Hola! Bienvenido al Lucky Cat, te ofrezco el menú - mencionó dándole lo dicho en su mano - El especial del día es un frappé de fresa y 3 donas a elegir por mitad de precio -
El moreno se sorprendió por la energía de la mujer, normalmente cuando iba a restaurantes, cafeterías y locales de comida rápida los meseros y cajeros tenían muy poca energía, era entendible. Tantas horas de pie, un descanso limitado para comer, lidiar con clientes difíciles, algunos jefes estrictos, quizás malas experiencias, nervios, estrés, cansados de repetir lo mismo y hacer lo posible por dar el mejor servicio.
Era algo de admirar, el trabajo jamás es fácil.
Y esta mujer mantenía una sonrisa mientras sus ojos verdes brillaban cual estrellas en un cielo nocturno. Así que le devolvió el gesto sintiéndose al menos un poco mejor.
-Ese especial suena bien para mí - dijo con voz suave y algo baja - Serían estas tres donas de aquí, por favor -
-¡Claro, con mucho gusto! Esas donas que elegiste son las mejores, no es por presumir pero todo el mundo las pide y te puedo asegurar que saben bien, yo misma lo sé -
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Nero Forte
Fanfiction"A home like yours is upside down" La mente de Rivera no podía entender nada, ¿Cómo es que ese chico se parecía físicamente a él? Era una coincidencia tan extraña que pensaba estar soñando. "A hope like yours won't help me now" Después de tanto, por...
