7.- Un Alivio Y Otro Problema

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Luego de haber terminado con su comida (que más bien era postre), salió rápidamente de la cafetería para ir a la dulceria más cercana con su estuche en la espalda.

Hiro seguía tragando pues se distrajo más hablando con el moreno que comiendo, Miguel agarró dos bolsas grandes de gomitas y se acercó a la fila a pagar. No se creía estar haciendo esto, antes pensaba en usar el dinero que Marco le dió para comprar el "pago" por la reparación de su guitarra, pero al final decidió devolvérselo en caso de que fuera un éxito, por lo que usaría su propio dinero que sus padres le mandaban en lo que él conseguía un trabajo de medio tiempo.

Al ser su turno dejó las bolsas para que el cajero le cobrara, lo miró asombrado creyendo que tendría alguna fiesta, hijos a quienes les gustaban las gomitas o quizás un loco obsesionado con ese dulce, pero no le pasaba por la cabeza que era un pago para un tipo llamado Hiro.

Vaya, eso sonó como si Hiro fuese el criminal más buscado.

Miguel se cruzó de brazos dándole una mirada de pocos amigos, ya sabía más o menos lo que estaba pensando.

-¿Me vas a cobrar o no? -

El cajero le dijo el precio y sin más pagó exacto para poder salir lo antes posible y evitar ser juzgado.

Dios mío, ya nadie podía comprar sin que le critiquen por lo que come, aunque bueno, no era muy sano comer tantas gomitas, pero ahí ves al moreno yendo a comprarlas y pasar vergüenza, todo por un chico.

Eso había sonado mal.

Sacudió su cabeza por millonésima vez en el día, si seguía así se iba a quedar pendejo, aceleró el paso y llegó a la cafetería con apenas dos clientes debido a que el resto se había retirado.

Dejó las bolsas sobre la mesa y frente al chico que ya había ido a lavar su plato a la cocina.

-Ahí están tus gomitas - soltó un bufido y se sentó en su lugar -

-De esto estaba hablando - miró las bolsas y luego le dió a la de arriba dos palmadas - Dame tu teléfono -

-¿Me dejas sacarle el chip? DIGO- Claro - sacó su celular y se lo entregó al chico -

Hiro lo tomó, entró a contactos y empezó a escribir su número para registrarse. Sacó el suyo del bolsillo de su sudadera y se lo entregó al contrario.

-Dame el tuyo -

Miguel imitó la acción del genio y una vez registrado lo devolvió a su dueño.

El chico le extendió la mano, se quedó confundido un momento hasta que le cayó el veinte, se quitó el estuche de la espalda y lo miró por unos segundos, una parte tenía la esperanza de que Hiro tuviera manos mágicas y arreglara su instrumento, la otra decía: "Chingue su madre, ¿Qué importa ya?".

Entregó el artefacto al asiático y se lo colgó en su espalda.

-Te avisaré cuando esté listo, es posible que sea mañana o pasado - respondió sin más y con normalidad -

¿Era en serio? ¿Así de pronto? Bueno, mucho que mejor.

-Está bien, ya sabes, el resto de las gomitas serán tuyas una vez acabado el trabajo - señaló de manera retadora a Hiro -

-Claro jefe - comentó burlón el contrario, tomó las bolsas en un brazo y extendió el otro - Fue un gusto -

Esta vez no fue mala onda y aceptó el apretón de manos, depositó su confianza en un extraño ya no tan extraño, lo mínimo que esperaba era su guitarra con pedazos de cinta.

Extendió el dinero de la cuenta a lo que Hamada lo tomó y sólo observó como Miguel se iba de ahí. Le entregó la paga a su tía, se encerró en el garaje y se puso manos a la obra con su trabajo.

Nero ForteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora