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9.- Un Botón Peligroso

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Llevaban varios minutos hablando entre tantas risas, leves empujones, gomitas y un chingo de spanglish.

Miguel siempre irradiaba luz y alegría mientras que Hiro pura amargura y enojo.

Pero esta ocasión era distinto, en Hamada no existía nada de eso hoy, sólo un joven adulto conociendo a alguien.

No podía negar que estaba un poco confundido al respecto, conoció al moreno con una actitud bastante pesada, llorando y de seguro aguantando las ganas de pegarle por el enojo. Quizás sería controversial preguntar pero quería sacarse las dudas.

-Oye Miguel -

-Mande -

-Si no te molesta hablar de eso, ¿Qué le pasó a tu guitarra? -

El semblante alegre de Miguel cambió drásticamente desapareciendo su sonrisa y haciéndolo arquear las cejas un poco apenado.

-¡Perdón, no era mi intención! Es que cuando te conocí eras muy diferente a ahora - el semi asiático intentó arreglar el problema -

La verdad era que se le hacía un gesto muy lindo a Rivera por tratar de no hacerlo sentir mal, aunque ya tenían un poco más de confianza, además, él le arregló su guitarra, merecía mínimo una explicación así que respiró profundo y miró a los ojos del contrario.

-Primero que nada te quiero pedir una disculpa por cómo me porté antes contigo, ese no era yo - rascó su nuca con mucha vergüenza - Es que... es una larga historia pero lo resumire, conocí a un chico hace unos días llamado Marco y nos volvimos amigos -

Hiro asintió para que pudiera continuar.

-Este chico también canta, así que nos fuimos al aula de música y le presté mi guitarra para oírlo cantar ya que siempre la cargo conmigo - miró sus manos en la mesa por unos segundos para luego regresar la mirada al frente, le sorprendía lo mucho que le estaban prestando atención - Cuando terminó me fuí a comprar agua y mientras regresaba escuché un fuerte golpe... -

Revivir aquel momento no le estaba gustando mucho, sentía que se había portado como el mayor hijueputa de la historia.

-Al entrar vi a Marco, se había caído con mi guitarra y esta se rompió, pero me sentía muy mal porque aparte de perder un instrumento le grité y lo hice llorar, imagínate eso cabrón - puso los brazos en forma de almohada sobre la mesa y ahí recostó su cabeza - Me sentí un villano -

Hamada no era bueno consolando, pero puso una mano en uno de los codos doblados del moreno.

-Ahora entiendo tu comportamiento de antes, mira, de verdad lo siento mucho, pero la ira te ganó eso fue todo, lo que importa es que ya pasó -

-¡Lo sé! - levantó la cabeza de golpe asustando a Hiro - Pero pese a que hablamos hoy no pude ni mirarlo a los ojos, sentí una vergüenza que no te imaginas - se tapó el rostro en señal de esto -

-¿Le pediste perdón? -

-Miles de veces, pero no es suficiente, se lo quiero compensar -

-¿Por qué no lo invitas? -

Esa pregunta lo confundió tanto que quitó las manos de su rostro con una lentitud caricaturesca.

-¿Qué quieres decir güey? -

-Los invito a los dos a comer mientras vemos una película aquí en mi casa, mi tía hace unas alitas increíbles y yo sé hacer buenos postres - esa había sido una mini oportunidad de presumir que era bueno en repostería -

-¿Me lo juras? ¿No es una molestia para ti? - Miguel no quería invadir el hogar de Hiro, además de que invitar a su amigo podría hacerlo sentir ahogado -

Nero ForteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora