Cuando apenas el reloj marcó las siete quince de la mañana, salió de la casa. La tía Martina siempre le decía que llegara temprano. Porque había que abrir y bla bla bla, hacer un montón de wea'.
Se despidió con un besito en la mejilla de su mami y apretó cachete.
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-¡Lleve la aceituna casero! La mejor que hay.
Mátenme.
Ahí estaba po, con su mejor voz gritando como si no hubiese un mañana, porque tenía que atraer gente.
Igual no era tan malo, le gustaba hablar y atender a las viejitas que venían a la vega tempraaaano los sábados. Aunque eso si, venía más gente los domingos.
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-¡Ya despiértate rápido po Manuel! Acompáñame a la vega.
Hasta que los gritos de su mamá lo despertaron. Tenía las me'as ojeras, ¡apenas podía mantener los ojos abiertos!
-No quiero...-dijo mientras volvía acurrucarse entre las sábanas, pero su madre -más avispá- se las quitó altiro.
-Nah que no. Ya me dijiste ya que sí. Te espero abajo y vamos rápido.
Como zombie de levantó, como zombie se bañó y como zombie se subió al auto.
Por suerte hay auto po.
•¥•
-Ya, voy a ir a comprar los tomates y tú aprovechai' de ir a comprar coliflor pa'llá. Te comprai' unos dos.
Sin rechazar ni aceptar, su mamá le pasó la plata y partió donde los tomate'. Dónde chucha hay coliflor po.
Pocas veces había venio' con su mamá cuando chico, y menos va a saber algo solo.
Igual, si se pierde la llama no mah po.
Siguiendo ese como caminito sin parar llegó donde habían coliflores pu, compró dos, y se devolvió. ¡Así de fácil!
-¡Caserita! ¿Qué se le ofrece?
Distrayéndose por un segundo miró a la izquierda y se encontró con esos ojos que le habían ignorado; Edgar.
Doh por lo marvada que fui. ¿
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Acéptame
Hayran KurguDonde el Jaime y el Nico c sacan kk, el Yelo y el Edgar = Jaidefinichon Jainico Yedgar
