Hola, mamá.

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Capítulo 27:

Jazmín.

Tatiana, Carla y yo nos tiramos todo el día comiendo helado, viendo pelis y hablando de todo y de nada. Me hacía falta eso. Ellas.

Después de la cena, le enseñé a Tatiana su cuarto y Carla y yo nos fuimos al mío. Giovanni aún no había llegado y Marco seguía en su "gimnasio particular"

Casi que lo prefería allí. Después de lo que habíamos hecho horas antes...

También era consciente de que se había dado cuenta de que me había drogado, pero por lo menos no sabía quién me había hecho el favor.

Por esa parte, estaba tranquila.

Me tumbé en mi cama con Carla mirando al techo y fue ahí cuando salí el bajón volvió. Volvió la pena, la culpa, la soledad, el miedo...

-Ahora vengo- le dije a Carla levantándome de la cama. Sin que ella se diera cuenta cogí la bolsita con los polvos blancos que guarde en el cajón de mi mesita de noche y salí del cuarto.

Ande de puntillas para intentar no hacer ruido y bajé hasta la cocina. Sabía que era el único sitio donde no me molestaría nadie.

Dejé la luz apagada y me senté en la mesa de la cocina. Esparcí un poco del contenido de la bolsa en la mesa y me quedé mirándolo.

¿De verdad valía la pena aquello? Si. Yo no era una drogadicta, simplemente necesitaba escapar de la realidad. De dejar de pensar en la muerte de mi madre... solo quería eso.

Inhalé el polvo de la mesa y luego tosí.

Me levanté de la silla y vi la silueta de un hombre en la puerta de la cocina. Estaba de brazos cruzados y mirándome fijamente.

-¿Quien te la ha vendido?- preguntó molesto.

-¿Y a ti que te importa?- intente pasar por su lado, pero Adriano me agarró del brazo e impidió que me fuera.

-¿Vas a decírmelo a mi o prefieres decírselo a Marco?

Cabrón.

-No se su nombre- mentí.

-Dime al menos donde la compraste.

-No me conozco Italia ¿Recuerdas?

-¿Por que lo haces?-Me quité su mano de mi brazo y suspiré. No iba a dejarme tranquila- a mi también me duele que haya muerto, pero no puedes drogarte.

-¿Estas de coña?- me reí- ¿Te has visto los ojos? Viene a darme lecciones, tú. Que lleva todo el día en su cuarto bebiendo y colocándose.

-Por eso mismo. Por que yo se lo que hago, tú no.

-Déjame en paz. Estoy harta de que todo el mundo me diga que tengo que hacer.

-Haz lo que quieras. Pero recuerda; si no lo controlas, acabará controlándote a ti.

Se fue dándome la espalda y me dejó plantada allí, en medio del pasillo. Su frase daba vueltas y vueltas en mi cabeza.

A mi nada puede controlarme. Ni la droga, ni Marco, ni Adriano. Nada. Solo necesito unos días más y luego lo dejaré.

Apreté la bolsa en mi mano y subí las escaleras. Me quedé en medio del pasillo sin saber a qué cuarto entrar. ¿Al mío? ¿Al de Marco? O ¿Al de Giovanni?

Finalmente decidí no entrar a ninguno y subí a la tercera planta. Sabía que Adriano ni estaba por qué la luz de su despacho estaba encendida, así que, entré en el cuarto de mi madre. Si, soy masoquista.

Filofobia #1 |+18|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora