Capitulo XXIV: Nunca me dejes ir.

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Narra Asa

No pude respirar después de su llamada. Pero me quede pensando toda la noche. Y entonces todo tuvo sentido: esto no podía terminar así.
Tome el primer vuelo a Los Ángeles por la mañana. Tenía un plan, y tenía mucho que decirle que no podía decírselo por teléfono, no podía decírselo con palabras.

Había un evento de beneficencia en Los Ángeles al que asistiría Liz. Decidí que yo también iría. No le dije a nadie que me encontraba ahí, no tenía intenciones de hacerlo.
No pensé en lo que haría o si al encontrarme con ella me derrumbaría. Pensé, tal vez, que se habría olvidado de lo que sentía por ella...de todo lo que dije cuando hablábamos horas hasta la madrugada. La había dejado ir, pero realmente jamás lo hice y sabía que no podía hacerlo.
Así que ahí estaba yo: parado frente a las cámaras y reporteros en la recepción de dicho evento. Buscaba entre el mar de personas a esos hermosos ojos castaños. Entonces los vi, ella estaba platicando con un reportero con esa radiante sonrisa e ignoraba mi presencia. Dios, ella se veía hermosa. Era tan hermosa...y yo me sentí como un idiota por todo, por irme sin dejar que hablara, por no decirle que lo sentía cuando le dije que no quería escuchar. Todo eso se desmoronaba ante mi.
Me abrí paso entre las personas intentando acercarme cada vez más. Pero una mano se posó sobre mi pecho y me detuvo.

─ ¿Ace? ¿Qué haces aquí? - Era Nancy, y parecía sorprendida.
─Nancy...yo...yo. Bueno...- dije sin saber que responder.
─Buscas a Liz. No creo que sea una buena idea.- dijo intentando que no me acercara más.
─Las malas ideas son las que traen los mejores resultados a veces.- seguí acercándome entre las personas hasta que por fin estuve frente a ella y entonces me miro desconcertada. No dijo ni una palabra más al reportero. Pero este, al verme dijo:

─Asa, ¿Qué tal? Dime, ¿Qué te parece la causa por la que de hace la recolección de fondos?
Ni siquiera sabía que causa era. Así que solo hice lo que venía a hacer. Liz seguía todavía sin habla y desconcertada.
─Si, bueno...dame un minuto.- dije al reportero.
Acto seguido tome por los hombros a Liz y entonces la besé. No importo quien lo viera o que pasaría después. Nada importaba.

Ella no se opuso, sin embargo, seguía desconcertada. Cuando me separe de su rostro vi que todos nos miraban. Ella estaba molesta.
─ ¿¡Qué demonios te sucede?! ¿¡Que crees que estás haciendo?!- dijo en un grito ahogado mientras intentaba hacer de la situación menos notoria. Pero eso ya no era posible, había reporteros y cámaras alrededor presenciando todo.
─Lo que tenía que hacer desde hace mucho. - respondí. Volví a besarla. Ella intento soltarse dando ligeros golpes en mi pecho intentando repelerme, pero de repente se detuvo. La solté y entonces me miro, y reconocí esa mirada. Me miraba como me miro cuando la bese en la sesión fotográfica. Una sonrisa se formó en sus labios.

─Creí que te habías olvidado...
Susurré, ella puso su dedo sobre mis labios haciéndome callar en un gesto que me pareció similar.

Las personas comenzaron a parlotear alrededor nuestro. Algunas murmuraban, mientras los que sostenían las cámaras gritaban sus interrogantes y se acercaban para intentar conseguir una exclusiva. Yo no escuchaba nada, solo la miraba a ella.
Ya nada importaba en este punto. El mundo podía desaparecer y todo estaría bien. Pero no iba a dejarla ir. Ella significaba demasiado, y el mundo podía opinar lo que quisiera. Ese era nuestro momento. Era nuestro turno de sentirnos vivos. En ese momento, estábamos cayendo lentamente...y no nos importaba.

Falling SlowlyHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora