Capítulo X

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Su llanto no cesaba, él sabia que lo mejor era que todo fluyera, mantener las lágrimas dentro suyo puede ser muy doloroso y mortal. Entrelazó sus dedos largos en los cabellos castaños de ella, una tentación con besar sus calidad mejillas cubrieron todo su cuerpo, pero no era el momento. No quería que ella se sintiera incomoda. No quería que mal interpretara el cariño que le tenia por algo más.

-Ellos no merecen eso.

Sus palabras eran más bien pequeños balbuceos que salían de entre sus labios temblorosos. Tan sólo recordar aquellos ojitos le dolía, no los conocía pero eso no era necesario cuando el dolor abrume tu alma.

-No lo merecen, tienes razón. Pero son muy valientes, porque han aceptado que ese es su destino y pase lo que pase no pueden cambiarlo.

-Pero hay medicamentos, hay tratamientos... No es el fin.

-El gobierno es cruel y nadie es demasiado solidario para salvar a personas que no les tocá de nada. Todos y cada uno de esos niños son huérfanos, no tienen nada. Ni una familia, ni una muestra de cariño por parte de la persona que los trajó al mundo, y sabes qué es lo peor? Que ni tienen un futuro, no tienen salud. Y eso...- apretó los ojos controlando las lágrimas,- nadie se lo merece.

- Y yo que tengo que ver con eso?

-Que tú tienes oportunidades que te empeñas con desperdiciar. Tienes lo que ellos quisieran tener y por más que sean buenas personas y quieran disfrutar la vida no pueden. Pero tú que tienes las posibilidades, la salud, la fuerza, no haces nada. Prefieres morir lentamente de depresión. Es eso justo?

-A cada uno nos toca lo que tenemos que vivir.

-Entonces porqué quieres morir?

-Por que no lo quiero. No quiero lo que tengo, no es suficiente para mantenerme con esperanzas. No es nada. Y cree que si pudiera darles parte de mi vida a cada uno de ellos lo haría.

-No por solidaridad. Es por egoísmo, se los darías por que tú quieres morir y ese no es el caso.

Él elevaba la voz para que al menos eso lograra meter algo en la mente de ella. Pero parecía imposible.

-No puedes obligarme a seguir con algo que no quiero.

-Quiero que entiendas. Morir no te hará las cosas fáciles,- ella se pusó de pie y lo vió con ojos llenos de frustración.
Alzó ambas manos con resignación, -No sentiré nada.
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Salió corriendo de aquel hospital y recordó todos los sentimientos que la habían acompañado la noche en la que decidió acabar con todo. Recordó lo que pensó antes de eso y lo que sintió cuando la sangre comenzó a brotar.

Recordó el dolor que la había orillado a cometer ese acto de libertad, el alivio de sentir que la vida se le iba del cuerpo. Después vinó la tempestad de abrir los ojos y verse en un hospital completamente incoloro. La desgracia de ver a sus padres llorando al rededor de ella y la desgarradora sensación de que todo seguiría igual que antes.

Sus pies se cansaron y tuvó que descansar en un parque, gritos de niños llenaban sus oídos, olor a helado y a dulces de caramelo. La imagen de las familias "felices". Ella pertenecía a una familia feliz. En algún momento de su existencia formaba parte de una. Pero todo se acabó. La emocion y la alegría se congeló y aquel enorme hielo de sentimientos se rompió llevándola a una realidad que tantas veces se había negado a aceptar. En donde nada era lo que parecía. En que todo se caía y ella era la que se veía en medio de todo eso.

Su llanto de nuevo salió a flote y sin remedio alguno se hundió entre sus manos y lloró sin miedos y sin vergüenzas. Como cuando era una niña.
Quién se atrevería a sacarla de ese bastardo mundo? Si aquel Dios que tantas veces le rezó no daba señales de existencia. Le pidió que toda su vida cambiara, que la hiciera despertar de aquel sueño oscuro y triste. Pero nada. Hasta el día de hoy sigue dentro del infierno de su propia mente. Muriendo como todos. Lentamente. Sin apuros y con las diminutas esperanzas de que al final todo será felicidad y sonrisas.
No había un futuro, era el presente que la hacia dudar, era el hoy. No el mañana, no el ayer.

Dejó caer sus manos y los ojos de la melancolía embriagaba su mirada. No veía las mismas cosas; no sentía lo mismo.

- Siente esto y dime qué es?

Él apareció como de arte de magia, sostenía la mano de ella por encima de su pecho, exactamente en su corazón que latía a toda velocidad. Sus ojos violetas se clavaron en las pupilas de él, la miraba como presionando para que respondiera su absurda pregunta.

- Qué es?

Ella se lamió los labios rojos y sintió un cálido sabor salado a causa de sus lágrimas,- es tú corazón.

- No, es miedo- por primera vez veía su mirada repleta de lágrimas que con un sólo pestañeo iban a huir de sus ojos.
- Miedo de que te vayas para siempre.

Balada Para Un CiegoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora