El sol daba sus últimos rayos de sol y por un instante el tiempo se frenó. Lo único que podía ver eran sus ojos en los de ella. Atrapados en un segundo infinito. En donde todos dejan de moverse pero donde sólo sus corazones siguen latiendo en la misma balada. La de la esperanza.
Al tomar conciencia de lo que sucedía, ella arrebató con apuros su frágil mano pálida, se pusó de pie y sintió que el viento entraba por sus poros y salia en forma de pensamientos. Movió la cabeza como borrando todo lo que él le dijó y se fue a paso lento hasta su casa. Siempre con la mirada abajo, contando sus pasos. Hablando con sus demonios y degollando a sus ángeles.
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Ella en una esquina con las manos atadas a su mismo cuerpo, una manta blanca cubriéndola de pies a cabeza. El cabello largo y sucio al igual que las plantas de los pies, pero no de tierra. Era sangre.
Un vez más despertaba con la mirada de aquella mujer atrapada entre unas cuatro paredes blancas; su cuerpo bañado en un sudor frío y con el cabello castaño pegado a su nuca, sus manos y rodillas temblando. El miedo entrando en sus venas y torturando su mente. No quería acabar como aquella mujer. Aunque muy en el fondo sabia que podía reconocer donde sea aquellos ojos violetas.
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Verónica la recibió con una sonrisa pulcra y sincera, el cabello suelto a unos costados de su rostro. Se veía esplendida. A si como se ven las persona sanas. Con ese aura de sinceridad y llenas de planes.
—Hola querida,—El mismísimo silencio flotando en el aire, Veronica ya estaba acostumbrada a sus malos tratos.
—Bien, ya me dirás tu nombre?
—Cuando muera lo verás en la lápida.
Verónica formó en su rostro una pequeña sonrisa triste, aunque no parecía, le dolía cuando sus pacientes pensaban de esa manera, al fin y al cabo ella también fue adolescente y tuvó sus momentos suicidas. Como todos. Sin embargo es triste cuando algunos se quedan en ese estado vegetal sin querer salir.
— Sigues pensando en la muerte.
—todos lo hacen, la esperán. Algunos con más ansias que otros.
— En algo tienes razón, pero hay que vivir hasta que ella llegue.
Verónica fingió escribir algo en el cuaderno que tenía entre sus manos, en realidad pensaba la pregunta que le formularia.
— Porqué quieres morir?
Ella la miró con curiosidad, algo que no sucedía siempre, apretó sus manos en puño y sentía que sus nudillos se entumían, no lo podía ver pero sabia que también estaban transparentes. Sabía que si perdía el control en ese lugar acabaría como la mujer de sus sueños. La creerían loca y eso es el mayor problema que cargaría en sus hombros. Lentamente se fue relajando mientras que sentía emanar desde su interior las palabras como vómito cósmico.
—Quiero morir por que es lo que deseo. Las personas creen que porque tienes una sonrisa en el rostro quiere decir que eres feliz, pero no saben que esa mascara es de cristal. Se rompe todos los días, todas las noches a causa del llanto. Burlas, humillaciones, vergüenzas, todo viene de los demás.
«Y después llega el momento en donde te preguntan, porqué has cambiado tanto. Y la respuesta es sencilla: nos cansamos de fingir. Nos cansamos de ser fuertes y preferimos dejar que las personas nos rompan la madre. Porque aunque seamos fuertes eso no los detiene. Y continúan. Siempre continúan perforando con palabras y acciones nuestra alma y mente. Y a consecuencia de eso, nosotros perforamos nuestro cuerpo»
«Los suicidas no queremos morir, sólo queremos dejar de vivir como lo estamos haciendo hasta el día de hoy. Dejar de fingir Verónica. Dejar toda esta carga atrás, es fácil decirlo pero NO LOGRARLO».
Por primera vez alguien la estaba haciendo dudar de su vocación. Alguien la estaba corrompiendo la sanidad que había estado protegiendo desde que tenia uso de razón.
Sus manos buscaron alguna pregunta en su mente. Preguntas que ya les había hecho a algunas pacientes del pasado; pero nada. Nada podía hacer cambiar de opinión a aquella niña.
—Tus papás se dan cuenta de tu estado?
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Balada Para Un Ciego
Non-FictionUn intento de suicidio fracasado. El dolor de seguir viendo los amaneceres. Blanca es una joven de 16 años que intenta quitarse la vida por problemas que para sus ojos no tienen solución. Una nueva oportunidad de escribir su historia; ¿qué crees qu...
