¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Casey
—¿Qué miras aquí Casey? —Los ojos de mi psiquiatra están motivados como siempre, me miran expectantes.
Le gusta tener estas reuniones conmigo y a mí, aunque una parte de mí le cueste admitirlo, también.
Lleva treinta minutos mostrándome imágenes.
Siempre hacemos la misma rutina todas las mañanas.
Él viene y me muestra una hoja de papel con una figura y me pregunta que veo.
El señor McQuaid cree que tiene todo bajo su control, me ve como una indefensa chica de veintidós años que tiene problemas mentales por haber visto como asesinaban a su hermano a sangre fría.
Él no tiene el control, nunca tienen el control sobre mí, ellos no me conocen solo piensan conocerme.
Me centro en esa hoja que sostiene entre sus manos.
Hay dos manos cubiertas de sangre con una cabeza entre ellas.
Me gustaría describirle la maravillosa fotografía que mi mente ha creado, pero no lo haré.
Él no me entendería y volvería al cuarto oscuro.
No quiero volver ahí, no me gusta, me desespera y no puedo desesperarme.
En lugar de decirle lo que yo veo le digo lo que él quiere que vea:
—Un árbol.
—Correcto —me felicita— Ahora dime ¿Qué ves en esta otra imagen?
Unas sombras sonriendo tétricamente miran de frente de manera cruel, hay malicia en sus ojos, hay sangre alrededor de ellas, han matado a alguien y está en el suelo. No tiene ojos, se está incendiando.
—Una familia, uno de ellos está acostado riendo —sonrió mientras hablo.
Él asiente y guarda sus apuntes en su maletín.
—Estamos progresando Casey, le daré los resultados al director y lo intentare convencer para que puedas ver las...
—... flores —termino la oración— Me gustaría verlas contigo si no es molestia, las chicas de mi sala me miran mal y no me gusta, me dan mucho miedo —La mirada nerviosa que le lanzo hace que él venga inmediatamente hacia mí y me abrace.
—No estás sola Casey, yo estoy contigo y no dejaré que nadie te lastime, te lo prometo —asiento mostrándole mi falsa debilidad.
Él está cometiendo un error, confía en mí y no debería.
Se que me quiere, no de una manera de paciente y doctor, él me quiere como mujer.
Desde mucho antes decidí que Phillip sería mi herramienta de escape.
Con él me comporto como Casey, una chica sensible que necesita su hombro para sostenerse, una jovencita que necesita de él para poder salir del terrible trauma y pasado que arrastra consigo.
Phillip se siente como la única persona que tengo.
Lo he evaluado sin que se dé cuenta, sé muy bien cómo actúa y como se siente en frente a mis emociones.
Él es débil cuando se trata de mí.
—Gracias por no dejarme sola —susurro bajo sus fornidos brazos.
—No, tú gracias por haber aparecido en mi vida —sonrió internamente mientras me separa de su cuerpo—, te llevaré a tu cuarto. —asiento y él pone su mano en mi espalda baja mientras salimos juntos de su consultorio.