05.- Desconocido/Embarazo

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Phillip

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Phillip

Abrí las puertas del psiquiátrico hecho una furia.

Ni siquiera me moleste en dar mi carnet de seguridad.

Y todos al ver mi cara sabían que no estaba para estúpidos protocolos.

Fui directo al consultorio del área de cuidados intensivos.

—¿En qué habitación está la paciente Casey Robert Hamings? —la enfermera me miro vacilante, pero al ver la mirada que le lance reviso rápidamente en su computador la información que le solicite.

—Pasillo A, habitación 13.

Entre en la habitación de golpe sin importarme una mierda la mirada asustada de los doctores.

—¡Salgan todos de aquí! — grité y todos automáticamente salieron, dejándome solo con Casey.

Mi mirada se centró en ella.

Estaba dormida en la cama con una bata de hospital, su rostro se veía débil y estaba demasiado pálida.

Fui corriendo al lado de ella.

De pronto la furia que tenía se esfumó al ver a mi Casey postrada en una cama de hospital sin poder abrir los ojos.

Se había intentado cortar las venas con una jodida astilla.

Cuando entraron a su habitación para luego de establecerla, encontraron como en las paredes estaba escrito con su sangre un mensaje en el que pedía ayuda.

Ver en esa maldita cámara de seguridad como Hanna se atrevió a tocarla hizo que la furia que contuve durante tantos años se apoderara de mí.

Luego me encargaría yo mismo de hablar con esa hija de puta, ahora mi única importancia era Casey.

—Veo que por fin apareciste.

Voltee mi mirada a esa voz que conocía perfectamente.

Apreté los puños de impotencia.

—¿¡Por qué mierda dejaste que esto le pasara!?

—Sabes perfectamente que ella tuvo que haber tenido motivos para hacer eso, es muy inteligente Phillip ¿Enserio crees que solo lo hizo por miedo?

—Créeme que soy consciente de ello —voltee a ver a Casey—. Ella es especial y tú lo sabes, aunque no quieras admitirlo.

—Jamás dije que no lo creyera. Te tomas todo muy a la ligera.

—¿Dónde está Hanna? —pregunte ignorando su comentario.

—La detuvieron y está apresada en la comisaria de Honthers City.

—Sáquenla de ahí, tengo cuentas que salvar con esa imbécil.

—No Ignacio, estás inestable, yo me voy a encargar.

—¿Y esperar a que la cagues como la otra vez? No gracias, lo haré yo mismo. Cuida a Casey mientras no estoy o juro que te arranco las bolas.

Él giró los ojos y se adentró en la habitación.

Yo me dispuse a hacer unas llamadas.

(***)

—Señor McQuaid, la señorita Oldman se encuentra en el sótano.

—Gracias Richard, necesito que todo el personal salga, les doy el día libre.

—Pero señor...

—Haz lo que te pido Richard, no estoy de humor —Richard asintió y salió de la sala.

Luego de treinta minutos me decidí a pasar al sótano.

Hanna estaba sentada en una esquina, las lágrimas que escurrían de su rostro hicieron que su maquillaje se corriera.

Cuando me vio sus ojos se iluminaron.

—Ignacio...

—Para ti Phillip maldita zorra —fui a su lado furioso y le tiré una cachetada que la hizo retorcerse de dolor mientras lloraba suplicando perdón— ¡Te dije que no tocaras a mi mujer!

—¡Esa maldita no es tu mujer, lo soy yo! —le agarré del pelo y la puse a centímetros de mi cara

—Vuelve a insultarla y juro que no respondo Hanna.

—¡Éramos felices hasta que esa perra llego! —grito mientras se ahogaba con sus sollozos.

Saque el arma que tenía en mis vaqueros y le apunte.

La mirada de terror en su rostro hizo que mis ganas de matarla se incrementaran

—Phillip tienes que escucharme...—dijo en susurros.

—¿Por qué escucharía a una hija de puta como tú?

—Por favor...

—Ahórrate tus discursos de mierda Hanna.

Quite el seguro del arma y cuando estaba a nada de dispararle ella habló: —Estoy embarazada —dijo con los ojos cerrados—, tengo casi dos meses, Phillip por favor no mates a nuestro hijo.

Las palabras que salieron de su boca hicieron que me paralizara, automáticamente mi cerebro se puso a hacer cálculos de todas las veces que folle con ella.

Conocía a Hanna a la perfección para saber que ella no mentiría con el tema de un embarazo.

—¡Mierda! —golpee la silla que tenía al lado y luego me agarre el puente de la nariz.

Las fechas coincidían, pero no me explicaba en qué momento se rompió el puto preservativo.

—¿¡Por qué carajo no tomaste la pastilla!? —grité.

Ella solo me miraba asustada.

Fui otra vez hacia ella y le agarré del rostro firmemente —Escucha bien claro lo que te voy a decir Hanna, juro que, si ese bebe que tienes en tu vientre no es mío, te mataré a ti y a ese mocoso.

Ella asintió en llanto mientras yo salí del sótano más furioso de lo que estaba.

Solos ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora