3. La Reina de las Nieves

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Erase una vez un Geniecillo que estaba de un humor excelente. Acababa de fabricar un espejo que tenia la facultad de hacer que todo lo bueno y lo bello desapareciera o al menos disminuyera hasta casi desaparecer. En cambio lo feo y lo que no valia nada se agrandaba y se hacia mucho más feo.

- ¡Al fin se puede ver el verdadero rostro de las personas! -decia el Geniecillo dando saltos de alegria.

Y tan orgulloso estaba de su invento mediante el cual podia ver las virtudes y los defectos de las gente que llevado por la soberbia se le ocurrio nada menos que elevarse hasta el cielo y ver el verdadero rostro de los angeles.

Pero ese ataque de soberbia tuvo su castigo; cuando ya estaba altisimo, el espejo se le escapo de las manos y se estrello contra el suelo, partiendose en millones y millones de pedacitos minisculos; pedacitos que se metian en los ojos y corazón de las personas y alli se quedaban. De esa forma los hombre lo veian todo desfigurado.

Pero algunos trozos quedaron flotando en el agua. Ahora veremos lo que sucedio con ellos.

En aquella ciudad habia dos niños tan pobres que el jardin que tenian era un poco mayor que una maceta. No eran hermanos, sino amigos y ademas vecinos. Vivian en las buhardillas de dos casas unidas, formando angulo de forma que las ventanas de cada una de esas guardillas estaban separadas solamente por un ancho canalon,  sobre el que habian colocado unas cajas que crecian unos rosales.

Durante el verano Kay, que era el ñiño y Gerda, que era la niña, pasaban por el canalon a la casa de uno o de otra y hablaban, cantaban o miraban libros de cromos. Sin embargo durante el crudo invierno para reunirse tenian que bajar muchas escaleras de una casa y luego subir muchas escaleras de otra.

Un dia en que los dos estaban en la casa de Kay, la abuela, viendo como nevaba, dijo:

- Mirad, mirad como se agitan esas abejas blancas.

- ¿Y esas abejas tambien tienen reina, abuela? -pregunto Gerda.

- Claro que si niña; es el copo más grande de todos y se llama Reina de las Nieves.

- Abuela -dijo entonces Gerda-, ¿Esa reina puede venir aqui?

- ¡Por supuesto que puede! Durante las noches de invierno recorre las calles de la ciudad, mira por las ventanas y es cuando los cristales se hielan y se recubren de diminutos dibujos parecidos a flores ¡Y que frio se siente entonces!

- Pues como venga aqui la metere en la estufa y se disolvera.-dijo Kay energeticamente.

Aquella noche el niño, antes de acostarse, miro por la ventana y vio que entre los copos que caian habia uno, el más grande, que se posaba en la caja de los rosales y que poco a poco iba creciendo hasta convertirse en una mujer con un deslumbrante vestido blanco que parecia hecho de millares copos de nieve. Era bella y encantadora pero ¡De hielo!

De pronto aquella mujer sonrio al niño y le alargo su blanca mano, pero Kay, asustado corrio a la cama, se metio adentro y se arrebujo entre las mantas. Al dia siguiente Kay creyo que todo habia sido un sueño y lo olvido por completo.

Paso el tiempo y llego la primavera; el sol brillaba con fuerza y las flores se abrian alegres.

Gerda y Kay estaban sentados en la ventana hojeando un libro de animales cuando el reloj de la torre dio cinco campanadas.

- ¡Ay -grito Kay de repente-, algo me ha tocado en el corazón y algo se me ha metido en el ojo!

Gerda miro atentamente, pero no vio nada. Y le dijo:

- No tienes nada Kay; habra sido una mota, pero debe haber salido ya-

Pero no fue asi. No era una mota sino uno de aquellos minusculos trozos de crital del espejo roto del Geniecillo. Un trozo que pequeñisimo todo lo bueno y hermoso y que agrandaba todo lo bajo y vil. ¡Como cambio Kay de repente!

Cuentos de un libro antiguoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora