—¿Estás despierto? —preguntó el pelinegro, quien no lograba conciliar el sueño—. Supongo que ya se durmió —susurró para sí mismo con la mirada clavada en el techo.
David se encontraba acostado en una colchoneta junto a su cama. Nicolás le había ofrecido la cama pues él era un invitado aquella noche y lo más cortés era que la visita no durmiera en el piso, pero David se había negado. Siendo un invitado no quería incomodar a nadie y, después de discutirlo por unos cuantos minutos, el terco castaño resultó saliéndose con la suya.
¿Estará cómodo? Se preguntó cerrando sus ojos y dándose vuelta hacia donde David se encontraba. Al abrirlos se encontró con un chico mirándolo fijamente. Al verlo se asustó pues no esperaba encontrarlo despierto.
—¿Por qué no me has contestado si estabas despierto? Casi me matas del susto.
—Quería escuchar qué más decías pensando que estaba dormido y no podía oírte —respondió David.
—¿Y qué iba a decir? Yo no me la paso hablando en voz alta.
El castaño se quedó en silencio y se puso boca arriba fijando su mirada en el bombillo apagado.
—¿Lo quieres? —aunque Nicolás había querido dejar el tema atrás y no pensar en ello, las ideas que llegaban a su mente no le dejaban dormir y lo atormentaban. Y si David volvía con aquel chico en su ausencia... pronto se iría del país y no se verían en mucho tiempo, temía que David fuese tan débil como para caer de nuevo en el juego de aquel insensible ser—. Si no quieres responder no lo hagas, pero me gustaría que fuésemos sinceros y honestos entre nosotros.
—Yo —guardó silencio un instante y suspiró—. Yo no sé... no sé qué siento por él. Creo que todo es aún muy reciente como para mentirme diciendo que ya no me importa, o que mis sentimientos por él han desaparecido. Pero sé que no volveré a él, sé que debo olvidarlo y que con el tiempo lo haré.
—Si lo vuelves a ver ¿podrías sólo ignorarlo? —inquirió Nicolás con una voz fría y cortante.
—No lo sé —ambos quedaron en un largo silencio—. No quiero que te vayas —David cambió el tema, su voz cargada de melancolía—. Te voy a extrañar mucho —agregó tapando su rostro con una almohada.
Nicolás, al ver que David tenía el rostro cubierto, se levantó y se acercó a él en silencio. Sin previo aviso se acostó y abrazó al castaño tomándolo por sorpresa, David pegó un brinco y retiró la almohada de su rostro con timidez.
—¿Q-qué haces? —preguntó David con el rostro completamente rojo.
—Sólo aprovecho que estás frente a mí para mirarte más de cerca —dijo Nicolás con una sonrisa dibujada en su rostro.
—¿Me vas a extrañar?
Nicolás guardó silencio un instante.
—¿No? —insistió David.
—Sabes que te extrañaré, te has vuelto una persona muy importante para mí.
Volvió el silencio. La noche se hizo larga. Nicolás seguía sin poder dormir, volvió su mirada hacia el castaño que se hallaba profundamente dormido.
—Pronto estaremos lejos el uno del otro —susurró apretando los labios.
*****
—Mañana es tu cumpleaños, David. ¿Qué quieres de regalo?
Ya había llegado diciembre y aunque ya casi era el día de noche buena, en la casa de David apenas comenzaban a decorar. Su espíritu navideño no era muy grande que digamos, generalmente no ponían nada. David y Nicolás se encontraban decorando el árbol de navidad, estaban pintando las bolas del árbol como pokébolas, algunas rojas y otras azules. Había resultado muy difícil convencer a la señora Sandra de que los dejara hacerlo, pero al final, y después de casi arrodillarse frente a ella, lo habían conseguido.
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Jarro de Corazones (Gay)
Teen FictionDavid es un chico tímido y solitario quien pasa su tiempo libre jugando videojuegos o viendo anime. Después de que su mejor amiga Helena le confesara su amor él se ve obligado a hablar de su más grande secreto, su homosexualidad.