—¡David, te necesitan en la puerta! —gritó Sandra sin recibir una respuesta por parte de su hijo—. Debe estar durmiendo, si quieres sube, linda.
Helena entró a la casa, limpió sus zapatos con el tapete en forma de huella que había en la entrada y se dirigió corriendo hasta la habitación de David. Estaba cerrada así que tocó suavemente, al ver que el cuarto seguía en silencio y nadie le abría tomó un profundo respiro y giró la perilla.
El lugar era un desastre. Estaba completamente oscuro y desordenado, había tarros de helado vacíos por todas partes, libros, mangas y películas regados en cada rincón y en la cama había un enorme bulto envuelto en cobijas. Helena entró y abrió las ventanas y las cortinas para que entrara algo de aire y el ambiente fuera menos deprimente.
—¿Estás despierto? —preguntó con una mirada de preocupación, el bulto se movió un poco, pero Helena no recibió respuesta alguna—. No me ignores, sé que estás despierto a mí no me engañas. Más bien dime ¿qué ocurre? Has estado muy extraño estos últimos días, no te he visto conectado, no respondes mis mensajes y ahora que vengo a verte veo tu cuarto hecho un desastre ¿pasó algo?
Había transcurrido una semana desde que vio a Allan por última vez, aun podía ver su figura mientras se alejaba lentamente de la parada. Se recordaba quieto, mirándolo sin hacer el mínimo esfuerzo por detenerlo cuando en lo profundo de su corazón lo único que deseaba era correr tras de él, tomarlo de la mano, abrazarlo y decirle que sentía lo mismo.
—David ¿te hizo algo ese tal Allan? Si es así sólo dame su dirección y yo voy y lo arreglo, para que aprenda que con mi David nadie se mete —dijo Helena arremangando los puños de su blusa con enojo.
En ese momento el bulto se movió y una cabeza se asomó, David tenía unas ojeras muy pronunciadas. Helena cogió las cobijas, las tiró al suelo, se lanzó a la cama y se acomodó boca abajo junto a su amigo. Él cerró los ojos y ella suavemente con la yema de sus dedos comenzó a tocar sus cejas.
—¿Te gusta verdad? —Su tono era un tanto triste, le dolía ver cómo su mejor amigo sufría por otra persona, cuando en el fondo ella lo hubiese dado todo por él—. ¿Te rechazó?
David abrió los ojos, se sentó, enseguida cogió su celular de la mesita de noche y se lo mostró a Helena. Mientras ella leía él le contó todo lo que había ocurrido esa tarde.
Allan: Siento mucho lo de hoy, me dejé llevar y te hice sentir incómodo. Espero llegues bien a casa, no olvides escribirme.
David: Ya llegué, fue rápido y no tienes que disculparte la he pasado muy bien hoy.
Allan: Bueno, me alegra mucho. Duerme bien abrigado, no quiero que te enfermes por haber venido. Respecto a lo que te dije, espero tu respuesta. No te molesto más, descansa.
—Yo lo arruiné todo y ni siquiera pude dar la cara después de eso —murmuró haciendo su mayor esfuerzo para no llorar frente a Helena—. ¿Crees que no me hablará más o que me odie por no haberle dicho nada?
Helena se levantó, caminó hacia el armario y comenzó a mirar la ropa de David.
—¿Sabes qué creo? —preguntó sonriente mientras sacaba unas cuantas prendas del armario—. Creo que deberías levantarte, ponerte bien lindo e ir a verlo y no te preocupes, con mi ayuda todo saldrá bien; por lo pronto ve y báñate, cuando salgas te daré la ropa que usarás.
David ni se movió, solo la miró sin poder entender si hablaba en serio.
—A ver, David ¡despierta! Mira la hora ¿quieres que se aleje de ti o qué? —dijo chasqueando los dedos al ver que David seguía inmóvil, luego dejó la ropa a un lado y con una mirada aterradora en sus ojos se acercó al chico y lo jaló del brazo. Cuando lo vio de pie lo llevó a empujones hasta el baño y le entregó bruscamente una toalla, que había tomado de su armario—. ¡No tardes! —agregó antes de cerrar la puerta.
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Jarro de Corazones (Gay)
Teen FictionDavid es un chico tímido y solitario quien pasa su tiempo libre jugando videojuegos o viendo anime. Después de que su mejor amiga Helena le confesara su amor él se ve obligado a hablar de su más grande secreto, su homosexualidad.