Capítulo 8

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—Iré a la tienda, debo comprar algo de leche y otras cosas para la cena ¿quieres algo en especial? —dijo Allan mientras revisaba el refrigerador, notando que no tenía más que un jarro con agua y unas cuantas verduras.

—Yo voy contigo —respondió David, que se encontraba jugando con el pequeño gato negro—. ¿Podrías prestarme algo de dinero? Necesito comprar algo.

—¡Claro! Vamos pues —Allan cerró el refrigerador, tomó las llaves y un poco de dinero—. ¿Cuánto necesitas?

—No sé, ¿hay alguna tienda de ropa interior cerca? —dijo al recordar las palabras de su madre.

—¿Ropa? Acaso ¿quieres comprar ropa sexy para esta noche? —preguntó el castaño con una sonrisa pervertida en su rostro—. Vamos, yo te ayudo a escoger —añadió dándole una suave palmada en la cola al tímido chico que lo miraba confundido.

David abrió los ojos con desconcierto y enseguida el color rojo estalló en su rostro.

—¡Po-por supuesto que no! ¿Qué rayos pasa contigo? E-eres un completo sucio pervertido, y-yo sólo necesito ropa interior para mañana.

—Bueno si es sólo eso, puedes lavar los que tienes puestos y mañana ya estarán secos ¿no? —Allan no pudo evitar reírse al ver lo nervioso que se había puesto el muchacho—. Además, no los necesitarás más hoy —agregó guiñando el ojo.

¿Eh? Está más que claro que es un pervertido, pero ¿estará hablando en serio? pensó siendo incapaz de decir una palabra, comenzaba a creer que su virginidad estaba en peligro y no era algo que realmente le preocupara, tal vez estaba listo para dar el siguiente paso.

—Sólo bromeaba —dijo Allan al ver que el silencio comenzaba a tomar el lugar—. Vamos rápido, ya quiero estar en casa de nuevo.

—¡Sí! —afirmó David dejando el gatito en el piso con delicadeza—. Ya venimos gato, pórtate bien —el gatito frotó su cuerpo contra su pierna—. No vamos a tardar pequeño, cuando vuelva te acariciaré hasta que te canses de mí.

Allan jaló a David del brazo, si no lo hacía el chico se quedaría toda la noche jugando con el gato. Salieron del apartamento y comenzaron a bajar las escaleras, como era de esperarse David se quejaba por lo menos en cada piso y al llegar abajo parecía que se desplomaría en cualquier momento, y así fue, al llegar al primer piso se dejó caer de rodillas.

—Flojo —Allan clavó su mirada en él, el chico tenía su mano extendida como pidiendo que le ayudara a levantarse, el castaño lo ignoró y continuó caminando—. Te espero afuera.

—¿Qué? O-oye... espera —murmuró a tiempo que se levantaba—. ¿Qué tan difícil era darme la mano? Qué malo eres —salió del edificio y Allan lo recibió con una sonrisa.

Aquella noche, era una noche helada y aunque por fortuna no estaba lloviendo al salir del edificio pudieron sentir el frío golpeando sus rostros fuertemente, incluso podían ver el aire que salía de sus bocas al hablar como si fuese humo. Allan rodeó al chico con su brazo izquierdo y comenzaron a caminar. Con sus cuerpos tan cercanos el frío comenzaba a disminuir lentamente.

—Mira la tienda de ropa está en la esquina, si quieres ve y compra eso mientras yo compro la comida para que nos rinda —Allan le dio un poco de dinero a su acompañante y le sacudió el cabello—. No tardes, te espero aquí —susurró posando sus labios sobre su mejilla.

No tardó más de 15 minutos en volver, Allan seguía haciendo fila para pagar, David iba a esperarlo afuera, pero él le hizo señas de que entrara. El chico entró y al cruzar la puerta sintió el aire cálido que invadía el lugar.

Jarro de Corazones (Gay)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora