El invierno se acercaba, tan frío como siempre lo fue, me preguntaba hacia donde se e iban aquellas aves o incluso aquellos pequeños animales que se ocultaban en las sombras de aquel invierno, abracé mis hombros sintiendo las puntas de mis dedos un poco frías gracias a aquel viento.
Caminé de forma rápida, chocando con una que otra pequeña rama y suspiro mientras apretaba aquel cubo de agua en mi mano.
—¡Rapido , Adriel! - Grita mi madre mientras sacaba un poco de aquella carne y solo apresuro mi paso para llegar a mi hogar soltando un suspiro tembloroso mientras escuchaba como hablaban los adultos de edad avanzada.
—Es mejor que se coma esto que a ti. - Musitó mientras yo solo miraba atentamente como apretaba aquel trozo de carne además de unas cuantas gallinas a esas cuerdas.
Mi cabello rubio cenizo se revolvió con fuerza al sentir ese viento, sintiendo un vuelco en mi vientre, sintiendo cada parte de mi ser aterrorizarse increíblemente.
—Anda pichoncito, adentro o el lobo te va a comer - Habló mamá y mordi con fuerza mis labios. Mi hermana me miró y tiró de mi brazo para entrar junto con el, cerré completamente mis ojos abrazandola sintiéndome como un niño nuevamente.
Ese miedo estaba ahí, sin embargo me sentía seguro se podría decir.
Que equivocado estaba.
Aquel estruendoso sonido de aquel aullido se hizo presente, causando que temblara con fuerza y me mantuviera arrinconado en aquella esquina, sintiendo mis cabellos más revueltos al igual que mi ropa, mi hermana me abrazó con esa fuerza y miré sus ojos unos segundos sintiendo una sensación de calidez y a la vez de malestar.
—¡Ayuda, alguien por favor! - Gritó una voz masculina de una forma temerosa y mi hermana caminó con rapidez a la puerta, escuchando como varios lamentos se escucharon de forma fuerte y apretó la mandíbula al verme.
—Iré por mamá. - habló mientras se acomodaba una capa para mantenerse caliente de aquel frio por sus hombros y caminaba con rapidez y cubrió después mi boca haciéndome retroceder mientras apretaba con fuerza mi boca, cubriéndome con aquella capa. —No salgas, quédate aquí.
—Quiero ir contigo. - Susurro con mis ojos húmedos teniendo miedo por el.
—¡No! - Habló con fuerza. —Debes quedarte.
Apreté entre mis dedos aquella capa color rojiza asintiendo varias veces más, retrocediendo y escuchando aquel aullido aumentar, abrazando mi cuerpo manteniendo aquella esperanza a que ella volviera.
No lo hizo.
La esperé lo más que pude.
Pero no volvió.
Escuché aquel forcejeo en la puerta y con rapidez tomé un hacha y al abrir noté a mi madre, sacando aquella pequeño grito de su parte y me abrazó con fuerza, notando como temblaba y me abrazó, me cubrió y cerró aquella puerta.
—oh por.. Pensé..
Pasó sus manos por mi rostro con delicadeza.
—¿Donde está Tomasyn? - Pregunto y ella me miró con ojos más grandes.
—¿Ella no estaba contigo? - Sus labios se abrieron y asustada quiso ir a buscarla, solo sollozo apretandola lo más que pude y ella solo llora de forma lenta.
Tal vez ambos ya presentíamos lo que iba a pasar, papá entró unas horas después, y nos abrazó dandonos esa horrible noticia.
[...]
El llanto de mamá era lo que más se escuchaba en la habitación, en silencio solté un pequeño suspiro mientras cubría mi rostro, sintiendo pequeñas gotas resbalar de mis ojos.
—¿Como puede estar muerta? - Soltó mamá. —Su cuerpo no está no pueden.. -
El sonido de afuera me hizo voltear y solo suspiro no queriendo ver que era, seguramente era una parte del cuerpo de quien fue mi hermana, no estaría dispuesto a ver eso.
Froté mi mejilla soltando débiles sollozos y salí de aquella cabaña, apretando la capa de mi hermana entre mis brazos y camino, sintiendo esas pequeñas partes de nieve que comenzaban a caer.
Sentí un par de brazos rodear mi cintura y como cubrían mi boca evitando un grito y escuché su voz. Era Elliot, me di vuelta con rapidez derrumbandome en su pecho mientras lloraba de forma desconsolada.
—Apenas supe y vine corriendo - Susurra y apreté su camisa. —Oh mi amor.. Lo siento tanto. —Niego de forma lenta mientras me apretaba su fornido cuerpo.
Sus ojos oscuros me miraron con atención sintiendo mis ojos húmedos y besó mis labios con fuerza, la cual no dudé en corresponder, sintiendo como me descargaba un poco en eso y me separo para respirar.
—No puede estar muerta. - Susurro.
—Nadie lo sabe mi cielo. - Respondió de la misma manera, y tocó mi rostro con delicadeza, sintiendo sus manos ásperas por el trabajo bajo mi piel.
Me escondí en su pecho, sintiendo como besaba un poco lo que alcanzaba, sintiendo esa barba rasposa en mi causandome una sonrisa sabiendo que me quería subir al menos un poco mi ánimo, temblé un poco.
—Está helando más. - Susurra mientras me cubría con su abrigo, sintiendo un aroma que le caracterizaba y me alzaba.
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