Heridas Abiertas

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Wen Qing se quedó helada por un momento.

Había jurado que no diría nada, y planeaba cumplir esa promesa, pero en ese momento Wei Wuxian estaba mal, y tenían que ayudarlo. Estaba a punto de salir a ayudar a buscar a A-Yuan cuando el líder Jiang entró al pabellón médico con Wei Wuxian en brazos. Preguntando atropelladamente algo que ella no quería responder. La mirada de Wei Wuxian sobre ella, rogándole que no dijera su secreto era como una punzada a su corazón. 

Estaba en un dilema, por un lado quería mantener la promesa que le hizo a Wei Wuxian, y por el otro sabía que no sería fácil atenderlo a menos que le dijera la verdad al Líder de secta. Mientras se debatía internamente, indicó al hombre dejar a Wei Wuxian sobre uno de los catres para examinarlo.

No parecía tener nada más que un ataque de ansiedad por la desaparición de A-Yuan. Aún así, ordenó al Líder que lo mantuviera vigilado y que le avisara de cualquier cambio en el muchacho. Para ella, Wei Wuxian se había convertido en ese hermano pequeño rebelde a quien el hermano tímido siempre sigue a todos lados. Verlos a ambos ir a alguna parte era una montaña rusa de emociones, pasando de la preocupación a la ternura y después a la furia en instantes. Había visto de primera mano lo que Wei Wuxian estaba dispuesto a sacrificar con tal de mantener a sus seres queridos a salvo, y también vió cómo A-Yuan lo sacó de el agujero emocional en el que estaba luego de haber escogido salvar a su familia. Ella nunca se perdonaría que algo le pasara a ese chico a quien le debía tanto.

Por su parte, Jiang Cheng llevó en brazos a Wei Ying ordenando a cada discípulo que se encontraba llevar algo diferente a su habitación. A uno le ordenó llevar agua caliente para un baño, a otro túnicas interiores limpias, a otro algo de vino y comida y a un último discípulo le ordenó llevar a Yanli. Pateó la puerta en cuanto llegó y corrió a la cama para colocar al semi-consciente Wei Ying ahí. Unos momentos después llegó un grupo de discípulos con una tina llena de agua caliente, una discípula entró cargando un conjunto de túnicas blancas y salió luego de hacer una reverencia.

— Señor, el General fantasma trajo a la señorita Jiang.

— Háganlos pasar.

En cuanto el discípulo transmitió el mensaje, un pequeño remolino de telas lilas y cabello negro entró en la habitación corriendo hacia la cama y saltando en ella para abrazar a Wei Ying.

— Baba, Baba ¿qué tienes? -lloró la pequeña moviendo el cuerpo débil de Wei Ying con sus manitos. — A-Die, ¿qué tiene baba?

— A veces, cuando la gente está muy triste, se enferma, A-Li. -explicó el Líder acariciándole la cabeza con una mano, mientras con la otra apretaba fuertemente la mano de Wei Ying.

— ¿A-Yuan va a estar bien?

— Si, A-Li, lo vamos a traer de vuelta con su familia.

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— ¡Ya cállate maldito mocoso Wen! -gritó Jin Zixun.

El hombre tomó al pequeño A-Yuan por la parte posterior de la túnica y lo levantó como si se tratara de una bolsa de papas con la menor delicadeza posible. Luego lo llevo hasta una jaula donde lo arrojó y encerró como si fuera un animal.

— Esto obligará al Patriarca de Yiling a entregar el Amuleto del Tigre Estigio. Llévalo al otro lado del espejo, sus lloriqueos van a despertar a Zixuan y su madre. Mañana enviaré la carta a Yunmeng con un espía. -comentó Jin Guangshan detrás de su abanico viendo a su sobrino obedecer sus órdenes.

Jin Guangyao quedó en shock...

El hombre que su madre le ordenó complacer, a quien su madre añoraba hasta el día de su muerte, el hombre que él anhelaba llamar padre, era un monstruo... Por supuesto que sus propias manos no estaban limpias, pero había una diferencia entre matar para sobrevivir, en defensa propia, o por venganza, y matar a uno de los héroes del mundo de la cultivación solo para conseguir poder. Más aún cuando se usaba a un pequeño inocente como carnada.

Cuidando a ShijieDonde viven las historias. Descúbrelo ahora