数; 𝟏𝟎

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Jimin entró a su cafetería favorita, peinando sus cabellos mientras caminaba tranquilamente, llegó a la caja viendo el menú desde arriba.

—Quisiera un capuchino moka y una tarta de limón, por favor —le sonrió a la cajera entregándole el dinero.

—Enseguida —respondió para marcar su pedido.

Después de pagar, fue a la mesa al fondo del café, era su favorita, ya que el calor se guardaba más en esa parte. Mato el tiempo revisando su celular, estaba algo aburrido, tal vez ya era hora de dejar Seúl e ir a otra cuidad y buscar diversión, quizás podría ir a Australia.

—¿Un café y una tarta para Park Jimin? —el mesero se acercó.

—Si... —se quedó estático al ver al hombre frente suyo.

Jungkook tomó asiento frente a él, sonriéndole socarrón y con su pedido, claro. Lo miro con el ceño fruncido, pero al mismo tiempo sorprendido.

—¿Qué haces aquí? —el pelirosa miro a su alrededor.

—¿Qué no es obvio? —su tono fue sugestivo—. Vine por ti.

Jimin le dio un trago a su capuchino.

—Sabes que siendo un policía eso suena muy mal —se cruzó de brazos.

Jeon río ligeramente, limpiando algo de espuma que había quedado en los pomposos labios de Park.

—Entonces que bueno ya no soy policía —lo miro a los ojos.

Una corriente eléctrica recorrió a Jimin al analizar aquellas palabras. ¿Había escuchado bien?

—¿De qué hablas? —parpadeo muchas veces como si eso fuera a ayudar con su estupor.

Jungkook volvió a reír mirándolo directamente.

—He renunciado —soltó un suspiro —. Oficialmente, ya no tengo trabajo.

—¿En serio? —quiso evitar sonar emocionado, pero falló.

Asintió.

—Pero—se levantó—. Quiero hablarlo en un lugar más privado acerca de otras cosas, vamos.

Espero a que el más bajo lo siguiera, ayudándolo con su postre y la bolsa que llevaba, cuando salieron del establecimiento, el pelirosa se detuvo rotundamente frente al auto del castaño —quien le había abierto la puerta del copiloto—.

—Un momento —se cruzó de brazos—. Cómo me encontraste.

Jeon sonrió maliciosamente y se acercó a él, tomó las llaves que tenía Jimin en la mano y le mostró el llavero que le había robado.
Abrió el cierre a un costado de la cabeza del pez y moviendo el relleno sacó un localizador.

Después de eso le guiño el ojo mientras iba hacia el volante.

—¿Qué clase de tio le pone un localizador a su sobrino? —reclamó—. ¿Acaso eres un paranoico?

Abriendo la puerta del auto, contestó.

—¿Dije que tenía un sobrino? —actúo exageradamente con un tono burlón en su voz—. Creo que dije tonterías.

Se encogió de hombros y entró al automóvil.

—Tonto —mencionó Jimin entrando junto a él, tratando de ocultar su sonrisa, después de todo el sexy oficial estuvo un paso al frente por primera vez.

Arranco camino hacia su apartamento, observando disimuladamente a Jimin, quien comía muy cómodamente.

—¿Y tu? —habló justo en un semáforo—. ¿No habías dicho que no te quedabas en una ciudad por mucho tiempo?

歴史; バン!Donde viven las historias. Descúbrelo ahora