Al llegar al estacionamiento notaron que solo quedaba un tercio de la cantidad de vehículos que vieron cuando llegaron, pues al parecer la gente huía de la lluvia como si fueran gotas de lava ardiente. Ambos subieron al auto sin prisa, pero antes de poder retroceder, un Mercedes Benz plateado frenó justo detrás.
-¡Oh, genial! -dijo Chuuya con mucha rabia y sarcasmo. Dazai se asomó por la ventana y observó que era una mujer que rodeaba los cincuenta años y, de seguro, había entrado en pánico como los otros.
-Hermosa damisela, cuando vi su bello rostro por el retrovisor de mi auto no pude evitar querer conocerla... Puede decirme Dazai... Ajá, es un lindo nombre... ¿Le gustaría que saliéramos?... Sí, yo la llamaré esta misma noche... Ah, por cierto, debo recoger a mi hermana pequeña, así que ¿puede correr su auto para salir?... Muchas gracias, nos vemos, hermosa.
¡Tsk! -chasqueó la lengua Chuuya mientras miraba por el retrovisor.
-Te llamaré pronto –dijo Dazai subiendo al Peugeot. La mujer avanzó casi al instante, dejando el espacio completamente libre. - Listo, ahora podemos salir –Su tono de voz cambió completamente.
-Eres un increíble hijo de perr4 –Chuuya lo hizo sonar como un halago. Pensó en agregar algo como "sabes hacer bien tu trabajo", "eres un profesional" o alguna frase sarcástica por su buena obra, pero desistió, pues sería recrear lo que el otro le había hecho ya dos veces: una tonta escena de celos. Siguió conduciendo, sin mirar a su lado izquierdo, sin embargo, cuando percibió algunos movimientos, giró su cabeza y observó cómo su copiloto rompía el papel con el número de la mujer en muchos trozos diminutos para arrojarlos por la ventana. Quedó sorprendido "¿ese es su nivel de crueldad?, ¿tan hipócrita puede llegar a ser?", aunque, de cierta forma, eso lo hizo sentir bien.
Llegaron al piso 21, pero Dazai entró a la habitación 110, ya que la 109 estaba muy desordenada. Al abrir la puerta el dueño entró primero, pero cuando giró vio que el chico de cabello anaranjado ya caminaba de vuelta al ascensor.
-¿Qué haces? -Le gritó.
-Me voy, ¿no es obvio?
-Pero ¿Por qué?
-Me iré a casa, estoy empapado, tengo frío y no quiero enfermarme por tu culpa.
-Toma una ducha acá, usas la secadora de ropa y después te vas si quieres.
-No –Chuuya acababa de presionar el botón, ahora solo debía esperar a que la puerta del ascensor se abriera.
-... Te diré la verdad.
-... -Eso lo tomó por sorpresa- ¿Por qué crees que me interesaría saberla?
-Porque el motivo de esta salida fue para escuchar la frase que estabas seguro que diría.
-...
El ascensor llegó al piso 21 y la puerta se abrió, no obstante, nadie entró. El chico de ojos azulados ya había dado tres pasos de en dirección a la habitación.
Dazai se desvistió quedándose solo con su ropa interior, arrojó el resto de las prendas a la secadora, se colocó un pantalón de tela marrón y una camiseta sencilla blanca.
-¿Qué estás esperando? ¿Quieres que te desvista yo? -sonrió coquetamente.
-¡Cállate! -gritó su invitado molesto, mientras el otro le arrojaba una toalla.
-No tengo pantalones similares a tu talla –dijo Dazai-, no vivo con niños -rio. Sintió un golpe fuerte en su cabeza. Chuuya usó su poder para lanzarle la lámpara que estaba encima de la mesa de noche. Fácilmente pudo haber lanzado una de las estatuas de cerámica o la misma mesa de noche, pero no quería dañarlo...tanto.
-Toma –Le lanzó una camiseta mucho más grande de las que usaba siempre, así serviría como una especie de vestido. El pequeño lo miró muy sorprendido- ¿Qué te pasa? La compré por internet y en ningún lugar decía que la talla era americana y no asiática -Se sentó en la orilla de la cama con vista al baño, donde Chuuya se encontraba apoyado en la puerta sujetando la toalla. Se la midió sobrepuesta. Le quedaba muy holgada y su largo llegaba abajo de las rodillas, casi llegando a los talones. Dazai comenzó a reír a carcajadas. Ahora la estatua chocó con la parte trasera de su cabeza.
El sonido ambiente se transformó en la mezcla del agua cayendo y el secador de pelo. Pasados unos cinco minutos, el silenció volvió.
-Ven aquí -Dazai se levantó de la cama y se acercó a Chuuya, quien acababa de salir del baño-. Te secaré el cabello -. Lamentablemente no aguantó su risa.
-Hmm –Chuuya se comenzaba a enojar- ¡Vete al diablo! -Se dirigió al sillón para esperar que la secadora de ropa terminara y así poder irse. Apenas dio un paso Dazai tomó su brazo para detenerlo.
-Vamos, no te enojes. Ven aquí.
El pequeño dudó- Está bien –dijo finalmente con una voz de resignación.
-... te ves muy lindo -Comentó Dazai con el secador encendido, ya parado detrás de él, cuidando de no desarmar esos delicados risos mientras los secaba. Chuuya se sonrojó.- Ya está -Se volvió a sentar en su cama.
-...¿Qué dijiste recién? No te pude escuchar bien -Sí, lo había escuchado perfectamente.
-¿Mmm? -Dazai inclinó su cabeza hacia un lado, igual que un perrito cuando no entiende lo que su dueño le dice.
-Olvídalo -Chuuya solo sonrió pensando "no fue enserio, de seguro me quería molestar" y al darse media vuelta escuchó.
-Te ves lindo.
No volteó porque sentía que su cara estaba ardiendo. Sonó la señal de que la secadora había terminado y aprovechó eso como excusa para huir, pero sintió un nuevo agarrón suave.
-No te vayas –dijo el de cabello color chocolate como si estuviera pidiendo tímidamente un favor.
El invitado, que aún seguía sonrojado volteó- ¿Qué me darás a cambio de quedarme?
La cama era baja, por lo que estando Dazai sentado allí quedaba justamente como a un 1,60 metro de altura. Jaló la camiseta del otro para atraerlo, pero, cuando estaban a punto de juntar sus labios, el celular del dueño de casa sonó encima de la mesa de noche: Jennie.
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Vacaciones Forzadas
FanficFiesta, alcohol, amigos y juegos ¿qué podría salir mal? Bueno...quizás Chuuya sepa la respuesta.
