Parte 10

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El día sábado, alrededor de las 21:00 hrs, Chuuya llamó a Dazai, su idea era interrumpirlo si estaba con resaca o a punto de comenzar una fiesta para arruinar su tranquilidad.

-...

-¿Es un mal momento para llamarte, Dazai?

-No, acabo de terminar un "asunto" -Mentira, él llevaba recostado en su cama leyendo por más de dos horas, era un pasatiempo para cuando ya no le quedaban más opciones. En la ADA lo aplicaba bastante en su turno para evitar su trabajo. Ya no tenía ánimo para nada, solo quería hablar con el hombre que logró desestabilizarlo hace unos días atrás.

-Como sea, debemos vernos –habló Chuuya con tono desinteresado.

-Mañana estaré ocu...

-Solo puedo hoy –dijo cortante-. Mañana tengo planes –hizo una pequeña pausa-. ¿O prefieres que nos veamos el lunes en tu empresa?

Ese último tono burlesco confundió a Dazai "me debería haber molestado por eso" pensó con algo de duda- Está bien –su tono falsamente carismático volvió.

-A las 19:00 hras te pasaré a buscar. Baja al estacionamiento. Iré en el Peugeot de Aku. Solo te esperaré hasta las 19:10, si no llegas me iré. Beep beep -Había colgado.

El mujeriego fiestero quedó anonadado "nunca me habían tratado así" "¿Quién se cree ese enano?", "le di atención solo porque me pareció un lindo juguete", "¿dónde quedó la timidez?", "cuando cambió así" y, su último pensamiento fue "ni en sueños invertirás los papeles".

A las 18:59 hrs sonó el tono de mensajes en el teléfono de Dazai: Estoy abajo.

-Wow, qué puntual –se dijo a sí mismo secándose el cabello. Esta vez su vestuario fue distinto al de siempre: zapatos casuales y jeans negros, una camiseta color ocre con líneas verticales blancas y una chaqueta negra con mangas un tono más oscuro que la camiseta. Todo el conjunto en sí se veía totalmente distinto, pero seguía manteniendo su esencia, la misma que Chuuya consideraba aburrida. Sin darse cuenta, se aplicó el mismo perfume que usaba solo cuando salía por segunda vez con una mujer que le atrajese "¡mierd4!" pensó cuando vio el envase ya tirado en la cama. Las 19:05. Salió apurado dejando todo desparramado "¿Por qué demonios estoy tan apurado?". Él sabía la respuesta.

Dos bocinazos se escucharon desde el lugar número 75 del estacionamiento subterráneo. Al acercarse, se oía cada vez más fuerte la música estilo rock dentro del auto. Cuando entró Dazai, como era de costumbre, no hubo un "hola, ¿cómo estás?", sino que solo cruzaron sus miradas por unos segundos, como si eso bastara para saludarse y saber cómo estaba el otro, o más bien, cómo fingía estar. Chuuya bajó un poco el volumen de la música y comenzó a manejar a una velocidad muy cercana al límite. Ambos iban en silencio y sin mirarse, no por enojo o rechazo, sino que cada uno estaba analizando las preguntas que rondaban en sus mentes.

-Llegamos –dijo Chuuya estacionando el Peugeot. Un restaurante grande y lujoso que tenía todas las comidas del mundo. Aunque para el mafioso no era asombroso, sí para el retirado de la ADA.

-¿Por qué vinimos aquí?

La respuesta de Chuuya fue muy simple- Porque tengo hambre.

A Dazai le dio risa- Me esperaba algo más "especial" -seguía riendo, pero no con emociones escondidas, solamente porque era divertido.

-Además es un buen lugar para conversar -agregó Chuuya mirando la gran escalera que debía subir.

Era costumbre para él en Yokohama que, al ver un edificio muy alto o tedioso, usara su poder, ya que en estas situaciones triviales no influía en nada. Pero era diferente ahora. Dazai no notó lo que ocurría hasta que el pequeño de 1,60 mt llegó a su altura e inmediatamente lo tomó de la muñeca derecha.

-Estás bajo el contrato de la PM, no puedes usar tu poder –Dazai usó un tono de voz bajo, como si fueran niños haciendo travesuras a espaldas de sus padres.

¡Oh, verdad! Lo olvidé -sonrió inocentemente. 

"Se ve muy lindo así" pensó Dazai cuando conoció el carisma real del pequeño que jamás había mostrado hacia él.

Ninguno notó que la mano del más alto aún sostenía la muñeca del más bajo de forma suave y natural, como si fueran una pareja que lleva casi un año de relación, hasta que este último se tropezó y Dazai logró afirmarlo, ambos se miraron a los ojos pensando "¿cuánto tiempo hemos estado así?", soltaron sus manos y Chuuya se adelantó para entrar primero.

El lugar era grande y espacioso, parecía ser de una temática "gold&white". Todo era de esa gama, desde las paredes, las inmensas lámparas colgantes y mesas, hasta los platos y cubiertos. Muy elegante y moderno. Se sentaron al lado izquierdo en la última fila, junto a los gigantes ventanales.

-¿Qué quieres ordenar? -Le preguntó Chuuya mientras Dazai leía la carta-. No te preocupes, pagaré yo.

Esa última era la frase que el mujeriego escuchaba siempre en sus citas, con mucha suerte él había pagado una o dos veces la comida.

-Pediré comida tailandesa -seguía mirando la carta, aunque ya había decidido. No quería contemplar esos ojos color capri que cada vez lo tentaban más- ¿Y tú?

-Comida francesa quizás.

Pasaron algunos minutos esperando que llegara algún mesero a atenderlos, momento en el cual evitaron mirarse, hablar e incluso intentaron evitar pensar en el otro. Para su desgracia, no lograron eso último. 

Vacaciones ForzadasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora