Capítulo 11

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Xander

Es de madrugada todavía cuando llegamos a Rusia, pero se logra ver a través de la ventana del avión, que el cielo tiene planes en permanecer en gris, así como es el ambiente en estos momentos.

—Xander—

Salgo de mis pensamientos, ante la voz de Valentina; la miro un momento viendo sus ojos rojos, hinchados y cansados de tanto llorar. Me da un asentimiento pequeño.

—Ya hemos aterrizado—

—Claro— murmuro— será mejor que, nos movamos—

Me quito el cinturón de seguridad para ponerme de pie, le tiendo la mano a Valentina quien no duda en tomarla. Ambos caminamos a paso lento para bajar del avión, la brisa fría nos golpea en el rostro, pero eso parece no importarnos.

En cuanto ponemos nuestros pies en tierra firme, mis hombres no dudan en hacer una reverencia en señal de respeto ante la situación, siento como el pecho se me oprime dolorosamente ante el recuerdo.

—Hey— miro a la mujer a mi lado— tranquilo, respira, Xan—

Asiento, Val aprieta mi mano con fuerza. Veo como sus ojos se cristalizan de nuevo, lleva su mano libre hasta el bolsillo de su chaqueta para sacar unos lentes de sol para cubrir sus ojos.

Tironeo suavemente de su mano, ambos necesitamos descansar un poco para prepararnos para lo que viene.

—Vamos, solnischko— susurro— necesitas descansar—

—Sí—

La ayudo a montarse en la parte trasera de la camioneta, mientras que yo me monto a su lado. Yerik y Remy, se suben a los asientos delanteros para irnos, les doy un asentimiento.

—Podemos irnos— ordeno

—Si, señor— responden al unísono.

El vehículo arranca antes de que Valentina y yo, podamos ver como bajan el cuerpo de mi padre del avión, nuevamente van a prepararlo para el funeral. No quise que el encargado de Italia, lo tocara.

El silencio nos acompaña en todo el trayecto, incluso Yerik y Remy parecen estar perdidos en sus pensamientos. Valentina, mantiene su cabeza pegada contra la ventana de la camioneta detrás de los lentes de sol, puedo ver sus ojos cerrados, veo como su pecho sube y baja con tranquilidad, pero sé que no está dormida.

Simplemente, está asimilando todo y esa es su forma de hacerlo.

Aprovecho este lapso para sacar mi teléfono y marcar un número en específico. Maldigo, cuando me manda a buzón; intento con el segundo, pero es lo mismo.

—Dudo, que respondan la llamada— dice Valentina.

Gruño, intentando por tercera vez en vano hacer que me respondan.

—No vendrán, Xander—

—Tienen que, maldita sea— espeto con mal humor— no pueden simplemente seguir comportándose así— niego— tendrán que venir tarde o temprano—

—Pero no lo harán ahora— suspira— les importa un carajo, lo que tengas que decirles en este momento—

—Han pasado cinco años, Valentina— refuto— no pueden simplemente...—

A través de los lentes de sol, puedo sentir su mirada sobre la mía.

—Lo harán y ya lo hicieron, Xander— responde neutralmente— vendrán, cuando todo el rumor se haya esparcido y solamente, pondrán un pie en Rusia para confirmarlo. De otra forma, no lo harán— se encoge de hombros— sabes cómo trabajan—

El amor del ZarHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora