4.♧

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El suave sonido de los golpes contra la madera me devolvieron al mundo real en el que estoy a salvo de los monstruos que atan cadenas a mis muñecas. Otra vez dormí en el suelo y otra vez olvidé quitarme la ropa que llevaba puesta. Siempre hay un "otra vez" que es inevitable.

Entro al baño, sin darle aviso a quien sea que esté al otro lado de la puerta que ya me he levantado y me doy un baño caliente. El agua y el calor del sitio traen a la Valeria que se esconde en mi memoria, la traen para torturarme y recordarme que no esta a mi lado. Mierda, extraño tanto mirarla, tocarla, abrazarla y besarla. Extraño todo de ella.

La figura que mi mente ha dejado escapar se acerca lentamente a mí, la puedo ver acercarse por el gran espejo que cubre toda la pared y cuando esta cerca mío, acuesta su rostro sobre mi espalda con mucha delicadeza y cierra los ojos. Siento como entrelaza sus dedos con los míos, su pequeño cuerpo desnudo pegado al mío, siento el calor que emana de ella que hace desaparecer todo frío que se adhiere a mis huesos y su fragancia que da la sensación de estar rodeado por todas las flores del mundo.

-Criatura vil, me has maldecido y aún así tienes el descaro de aparecer frente a mí...-una pequeña sonrisa se dibuja en sus labios. Si pudiera odiarla, lo haría sin dudarlo, pero es imposible.

Cierro el tubo y la figura abrazada a mi cuerpo se evapora. Ahora sólo queda el reflejo de esa criatura desagradable en la que me convertí. El esclavo del sexo, las drogas, el alcohol y de la muerte. El niño escondido bajo el cuerpo del hombre. El hombre escondido bajo la sombra de quien lo hizo así.

Trato de recordar cuando fue la última vez que me sentí realmente vivo, pero la respuesta no me llega y eso solo significa que fue hace demasiado tiempo atrás. Una vez que me he puesto mi traje, me recuerdo que debo llevarlo con calma hoy. No puedo darme el lujo de estresarme o caeré ahí mismo.

Mientras avanzo hacia la puerta de la habitación me recuerdo tres veces que esto solo es una reunión con todos los compradores de las piezas del imperio de mi padre, solo eso y ya. No es algo sorpresivo o fuera de este mundo. Es solo uno de los tantos pasos del plan de mi padre.

Abro la puerta de la habitación y como era de esperarse, mi nana está de pie esperando a que abra. Su expresión me dice que tiene una disculpa que ofrecerme, pero sé de sobra que su orgullo no se lo permitirá.

-El desayuno está listo, amo...-una pequeña risa escapa de mis labios. Era obvio que no me diría el "lo siento" que se esconde tras esa mueca..
-No tengo hambre...-digo pasando por su lado. Tenía la intención de hacerme el enojado por unas horas más, pero mi plan falló en cuando sus manos se adhirieron a mi antebrazo para detenerme en mi sitio.
-Se lo prohíbo, amo...-quiero protestar que aquí el rol de jefe me pertenece, pero por su mirada debo suponer que mejor debo mantener el silencio y aguardar a que siga.-no puede seguir así, no en su estado de salud actual...-su mirada preocupada remueve algo en mi interior. Parece que realmente esta preocupada.-coma algo antes de irse y así podré seguir con mi día en paz, sin necesidad de preocuparme porque su estómago no tenga más que antibióticos y extractos de pastillas mezclados con whisky...-juro que un día de estos mataré a Samuel por irse de bocón. Le hago un gesto de rendición y ella parece más aliviada.

No hace falta tanta preocupación y cuidado, de todas formas estoy perfectamente sano y con un físico de primera. Bueno, lo de sano queda un poco corto en mi actual estado, pero fingiré que es así en la medida de lo posible para no preocupar a nadie.

Traté de comer todo lo que estaba en el plato mientras ella permaneció sentada frente a mí. Hice mi mayor esfuerzo para contener mis ganas de vomitar causadas por los medicamentos de mierda que me dio el doctor ayer, pero en cuanto llegue a la empresa, voy a escupir todo.

Condena Prometida. ♧ [Completa]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora