Creía que cuando decían que un corazón sano es el placer más grande que sentirás en toda tu vida era la basura más grande de la historia. Pero estaba más que equivocado.
Verla llegar a mi casa con sus maletas, con una pequeña sonrisa nerviosa y quizá su corazón palpitando al mil en su pecho, me hizo darme cuenta que no había sentido tremenda felicidad en muchísimo tiempo.
En el instante en el que dejó caer sus maletas y me envolvió con sus brazos, la pregunta que el padrastro de Victoria siempre me repite vino a mi mente: "¿Has vuelto a tener un buen día?". Podría contestar con toda seguridad que sí, debido a que mis mejores días han sido al lado de ella.
Las tardes transcurren lentas mientras las paso a su lado, ya sea comiendo a su lado mientras reímos por alguna cosa, acostados viendo alguna película que se le antoja, teniendo sexo apasionado en mi habitación, tomando largos baños que terminan en anécdotas que ella no recuerda, pero ama escuchar para imaginarlas y las últimas (que son mis favoritas), las tardes que pasamos sentados en el jardín de rosas tomando café, leyendo o simplemente abrazados mirando el cielo mientras le susurro cuanto la amo.
Los días en los que soñaba con tenerla a mi lado se han ido y ahora ese sueño se ha vuelto mi realidad. Mi hermosa y perfecta realidad en la que, la mujer a la que he amado toda mi vida finalmente está a mi lado.
Todo es como un sueño. Un hermoso sueño que por ratos duele. Una fantasía creada por el cielo para mantenerte cuerdo en el infierno. Una ilusión impuesta por un ángel que sabe el amor que siento hacia ella.
Pero.....
Nada......
Dura.....
Para......
Siempre...
Mantengo la mirada pegada en un solo punto de la pared detrás de él, a la espera de que lo que ha dicho sea mentira. Mis manos parecen haber perdido su fuerza y mi cabeza se ha quedado en blanco.
Paso mi mano sobre mi cabello cuando me habla sobre el tratamiento que debo llevar lo más pronto posible. Parece que las señales que me estaba dando mi cuerpo era más que todo una advertencia.
Él arrastra la hoja por el escritorio con todas las indicaciones hacia mí y yo, sin saber que demonios haré a partir de ahora, la tomo. Todo lo que dice en esta maldita hoja me parece una puta broma de mal gusto.
Cubro mis ojos con una mano y dejo salir el aire que me esta quemando todo por dentro. El leve temblor de la mano que tengo sobre mis ojos me demuestra que nunca esperé esto, más si lo imaginé un millón de veces.
Me levanto de la silla lentamente, aún con la esperanza de que me diga que esto es una broma y giro en mi sitio. Debo decirme a mí mismo que esto es real, que no es una broma o una pesadilla se las tantas que he tenido.
Salgo del consultorio y avanzo a paso lento por el pasillo. Siento que he caído en una realidad alterna a la mía y que ahora mi más grande preocupación no es Hope o sus amigas, sino Valeria. Mi gran y único amor.
Mis pies se niegan a ir un poco más rápido, mis manos parecen querer mantenerse como piedras y mi mente se ha quedado en completa neblina. ¿Cómo le diré esto? ¿Cómo podría revelarle esta porquería en este momento?
Me detengo en el sitio y dejo que mi cabeza se calme. Necesito acomodar todo, mantener la calma, respirar y encender que esto es real, que esto está sucediendo y que no tengo tiempo para estar como un maldito niño indefenso.
Dejo escapar el aire y niego un par de veces para luego seguir mi camino con un poco más de seguridad. Pronto deberé decirles a Valeria, a Samuel, a Julieta y a Damián.
Salgo por la puertas y avanzo por el estacionamiento hacia mi auto. Cuando llegue a la oficina, debo hacer un par de llamadas a los abogados, a mi psicólogo y los aliados de mi empresa para realizar una reunión de emergencia.
*Latido*
Mi cabeza cae de golpe a la oscuridad y de alguna forma se queda en completo silencio nuevamente. Es como si ese pequeño instante hubiera sido un arranque de valor en medio de la noticia que recibí.
Mi teléfono empieza a sonar y yo tardo unos segundos en contestar. Como si estuviera conectado con mi mente, mi psicólogo ha decidido llamarme en el preciso instante en el que me he hundido en la oscuridad nuevamente.
-No tenemos sesión hoy...-digo cuando contesto. Diría que me extraña, pero eso sería muy extraño.
-Me han informado que hoy te han entregado el resultado de los exámenes...-dejo escapar el aire al tiempo que paso una mano por mi cabello con lentitud.
-El hospital debería respetar la intimidad de los pacientes o al menos tu hermano debería respetar mi intimidad...-eso le arranca una risa. Lo imitaria si el asunto no fuera algo que me fastidia.
-Llevas siendo mi paciente por muchos años, no esperes que respeten tu vida privada cuando me la cuentas con lujos y detalles...-eso logra sacarme una ligera sonrisa llena de fastidio. Deseo que él me diga que su hermano solo bromeaba.-¿me dirás el resultado o debo sacárselo a mi hermano?...-abro la puerta del conductor y entro muy lentamente al auto.La primera prueba de fuego es decirle a este hombre que me ha conocido por años lo que sucede, pero mi garganta parece haberse quedado sin fuerza y mi boca se ha secado en un dos por tres.
Niego con la cabeza un par de veces y dejo escapar el aire nuevamente para volver a tomar una enorme bocanada que me dé el suficiente valor para atravesar esto. Nadie me dijo que esto sería tan jodidamente complicado.
-Yo...-empiezo a decir cuando finalmente tengo fuerza para hablar. Esto es una porquería.-estoy...-cierro los ojos con fuerza y muerdo mi labio inferior.
-Me haces creer que estas muy enfermo, chico...-abro los ojos nuevamente y trago una roca de saliva que tengo en la garganta.
-Lo estoy...-digo casi inaudible. Estoy tragando piedra tras piedra de saliva.-yo...-bajo la mirada hacia la hoja que me dio el doctor en la que la palabra "Quimioterapia" resalta más que ninguna.-tengo cáncer...-paso una mano por mi cabello al tiempo que una lágrima cae sobre la hoja sobre mis piernas.
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Condena Prometida. ♧ [Completa]
RomanceSegunda parte de: Tentación prohibida. ♤ La condena que ella le envío ese día en su oficina parecía cumplirse día a día durante dos largos años desde que la vio por última vez, cada día se sentía peor la soledad y su infierno tomaba más fuerza. Ya...