2- Nuevos profesores

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El día había llegado. Hoy, oficialmente entraban a la Academia Kimetsu. 

—Nezuko, ¿ya terminaste?

La pelinegra bajó las escaleras.

—¡Lista!

—Bueno, vamos, mamá ya nos está esperando en el auto. 

Definitivamente, Nezuko ganaría varios pretendientes.

—————

—¡Nos vemos en la tarde mamá! —dijo el pelirrojo a su madre, cerrando la puerta del vehículo.

Aunque sean una familia ocupada, siempre tienen tiempo para atender a sus hijos. La panadería Kamado quedaba relativamente lejos de la escuela, por lo que el uso del auto era casi obligatorio.

—¡La escuela es enorme! —exclamó la joven pelinegra—. ¿Sabes dónde está mi aula?

—Edificio al este, segundo piso, Nezuko.

—Gracias, Tanjiro.

La pelinegra se fue corriendo hacia el lugar designado por su hermano.

Tanjiro suspiró. Confiaba en Nezuko, sabía que ella podría defenderse en cualquier situación que se le atravesara, pero se encontraba un poco nervioso. En verdad esperaba que ella pudiese hacer amigos.

Pero dejando esos pensamientos pesimistas de lado, él subió hasta el último piso de la escuela, a donde estaba su aula.

—¡Vamos Monitsu! ¡Pásame la tarea! —gritaba el chico de la cabeza de jabalí.

—¡Ni mergas, Inosuke! ¡Mi hermano me hizo hacerla desde cero, y no pienso dártela!

—¡Con más razón!

—¡Inosuke! —gritó Tanjiro con tono autoritario—. ¿Qué te pasa?

El joven, a pesar de llevar su cara oculta, podía denotar su furia. Bueno, más bien, era el olfato de Tanjirō el que detectaba el mal humor del cerdo.

—Monjiro... ¡quiero mi venganza! 

—¿Por qué no te aprendes mi nombre?

—Tanjiro... —interrumpió el rubio— este idiota no sabe pronunciar nombres. No es culpa del cabezazo del otro día... es que se cayó de chiquito.

—¡Cállate, Monitsu!

—¡Cállense ustedes! —interrumpió Genya.

"Gracias a Dios..." pensó Tanjiro. 

—Tanjiro, siéntate ahí —señaló un espacio—, estarás al lado de Zenitsu. Yo controlaré a Inosuke al otro lado del salón —dijo tomando al cerdo por el cuello de la camisa.

—Gracias, Genya... —se volteó para hablar con el rubio—. ¿Es normal que no se abroche la camisa? —susurró.

—Quiere "demostrar su hombría" —susurró de vuelta.

Ambos se sentaron en sus lugares.

—¿Con qué clase empezamos hoy?

—Física... con el hermano de Genya —dijo bostezando

—Oh no...

Los minutos iban pasando, y el sudor iba bajando por su cuerpo. Se quitó el suéter de cuadros negros y verdes, y seguía sudando. Su olor era potente, pero no solo por el sudor, si no que él estaba emanando un olor a nervios. 

El aula se iba llenando, hasta completar a los 20 alumnos que la componían al completo. El timbre sonó, todos en sus lugares, y el miedo se apoderaba del pelirrojo.

Instructora | TanjiKanaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora