13- Quemaduras

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—¡Ah! —gritó el pelirrojo.

—¡No te muevas! —ordenó Kanao entre dientes.

Tanjiro intentó bajarse de la camilla de la enfermería.

—¿A dónde crees que vas? —lo empujó, poniendo su mano en el pecho para devolverlo a la camilla.

—¡Eres muy brusca con esa crema!

—¡Tamayo-sama me ordenó aplicar fuerza! Si no lo hago así, la crema no será efectiva.

—¡Duele!

—¡A mí me duele aún más ver tu carita toda quemada!

¿Qué sucedió?

Algo que Kanao había dejado en claro hacía pocos días atrás, era que Tanjiro era exclusivamente para ella. Aun así, algunas chicas envidiosas no se detuvieron, y siguieron proponiéndole a Tanjiro, propuestas que él rechazaba, obviamente.

Un día, o mejor dicho, ese mismo día por la mañana, una chica de primer año se le declaró usando postres que ella misma preparó.

Eso era falso. Tanjiro la había visto durante la mañana, en la panadería de su familia, comprando exactamente los mismos postres que le estaba regalando.

Por decirle sus verdades, ella solo se retiró (habiéndole entregado la comida a Kamado), posteriormente regresó con una taza de café caliente. 

¿Qué tan caliente? Casi tan caliente como Kanao cuando está solita con su novio. Casi tan caliente como Zenitsu con cualquier ente de sexo opuesto. Casi tan caliente como Mitsuri cuando ve a cualquier ser humano con físico de adulto (aun si es alguno de sus estudiantes). Casi tan caliente como... ¡bueno, ya entendimos!

Eso provocó quemaduras en el rostro de Tanjiro. Su piel estaba casi tan roja como sus ojos o su cabello.

¿La chica que le lanzó la taza de café? No se le ha dado un castigo severo, al menos por parte de las autoridades institucionales.

A Tanjiro se le envió a la enfermería, y la directora Tamayo, que también era enfermera, decidió consentir a Kanao, dejándola aplicar la crema a Tanjiro.

Y volvemos al presente.

—Eso fue muy romántico de tu parte, Kanao —rio.

—Y podría ser más romántica —untó crema en sus dedos—. Si esa mocosa no te hubiese quemado —pasó los dedos por su mejilla derecha.

—¡Auch! 

Solo estaban empezando, ella solo llevaban la nariz y esa mejilla.

—¡Cállate!

—¡Duele! 

—¡Aguántate el dolor!

—Es difícil.

Ella estrelló sus dedos untados en crema en la mejilla izquierda del contrario.

—Yo me estoy aguantando las ganas de comerte a besos y no me quejo.

—Pero tu cuerpo lo manifiesta.

—¿Qué?

—Huelo tu...

—Ok, ya entendí, gracias.

Quitando los quejidos de Tanjiro, la habitación estaba en silencio absoluto.

—Ya terminé con tu rostro.

Tanjiro suspiró de alivio.

—Abre tu camisa.

No se podía distinguir si el rojo de la cara de Tanjiro era por su quemadura o por la vergüenza.

—Pervertida.

Instructora | TanjiKanaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora