[12] Hallucinations

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Unas figuras anormales bailan en una esquina de su cuarto, KiBum parpadea y abre los ojos para ver mejor a las sombras que están dando vueltas, una de ellas tiene unos enormes ojos blancos y lo mira con brusquedad. Los otros dos sonríen y KiBum mejor se esconde bajo las cobijas.

     —Quítala —susurró uno de ellos.

     —Vamos a ir a por ti si no lo haces. — sus risas escalofriantes erizaron los vellos de Key, causando que se acurrucara contra la pared—. Aunque te escondas podemos verte.

Trató con taparse los oídos pero las voces no se iban. No tenía mucho de haber tomado sus pastillas para que los episodios psicóticos terminasen, sin embargo, cada día era más difícil deshacerse de las alucinaciones que traían consigo.

No siempre eran malas, a veces puede hablar con su abuela o sus perros tienen voces propias. No se ha causado demasiado daño, un par de veces en el hospital es poco para las personas que tienen padecimientos similares al suyo y que no tienen a nadie que los acompañen.

     —Ki-Bam-ie. — las manos de uno le acariciaron el tobillo y lo jalaron hasta la orilla de la cama—. ¿Estamos jugando a las escondidillas?

Su pecho empezó a subir y bajar como una bomba. Cerró fuertemente los ojos y sus manos se mantuvieron pegadas a sus orejas. Un tirón más y gritó del susto, pateando contra el aire para que aquellos seres lo dejasen en paz.

Más risas que se hicieron escabrosamente graves.

Llorar no le serviría de nada a KiBum, pero de todos modos lo hizo, sollozó de amargura, lleno de impotencia por no poder hacer nada más que permanecer con los monstruos de su mente. Sus puños golpearon varias veces los costados de su cabeza, aunque el dolor no logró disipar los toques que jugaban sobre su cuerpo.

     —¡Está asustado el pobre niño!— la voz se le pegó a la oreja y sintió la respiración ajena acariciarle con frialdad—. Déjame verte KiBammie.

     —Dejen de estarlo molestando. —Habló desde otra parte una voz masculina, blanda y nada similar a las burlonas de antes—. Ya le han hecho suficiente.

     —¡Jonghyun!— KiBum se destapó las cobijas y corrió a los brazos del chico que le defendió de los tres entes oscuros. El joven más bajo que él le abrazó mientras le daba palmaditas suaves en la espalda—. Pensé que no vendrías hoy...

     —Siempre estoy aquí, solo tienes que pensar en que quieres verme.

A Key le gusta pensar que Jonghyun es un amigo real, y no otro producto de su imaginación como lo es casi todo en su vida. Fue hace un año que el hombre de cabellos rosas se sentó en la silla de su escritorio, presentándose como un chico de veinte años que estaba ahí para cuidarlo. Jonghyun es de las pocas personas con las que puede hablar coherentemente. Tienen gustos similares, sus intereses apuntan a las ramas del arte y el ocio, así que charlar siempre calma a KiBum.

     —¿Por qué tomaste más pastillas?

Key no quería responder.

     —KiBum... No debes tomar más dosis de las que mencionó el doctor. Esta vez fueron ¿Siete? ¿Ocho?

     —Las cosas no se callan —Interrumpió. —Tomé una hace una hora y no funcionó, después otras tres y... No hubo nada. Tengo que tomar mi medicina Jonghyun, solo le hice caso al doctor.

     —El doctor dijo que es una cada doce horas. Estás delirando ahora mismo, es peligroso que estés solo.

     —¡Estoy contigo!

     —Yo no le puedo hablar a una ambulancia ni a nadie KiBum. —Jonghyun le acarició el mentón y le miró con una tristeza que jamás le había dedicado—. Solo tú eres real en esta habitación.

KiBum buscó a sus mascotas en el cuarto. Comme Des y Garçons desaparecieron de su cama, ya no estaban durmiendo plácidamente, ni los encontró jugando en el suelo, inclusive, tampoco estaban sus platos de comida ni agua.

     —¡Comme Des! ¡Garçons! —gimió, gritó otra vez pero los perritos no movieron sus colas ni sus uñas se escucharon crujir—. ¡¿Dónde están?!

Jonghyun le abrazó por la cintura y le pegó a él, las palmadas tranquilizadoras regresaron, pero en esta ocasión no calmaron a KiBum. Miró hacia todos lados en su cuarto, las sábanas eran blancas en vez de azules y las cosas eran menos cada que parpadeaba.

     —Tienes que llamar a alguien. No queda mucho.

     —No puedo... No quiero.

Las manos fornidas de Jonghyun se ciñeron en los hombros de KiBum, le agitó con prisa mientras negaba. Los dientes del mayor rechinaron por la ansiedad y sus comisuras apuntaron hacia abajo, todo porque KiBum no salía de su estado de shock.

     —¡Rápido! ¡Tienes que llamarle a la maldita ambulancia!

     —¿Para qué? — KiBum recordó trozos de su vida. Sus perros le fueron arrebatados por uno de sus familiares por miedo a que no los supiera cuidar. Las sombras que vio eran parecidas a sus padres, y Jonghyun no era más que alguien que alguna vez conoció, pero que él mismo decidió darle esa personalidad—. Lo hice a propósito...

     —KiBum, tienes que llamarle a alguien. No estás razonando.

     —Me tomé todo el frasco, y no solo fue ese... —Los botes vacíos estaban en la mesa de noche junto a una botella a medio beber—. Quería que esto pasara, Jonghyun. Tú eres como una consciencia ¿Verdad? Eres la última partícula con cordura que me queda.

     —Es por eso por lo que tienes que hacer lo que te digo, vamos, dime dónde está tu teléfono, lo traeré para ti.

KiBum tomó la mano de Jonghyun y lo condujo a su cama, ahí, se recostó sobre él y se calmó con los latidos rítmicos del corazón ajeno. Su pecho cálido podría ser una simple almohada, pero su mente la convertía en ese perfecto hombre.

     —Quedémonos así, Jonghyun. Esto ya va a acabar.

     —No lo quieres...

     —Me gusta estar contigo, pero si sigo con el tratamiento dejaré de verte, y tú eres la única persona que está a mi lado. ¿Para qué debo curarme cuando nadie me espera sano? Déjame estar aquí hasta que todo se vuelva oscuro. 

It's Never Time [SHINee]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora