[13] Drugs

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La música era mala, el olor a cigarro le estaba llenando los pulmones a MinHo de tantas cosas dañinas que poco le importaba meterse sustancias peores. Alcohol fuerte, churros de marihuana y la promesa de aspirar la línea blanca de la mesa que comparte con otros amigos.

No ha dejado de reír, le encanta ver a KiBum bailando él solo, creyéndose un maldito artista cuando el hombre tendría que regresar al día siguiente a su cuarto de mierda en las orillas de Seúl. TaeMin le enseña una bolsa con más hierba y le besa en los labios para agradecerle por ser tan compartido.

—¿Otra ronda? — pregunta Jonghyun antes de ir a la barra. El joven detrás le dio una botella con líquido transparente, podría ser vodka, pero ya saben que es todo menos eso.

Cuando regresó a la mesa Jonghyun, MinHo lo abrazó por los hombros y le sirvió él mismo en un vaso desechable. Jinki le puso un cigarrillo en la boca y aspiró lentamente el relajante natural.

En ese sitio, se podían olvidar de sus problemas fácilmente. TaeMin ya no pensaba en que debía pagar sus deudas, Jonghyun no tenía que trabajar para pagar el tratamiento de su madre y Jinki dejaba ahí el dolor que taladraba su corazón.

MinHo adoraba ser él, sonreír para todos y disfrutar de todos los placeres prohibidos de la sociedad coreana. Beber, drogarse, pasar el tiempo entre distintos tipos. La sensación de estar volando le dibuja el placer en el rostro, el alcohol lo pudo marear, pero jamás lo detuvo de seguir aspirando lo que el mundo estaba dispuesto a darle.

Jinki le enseña la lengua con un cuadro con un dibujo extraño y sonríe por la buena voluntad que tiene su amigo para besarlo y compartir el efecto del LSD. MinHo lo pega por las caderas y se quedan besando hasta que ya no sienten que puedan mezclarse más.

—De nada—. Le susurra el mayor, sacándose otro cuadro, dispuesto a compartir con alguien más otro pedacito.

Si las luces eran maravillosas, ahora son una sinfonía de conservatorio y que bailan al compás de la música que parece ser tocada por Mozart. Son como caleidoscopios de colores, en tonos pasteles, neones y metálicos que le ofrecen a MinHo el espectáculo más fenomenal de su corta vida.

TaeMin le besa el cuello y le retira con cariño el rastro blanco que se le ha pegado a la nariz, mientras que KiBum le arrebata el cigarro a la mitad para darle una buena calada y pasárselo a Jonghyun sin asegurarse de que MinHo estuviera de acuerdo con su decisión.

—¿Lo sientes?

No sabe quién pregunta, nada más responde con la cabeza. Está tarareando la canción que suena en su cabeza, una melodía que si bien es lenta, tiene el ritmo suficiente para que su cuerpo se balancee de un lado a otro pausadamente.

Hay manos que le acarician el torso, besos que caen en su lóbulo y parte de los labios. La música se convierte en persona, tocándolo a él como un instrumento magistral. Manos ásperas, uñas que dejan marcas y el dolor de sentirse invadido por diferentes zonas.

TaeMin le mira desde un sillón, sentado y en su propio viaje. Jinki retira líneas blancas sin descanso y a sus otros amigos los ha perdido entre la pista, o podrían estar tirados en el suelo como ha sucedido antes.

Poco a poco, las luces dejan de ser piezas de vidrios coloridos. Le calan en los ojos, son tan brillantes que hacen que vea al tipo que le ha estado tratando como quiere. No sabe porqué sus pantalones están en el suelo, ni en qué momento se ha recargado en una de las sillas rotas del lugar.

—Joder...— lo que empezó con una sensación de inefabilidad, se va esfumando como el humo que se escapa por la ventilación.

Avienta al hombre que jugaba con su cuello. Sus pantalones regresan a su sitio, y perdido por el ruido, MinHo se tambalea entre las personas. Nadie tiene rostro, solo son máscaras negras sin ojos, por lo que nadie lo ve, como un peón distante y sin propósito. La melodía de Mozart se acelera y el piano ya no acaricia las notas, son golpes duros y llenos de rabia que le dan jaqueca.

¿Tan rápido está perdiendo las alas?

Es por el efecto de las drogas que no siente que esté nevando ahí afuera. Confunde la sensación de frío con el abrazo de un buen amigo, los cláxones con las palabras de orgullo que alguna vez escuchó de sus padres y los señalamientos de las personas con alabanzas.

Le es incómodo sentarse en una banqueta fría, la nieve le moja la ropa y lo confunde con que está en la playa. Las sensaciones que le mantuvieron la mente ocupada se van yendo como sus ganas de seguir. Cada día empeora, porque los efectos no duran lo suficiente para sacarlo de su realidad.

Si tan solo pudiera vivir en su imaginación.

O en ese mundo sin dolor que reencuentra cada noche.

Así no tendría la necesidad de meterse tanta mierda. Lo peor es que nada le ha tirado. No ha habido forma para que la pesadilla termine, ya sea que despierte en la calle, en una casa que no conoce o en un hospital. Muchos lo podrían llamar suerte, pero MinHo prefiere catalogarlo como una broma.

¿Cuántas sustancias le faltan para llenar el vacío? 

It's Never Time [SHINee]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora