D I C K

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POV Narrador omnisciente

Megan no se explicaba el por qué no dejaba a Maddy, sabía que merecía algo mejor, alguien al que no tuviera que compartir. Pero no se podía alejar de Maddy, parecía que un imán la apegaba a ella, por más que quisiera estar con otras personas no podía. 

Porque ellos no eran Maddy, ni siquiera se acercaban.

Cuando veía a otras chicas las separaba por categorías, "Maddy" y "No Maddy". A veces se acercaba a las que tenían la etiqueta de "Maddy", pero solo se parecían en el exterior, no le provocaban esa chispa que Maddy solía poner en su interior.

Maddy la hacía sentir deseada cuando la miraba fijamente con sus grandes ojos oscuros, como si un gato estuviera ansioso por incrustar sus uñas en un pequeño ratón, y eso a Megan le encantaba. Le gustaba la manera en que Maddy conseguía dominarla y cómo su cuerpo reaccionaba ante las caricias de sus suaves manos. 

La hacían olvidar que afuera de su burbuja todo era oscuridad y miseria.

Megan no se imaginaba casada con Maddy y teniendo una gran casa con dos perros, aunque no le disgustaba la idea de envejecer junto a ella. Había algo que no la dejaba pensar en el futuro, tal vez era porque sabía que en un futuro Maddy terminaría encontrando a alguien mejor que ella o a Nate. Además, Maddy era de la clase de perra que cuando la herías, se aseguraba de herirte también.

No le gustaba ver a Megan con otras personas y menos si eran mujeres, la hacían sentir reemplazada, un poco hipócrita ya que ella se acostaba con Nate, pero esa noche en la fiesta de McKay intentó llamar la atención de Megan de la peor manera posible.

Supo que había mandado todo a la mierda cuando encontró a la chica inconsciente en su auto. Con ayuda de sus amigas la pasó al asiento trasero del auto y condujo hasta su casa. 

Cuando despertó esperaba encontrar a la chica durmiendo a su lado, pero lo único que recibió fue a Kat diciéndole que se había ido y la había mandado al demonio. 

Se recostó un rato más en la cama y gritó frustrada antes de pensar una manera para que su chica la perdonara. Pensó en mentirle y decirle que no era consciente, que no estaba en sus cinco sentidos, pero Megan era sagrada, no podía mentirle y no lo haría. Aunque tal vez esa sería la mentira que le diría a Nate más tarde.

Cuando sus amigas se fueron, Maddy llamó a Megan tantas veces que perdió la cuenta, por lo que su otra alternativa era ir a su casa. 

Pasó antes a comprar algunos panecillos con nueces y un par de batidas de chocolate, estaba convencida de que si le llevaba algo que le gustaba sumaría puntos. Se iba a ganar un regaño por parte de su entrenador por comer tantas calorías, pero si Megan la perdonaba valdría la pena. 

Cuando llegó a la casa de la chica más alta vio que solo su auto estaba afuera, por lo que dedujo que estaba sola en casa. 

Casi derribó la puerta delantera intentando que la chica le abriera, pero no dio señales de vida, por lo que caminó hasta estar debajo de la ventana de la chica. Estaba a más de dos metros de alto, pero para Maddy Pérez no hay altura que la detenga. O eso se repitió mientras escalaba la pared hasta llegar a la ventana. Tuvo suerte de que no estuviera bloqueada, ya que había gastado toda su energía subiendo.

Cuando entró a la habitación vió cómo Megan observaba su patético intento de entrada desde su cama.

Maddy se recompuso rápidamente y le dio una sonrisa, la cual no fue bien recibida.

-

POV Megan

Después de ignorar las llamadas de Maddy tanto a mi celular como a la puerta principal, le quité el seguro a mi ventana cuando escuché sus intentos de subir hasta la ventana. 

She Love Control | Maddy Pérez Donde viven las historias. Descúbrelo ahora