Narrador omnisciente
Aunque Megan nunca tuvo problemas de personalidad, depresión o agresividad. Antes de conocer a Rue y Lexi, ser cambiada de escuela y que su vida fuera transformada a lo que conocemos actualmente, Megan mandó a dos chicos a la sala de urgencias.
Pero no eran simples chicos; eran los que llevaban haciéndole la vida imposible desde los siete años.
No les prestaba mucha atención cuando decían que su madre era una puta y probablemente había muerto por sida, o que su padre debió ser tan feo que podría ser el hermano de Voldemort.
Lo que la hizo realmente enojar, a tal punto de que sintió su sangre calentarse y solo quiso sentir la sangre de esos chicos deslizarse por sus dedos, fue cuando hablaron de sus abuelos.
—Apuesto a que la secuestraron de un hospital— fue lo último que dijo el pequeño Billy Fernández antes de terminar inconsciente debido al golpe de una silla.
A comparación de su compañero, Billy tuvo suerte; al otro mocoso Megan se encargó de romperle varios huesos, entre ellos la clavícula y un brazo.
Cuando Megan descargó todo su enojo con los chicos, sabía que se iba a meter en serios problemas, pero, para su suerte, había visto mucha TV. ¿Y saben qué hacen grandes cantidades de horas frente al televisor sin supervisión adulta? Exacto: te dan conocimiento.
Sabía que debía parecer una escena en la que ellos habían empezado, y aunque ellos habían empezado, también sabía que las madres de los niños dirían que hacerle bullying a alguien no era algo tan grave y que solo eran niños.
Megan tuvo que contener la respiración varios segundos mientras se golpeaba algunos lados de la cara varias veces con el objeto más duro que encontró. Después rompió su lindo vestido y esparció sus cuadernos por todo el salón.
Así fue como, cuando terminó la hora del almuerzo y la profesora regresó al aula, encontrándose a dos chicos inconscientes y a una pobre niña asustada llorando en una esquina del salón, supo que su plan había funcionado, ya que no le hicieron ningún tipo de pregunta.
No había sentido un odio tan profundo hacia nadie desde aquel entonces. Lo más parecido había sido cuando se enteró de que Nate y Maddy tuvieron sexo por primera vez.
Pero no se comparaba a lo que estaba sintiendo en esos momentos. Si ya odiaba a Nate por quitarle a su chica, lo odiaba aún más por no saber valorarla ni respetarla.
Mientras se dirigía camino a casa de Lexi, pensó en docenas de formas de obtener venganza, pero todas terminaban con alguien muerto.
Decidió no contarle lo que había pasado a Lexi, ya que, a pesar de que confiaba plenamente en ella, no quería testigos en su muy posible venganza.
Durante el fin de semana se la había pasado ignorando a Maddy, no porque la hubiera amenazado de muerte solo por defender a su estúpido agresor, sino porque había estado ocupada vigilando cada paso que daba Nate, cada estúpido movimiento.
—Deberías darle su merecido, algo como sorprenderlo cuando esté solo y darle unos cuantos golpes— fue lo que le dijo Ash cuando le había comentado lo muy jodidamente enojada que estaba.
Y eso haría. Eran casi las seis de la mañana y se encontraba a unas cuadras de la casa de Nate, esperando a que el chico terminara de correr.
Tenía un bate de béisbol en su mano derecha mientras se escondía detrás de unos arbustos. Estaba en la posición exacta donde ninguna estúpida cámara de alguna estúpida casa pudiera grabarla.
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She Love Control | Maddy Pérez
FanfictionNo se si fue su jodida confianza, lo que me hace sentir cuando esta cerca o que fue la primera chica que hizo sentir segura de mi misma lo que me terminó enamorando perdidamente de ella. De lo que estoy segura es que estoy malditamente perdida en to...
