- Maldición -

32 7 0
                                        



Jimin

He descubierto una cierta tendencia en mi a confundir hechos simples con señales divinas, imaginando que vienen de lugares no relacionados con mi vida presente. He perdido la capacidad para definir si fue enemigo o aliado el recuerdo que llega, porque lo hace sutil y discreto, a ras de suelo como reptil. Así no soy capaz de reparar en el malestar que me provoca hasta que por descuido toco algo relacionado. Es entonces cuando recibo todo como una revelación.

Era un adolescente apenas cuando fui desventurado. Me enfrenté por primera vez al egoísmo de almas envilecidas. Mi rechazo no fue recibido como una simple defensa a los principios morales individuales, porque la sociedad y mi religión de aquel entonces imponían normas estrictas. Vengo de una nación con tradiciones arraigadas y profundas, donde aún se practica la preservación del linaje. No quedé exento de una invitación a matrimonio de tal índole.

Esa y muchas otras tardes lloré al ver como mi familia se dividía por mi causa y una guerra era declarada entre dos hermanas. Sin embargo, el evento se fue de mi memoria con el tiempo y las circunstancias nuevas de las que busqué rodearme al abandonar mi país.

Mi madre aseguró que las maldiciones no tenían efecto cuando llevas a Dios dentro y tu fe es capaz de mover montañas.

Han pasado veintiséis años desde que mi tía escupiera en el suelo después de pronunciar mi nombre y la sentencia de que jamás encontraría a un hombre que me hiciera feliz como aquel que estaba rechazando. No podía y ella debió entender mis razones. Habría sido un sacrilegio aceptar a un hermano de mi sangre como esposo.

Soy un hombre de más de cuarenta, solitario pero no ermitaño, que no ha dejado de buscar la felicidad. Diría así por simplificar el asunto y no profundizar en los detalles que hablarían más de mi persona.

Ahora con el corazón hecho pedazos por cuarta vez, busco la liberación de la carne como única vía para salir de este caos repetitivo que me hace saltar de un fracaso a otro.

Mi tía no sólo sentenció que nunca llegaría a ser esposo de nadie, sino que me condenó a vivir un infierno de descalabros amorosos en todas las formas posibles. Juré que las mujeres eran lo mío y que por eso rechazaba a mi primo hermano en matrimonio.

Esta será la última vez.

He estado a punto de que el dolor y el orgullo me transformen en alguien vil que maldice como ella. Y no lo permitiré. Rogaré por el perdón de Dios en algún momento antes de partir.

Me separa de la liberación del alma, sólo aceptar la idea de que acabar con todo es la única vía. Deseo burlarme de esa mala suerte que me persigue y descansar. El suicidio me liberaría de esta competencia en la que se ha transformado mi vida. Así podría reencarnar en otra, sin arrastres.

Estoy listo para irme, pero si alguien aquí sabe cómo romper maldiciones o como encontrar a Jungkook que me diga, antes de que acabe el conteo y apriete el gatillo.

𝙳𝙴𝚂𝚃𝙸𝙽𝙾 ••𝗄𝗈𝗈𝗄𝗆𝗂𝗇••Donde viven las historias. Descúbrelo ahora