Emma.
Los días pasaban y con eso el vientre de Regina crecía más y más, en poco tiempo se notaría y entonces la gente hablaría de verdad. Ella dice que no le molesta que hablen de ella, pero a mí sí, es mi mujer y es mi bebé y no lo podía decir a todo pulmón, porque Regina le temía la reacción de mi madre. Por fin estábamos juntas y no podía estar con ella como quería y eso me frustraba. Una tarde quedamos para almorzar en la mansión, ella estaba dormida en el sofá, al parecer había llegado algo tarde, quise despertarla con un beso, pero dio un revés en la nariz, mientras me ponía hielo, le dije que quería mudarme con ella y aunque quiso evitarlo, llegamos a un acuerdo, pasaríamos los fines de semana juntas.
El primer fin de semana jamás lo olvidaría.
Después de dormir a Hope contándole cada cuento que me sabia, porque por alguna razón no se dormía rápido, y no lo entendía, jugamos mucho, para que quemara energía y al parecer fue todo lo contrario, cuando al fin se quedó rendida, salí de puntillas de su cuarto, dejé la puerta entornada y entré al cuarto de Regina, ella estaba muerta, profundamente dormida. Suspiré algo frustrada y es que yo quería pasar la noche haciéndole el amor, celebrando nuestro primer fin de semana juntas, lo más irónico es que no me podía molestar con ella, el embarazo consume mucha de su energía y eso me preocupaba. Me cambié e hice mi rutina para antes de dormir y con un suspiro cansado me metí a la cama, le di un beso a Gina en el hombro y me acurruqué contra ella, rodeándola con mis brazos.
Esa noche, aprendí algo muy importante sobre Regina, sabía que había tenía una vida dura en su juventud, que la derivó a hacer quien fue, pero había una parte de ella que nadie sabía, una muy íntima, y esa noche lo descubriría.
En algún punto de la noche, ella se comenzó a agitar entre sueños, me desperté y me acerqué a ella.
- ¿Regina? –la llamé.
-déjame, por favor. –dijo entre sollozos.
Eso me alarmó, está llorando en su sueño.
Me levanté y encendí la lámpara de mi mesita de noche. Regina se revolvía en su sueño, la toqué su hombro y la llamé, pero se alejó de mí.
-cariño, despierta. –le pedí cerca de su oído.
Al despertar se incorporó y se apoyó contra el cabecero, recogió sus piernas, las rodeó con sus brazos y escondió su cabeza entre ellos, temblaba y sollozaba. Había visto a Regina frágil algunas veces, pero esto no se comparaba a nada de lo que hubiese visto antes, esto era a causa de pesadillas, lo sé porque podía sentir su temor.
- ¿Gina, cielo, estas bien? –pregunté quedamente cerca de ella. No me respondió, seguía meciéndose mientras lloraba. - ¿mi amor? –la llamé y le toqué el hombro.
Se encogió como si la hubiese lastimado, levantó la mirada y el temor en ellos rompió mi corazón.
-por favor... no me te toques. –me pidió con voz quebrada.
-está bien. –dije dándole espacio –estoy junto a ti ¿está bien? –dije y ella asintió.
Estuvimos un buen rato sentadas en la cama, una al lado de la otra, ella intentado controlar sus temblores y lágrimas con la mirada perdida y yo con mis ojos en ella, sosteniendo mis manos para no tomarla y estrecharla contra mí, pero lo que había soñado la había dejado perturbada, mi cabeza no dejaba de maquinar las posibles pesadillas y cada una de ellas me enfurecían, porque empezaba a pensar que se trataba de maltratos.
Necesitaba calmarme así que le dije que bajaría para traerle algún té, eso podría calmarla.
Mientras ponía el agua a hervir y buscaba las bolsitas de té, mi cabeza no paraba de pensar, Regina jamás había rechazado mi tacto antes, todo lo contrario, nos robábamos caricias debajo de las mesas en Granny's, en las reuniones cuando le pasaba cualquier cosa procuraba que mis dedos rozaran los suyos, lo de hace un rato era más grande, Regina era muy cerrada a esa época cuando estaba casada con mi abuelo.
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Be my beginning
FanficEs obligatorio leer la trilogía de SwanQueen Story pues esta historia comienza 25 años antes de los acontecimientos
