040. No Soy Una Diosa, Tampoco Una Santa

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CAPÍTULO CUARENTA

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CAPÍTULO CUARENTA.
No soy una diosa, tampoco una santa

NIRVANA, SE ENCONTRÓ CON LA CLARA Y DETERMINADA MIRADA DE SU HERMANO, quien estaba prestando toda su atención hacia ella, cómo si temiera que en algún momento se atreviera a huir

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NIRVANA, SE ENCONTRÓ CON LA CLARA Y DETERMINADA MIRADA DE SU HERMANO, quien estaba prestando toda su atención hacia ella, cómo si temiera que en algún momento se atreviera a huir.

—Quiero que juegues con el deck de Amanecer —y entonces le dijo sin titubeos.

—Edén, no creo que sea buena idea forzarla si no se siente lista —Teá habló, tras la impresión de su amiga, quien había parecido sucumbir ante el miedo tras que esas palabras fueran pronunciadas.

El muchacho, miro de reojo a Téa y a sus demás amigos, como advirtiendo que sabía lo que estaba haciendo.

—Edén, no, no puedo jugar con el deck, tu sabes que puedo perder el control y...

—No perderas el control Nirvana, puedes hacerlo —le aseguró con una sonrisa confiada que lo confirmaba—. Necesitas creer en ti y en lo que eres capaz de hacer.

—No, no puedo —se negó, sacuendiendo con su cabeza y sin atreverse a acceder.

El mayor de lo Bright, soltó un suspiro largo y cerró sus ojos por un momento, ya teniendo preparadas las palabras que iban a terminar determinando lo que sucedería a continuación.

—Si no juegas con el deck de Amanecer, voy a renunciar al duelo —fue firme, un poco frio y por la manera en la que había cerrado sus ojos antes de abrirlos y decir lo anterior, parecía que a el tambien le estaba doliendo el tener que ser tan cerrado y duro ante lo que estaba pasando.

La adolescente, retrocedió dos pasos y comprimió sus labios, para despues mirar de reojo a los demás presentes, quienes tenían sus ojos presentes en ella por preocupación, sobre todo porque lo que había pasado. Había dejado una gran marca que no era facil de borrar en si misma, y todos estaban preocupados por eso, por el hecho de que no pudiera ser si misma.

—Edén, por favor —le suplicó, mirando el suelo que estaba repleto de nieve por la simulación en esa parte del parque.

—Esas son mis condiciones, hermanita —le respondió, doliendole el hecho de verla tan afectada—. Lo siento, pero tienes que hacer esto.

NIRVANA, atemDonde viven las historias. Descúbrelo ahora