Miradla.
La serena reverencia del dolor de los humildes.
No hacia el cielo, no,
dirige la mirada al suelo
que la Sagrada Sangre del Hijo
absorbe como cáliz que atesora el sacrificio.
María Dolorosa
no eleva al Poderoso ni una queja.
Sólo deja,
sin entender el cómo,
que se obre el milagro de la vida
en la espera de una aurora renacida.
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La primera vez que vi a la Virgen de los Dolores de Lorca me quedé absolutamente pasmada. Porque me pareció que era el retrato de aquellos que reciben una mala noticia o un golpe sin elevar ni una queja al cielo.
Recordé la cara de Marta cuando el médico le dijo que el cáncer se había reproducido.
A lo mejor la mía fue igual de serena, o mucho más desesperada. No lo se. Supongo que lo segundo.
Lo cierto es que a María la tengo como Madre, y hoy le pido por todos los que estamos enfermos para que nos ayude a aceptar y a luchar.
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JULIO.
PoesíaLa poesía es una ventana abierta al universo que hay fuera y al que se esconde aquí dentro.
