Hoy cumplía 18 años.
Esa fue lo primero que se me cruzó por la mente cuando mis ojos se posaron en el calendario sobre mi escritorio. Miércoles 30 de abril de 2019. La fecha estaba marcada con un círculo rojo, un gesto que hice hace semanas. No había decoraciones festivas, ni globos, ni regalos envueltos esperándome.
Mi mamá no estaba en casa. Como siempre, había salido antes del amanecer para su turno en el hospital. Trabajaba como enfermera y sus jornadas son interminables: entraba a las seis de la mañana y no regresaba hasta las siete de la noche. Mi padre, por su parte, tampoco estaba. Él era guardia de seguridad y sus turnos rotan entre la noche y la mañana. Hoy le tocaba el turno matutino, así que salió casi al mismo tiempo que mi mamá.
Ellos no me despertaban. Nunca lo han hecho. Me dejaban dormir hasta que yo decidía levantarme. Siempre me despertaba a la misma hora: siete y quince. Es una rutina que había seguído desde que entré al instituto. A las siete y media salía de casa y caminaba los quince minutos que me separan del edificio gris y rectangular que llamaban escuela. Llegaba a las ocho en punto, justo a tiempo para la primera clase.
Así era como funcionaba mi rutina normalmente. Así era mi vida. Monótona. Repetitiva.
En el instituto la rutina era igual.
Excepto que en mi cumpleaños. Asistía a clases esforzándome por mantener un comportamiento normal, pero me sentía desconectado del mundo. No recuerdo en qué momento dejé de sentir alegría durante este día.
Antes de salir de casa, cerré la puerta con un suspiro cansado y me detuve a leer la nota que mi mamá había dejado pegada en la nevera. La leí en voz baja:
"¡Feliz cumpleaños, Taehyung-ie! Mamá te quiere mucho. Eres el bebé de mamá, diviértete mucho hoy. Nos vemos en la noche, te llevaré un rico pastel."
Sonreí de lado. Guardé la nota en mi bolsillo, sintiendo una mezcla de cariño y vergüenza. Dieciocho años y mi mamá todavía me trataba como si fuera un niño.
Al llegar al instituto, todo parecía normal. Los estudiantes se agrupaban en los pasillos, riendo y charlando, mientras otros corrían para llegar a tiempo a clase. Yo caminaba con calma, mis manos hundidas en los bolsillos de mi chaqueta, cuando de repente lo vi. Allí estaba él, Min Yoongi, parado frente a la puerta de nuestro salón, como si me estuviera esperando.
No llevaba el saco impecable que siempre usaba, su camisa estaba desabrochada en los dos primeros botones, y la tenía por fuera del pantalón, algo que nunca haría. Su cabello, normalmente tan cuidado, estaba un poco despeinado, como si se hubiera pasado las manos por él varias veces.
Supuse que había llegado temprano para entrenar.
Mi primer instinto fue confrontarlo. Después de todo, llevaba días preguntándome por qué le había dicho a Jungkook que se mantuviera alejado de mí. ¿Quién era él para decidir con quién podía hablar o no? Pero cuando me acerqué, listo para soltarle una ráfaga de preguntas, pero me detuve a unos pasos de él.
Yoongi me sonrió. No era una sonrisa cualquiera, sino una de esas que rara vez mostraba: amplia, genuina, que le hacía lucir sus dientes y un poco de las encías, mientras sus pequeños ojos brillaban. Por un momento, sentí como derritió la capa de hielo que había construido a mi alrededor.
Mi mente daba vueltas, reevaluando cada interacción que habíamos tenido en las últimas semanas. Tal vez había sido demasiado duro con él. Pero antes de que pudiera decir algo, Yoongi hizo algo que nunca esperé.
Sin mediar palabra, se acercó a mí y me abrazó. No fue un abrazo rápido o incómodo, sino lento, deliberado, como si quisiera asegurarse de que lo sintiera. Me quedé petrificado, mis brazos colgando a los lados, mis ojos abiertos de par en par. Podía sentir las miradas curiosas de los demás estudiantes.
ESTÁS LEYENDO
Falso Nerd || KookV
FanfictionKim Taehyung, el chico popular y arrogante del instituto, siempre ha sido conocido por su inteligencia y su mal carácter. Un día, una misteriosa y simple nota revela que Jeon Jungkook, el "cerebrito" de quinto año, está enamorado de él. Sin embargo...
