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Los rumores en el pasillo flotaban en el aire. Podía sentir las miradas sobre mí, los susurros a mis espaldas, la manera en que algunos compañeros se inclinaban al oído de otro para compartir lo que creían saber. Eran sobre mí y el profesor de artes que había sido despedido esa misma mañana.

Sabía que no debía prestarles atención. Yo lo había denunciado y, por eso, ahora estaba tranquilo. Pero aun así, el ruido a mi alrededor se filtraba en mi cabeza. Los rumores eran frívolos, implacables, como cuchillas afiladas que intentaban desgarrar mi tranquilidad. Mis dedos tamborileaban con impaciencia sobre la superficie del pupitre, intentando disipar el malestar.

Yoongi estaba a mi lado, con los brazos cruzados y una expresión de seriedad que a cualquiera le habría parecido intimidante, pero yo encontraba cierto consuelo en su presencia.

—Todo está bien —susurró Yoongi, sin necesidad de mirarme—. No tienes que hacerles caso.

Asentí apenas, tragándome el nudo en la garganta, cuando vi a Jimin correr hacia mí. Su respiración estaba agitada, y su ceño fruncido mostraba una mezcla de angustia y frustración. Se detuvo bruscamente frente a mí, pero no me tocó.

—¿Por qué no me lo dijiste—me preguntó con la voz quebrada—¿Que clase de amigo soy?

Parpadeé, sorprendido de que Jimin estuviera preocupado por mí, más aún de que creyera en mí sin cuestionamientos. Que no se dejara llevar por lo que decían los demás.

—No es tu culpa —respondí, tratando de sonar tranquilo.

—¿Cómo no me di cuenta? Si no hubiera sido tan ciego yo...

La culpa en su voz hizo que frunciera el ceño. Me sentí un poco descolocado; nadie más había mostrado esa preocupación sincera. Todos solo querían el chisme, la historia morbosa, pero Jimin… él de verdad parecía lamentarlo.

Jimin se dejó caer en la silla donde hasta hace un momento había estado sentado Yoongi. Este, al ver que su dueño legítimo había llegado, se puso de pie con calma y se apartó.

—¿Estás bien? —preguntó Jimin, inclinándose apenas hacia mí.

Solté una pequeña risa sin humor y asentí.

—Ahora lo estoy—susurré—. Bueno, algo como lo que pase no se supera de la noche a la mañana, pero no fue muy fuerte, si hubiera sido peor ahora quién sabe cómo me encontraría...

Jimin chasqueó la lengua y negó con la cabeza.

—No debes hacer menos lo que te sucedió —dijo con firmeza. Llevó la mano a mi hombro, con cierta duda, como si temiera que me apartara. No lo hice. El calor de su palma sobre mi hombro se sintió reconfortante—. Lo siento mucho.

Incliné la cabeza, evitando su mirada.

—Podemos dejar de hablar...

Mis ojos se abrieron de golpe al ver a Jungkook aparecer en la puerta. Era imposible no notarlo: su expresión de preocupación, tan clara en su rostro, no pasaba desapercibida, pero me negué a profundizar en eso. No quería ver nada más, solo quería que no me mirara, no allí, no en ese lugar donde todos podían ver lo que pasaba. No estaba dispuesto a ser el centro de otra historia más, de otro maldito rumor que podría surgir solo porque Jungkook estaba ahí, viéndome.

Mi cuerpo se tensó, pero traté de mantener la calma mientras veía a Yoongi voltear hacia la puerta. Su ceño fruncido decía todo. Observó a Jungkook por un momento, con esa expresión de desdén que siempre ponía cuando se trataba de él.

Me levanté del asiento, dispuesto a acercarme a Jungkook, pero en el momento en que pasé cerca de Yoongi, sentí su mano envolverse alrededor de mi muñeca con una fuerza que no me esperaba.

Falso Nerd || KookVDonde viven las historias. Descúbrelo ahora