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No ver a Jungkook durante un par de días hizo que mis sospechas aumentaran.

Ni siquiera fue a buscarme al final de clases como solía hacerlo. No llegó al instituto al día siguiente. Han pasado tres días desde que Jung Hoseok me mostró las heridas que según Jungkook le había causado, y su ausencia no hace más que alimentar la inquietud que se instaló en mi pecho desde entonces.

No podía seguir esperando. Jung Hoseok no quiso volver a hablar sobre el tema, es más, estuvo evitandome. Así que, si nadie me daba respuestas, tendría que buscarlas yo mismo.

Ahora frente a su casa, con los nudillos tensos después de golpear la puerta, pero nadie abre. Me debatí entre insistir o darme la vuelta cuando la puerta finalmente se abrió.

Y ahí estaba él.

El monstruo del que tanto me advirtieron.

—Ha pasado un tiempo —mi voz sonó más baja de lo que esperaba. Intenté sonreírle, pero él no me devolvió el gesto. En su lugar, frunció el ceño, como si mi presencia lo incomodara.

—¿Qué haces aquí? —su tono fue seco, molesto, pero algo en su expresión cambió rápido. Soltó un leve suspiro y trató de corregirse—. No he podido ir al instituto, he estado ayudando a mi padre con su mudanza. Vendrá a vivir cerca de aquí.

—Oh, entiendo. Disculpa por aparecer sin avisar —dije, y aunque él no parecía muy interesado en dejarme entrar, tras unos segundos se hizo a un lado y me indicó con una leve inclinación de cabeza que pasara.

Entré sin decir más y me dirigí a donde siempre solia sentarme. El ambiente dentro de la casa era mucho más pesado de lo habitual, como si algo invisible flotara en el aire, oprimiéndolo todo. Jungkook cerró la puerta tras de sí y se acercó a la mesa, dejando un llavero con un sonido metálico que resonó en la sala.

El silencio se instaló entre nosotros. No sabía cómo empezar a preguntarle lo que quería saber. ¿Debo hacerlo ahora? ¿Debo esperar? Las palabras se atascaban en mi garganta, así que decidí quedarme callado, mientras fijaba la vista en un punto indefinido de la pared frente a mí.

Hasta que de repente, sentí el peso de algo recostándose sobre mi pierna.

Bajé la mirada y lo ví a él.

Jungkook se acostó sobre mis piernas con los ojos cerrados, como si todo el agotamiento de los últimos días lo estuviera venciendo de golpe. Su respiración era profunda y tranquila, pero su ceño seguía ligeramente fruncido.

Me quedé quieto. No sabía qué hacer. No sabía qué decir.

El monstruo del que todos hablaban ahora parecía solo un chico cansado.

—No he dormido bien. —murmuró, sin abrir los ojos, como si aún estuviera atrapado entre la vigilia y el sueño—. No me gusta la idea de tener a mi padre cerca, pero creo que tendré que acostumbrarme.

Su voz baja suena, casi derrotada. No sabía qué responder. No sabía si quería una respuesta. Me limité a mirarlo. La luz que entraba por la enorme ventana dibujaba sombras en su rostro, resaltando la cicatriz en su mejilla. Instintivamente, alargué la mano y pasé los dedos sobre ella.

—¿Cómo te la hiciste?

Jungkook apenas sonrió, pero no era una sonrisa real. Era una mueca que se desvaneció rápidamente.

—Fue un error mío. —respondió con una vaguedad que me dejó claro que no quería hablar de ello. El silencio que siguió no fue incómodo, pero se sintió pesado. Entonces abrió los ojos, oscuros y profundos, buscando los míos— ¿Todo bien?

Falso Nerd || KookVDonde viven las historias. Descúbrelo ahora