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Alguna vez pensé en descubrir lo que tanto escondía. En arrancarle sus secretos hasta comprender qué había detrás de esa mirada.

Pero desde aquel tiempo hasta ahora, no encontré respuestas.

Solo conocí a un hombre que intentó entenderme, y que, al parecer, me quería.

¿Amor?

No estaba seguro. Porque en sus ojos no vi la dulzura que suele acompañar ese sentimiento. Sus labios jamás pronunciaron esas palabras. Ni una sola vez. Aunque, la forma en que me miraba era intensa. Había algo ahí, algo que me atrapaba, que me hacía sentir como si fuese lo único que veía en ese momento. Algo que me impedía alejarme, aunque sabía que debía hacerlo.

Ese hombre, que se encontraba frente a mí, buscando su cámara, se había convertido en mi refugio, en la tranquilidad que no logré encontrar con nadie más.

Jungkook se detuvo en medio de la sala. Frunció el ceño mientras recorría la habitación con la mirada. Sus manos descansaban en sus caderas, y por un instante pareció perdido, como si hubiera olvidado lo que buscaba. Entonces, me miró. Y sonrió.

Ese gesto, por simple que fuera, hizo que mi pecho se apretara.

—Búscalo en tu habitación —sugerí, intentando sonar indiferente. Sin embargo, la ligera vacilación en mi voz delató mi interés.

Jungkook no respondió de inmediato. Su expresión no cambió, pero su silencio dolió más que mil palabras. Porque, aunque no lo dijera, sabía que no me llevaría allí.

Y eso me lastimaba.

No es que esperara que me contara cada mínimo detalle de su vida, pero al menos quería conocer las partes que él sí permitía que otros vieran. Yo ya le había mostrado todo de mí: mis miedos, mis errores, mis peores momentos. Jungkook los conocía todos. Y, sin embargo, yo apenas sabía lo esencial de él. Sabía que le gustaba leer, que tenía una hermana, que sus padres estaban divorciados. ¿Pero qué más? ¿Cómo era cuando era niño? ¿Qué hacía antes de dormir? ¿Cómo se llevaba con su madre? ¿Sus padres sabían que estaba saliendo conmigo?

—No creo que esté allí —dijo finalmente, pero no supe si era verdad o si solo estaba evitando que insistiera.

Jungkook nunca me había llevado a su habitación. Siempre que venía a su casa, me mantenía en la sala. Con Yoongi era distinto; él no tenía reparos en llevarme a su cuarto porque allí, al menos, podíamos hablar sin interrupciones. Pero Jungkook era diferente. Quizá no necesitaba privacidad porque siempre estaba solo. O tal vez...

Ya no importaba.

—Entiendo —murmuré, rindiéndome más rápido de lo que me habría gustado. No valía la pena insistir.

Él volvió a enfocarse en su búsqueda, revisó entre los cojines del sofá y sobre la mesa, como si la cámara fuera lo más importante en ese momento. No entendía por qué la necesitaba con tanta urgencia.

Yo, en cambio, me dejé caer contra el respaldo del sofá y lo observé en silencio. Pensé en todo lo que había hecho por mí, en cómo estuvo a mi lado cuando mis padres se divorciaron, en cómo nunca me dejó solo cuando sentí que el mundo se partía en dos.

Eso me hizo sonreír.

Se sentía tan reconfortante tenerlo; su compañía y sus palabras siempre eran las adecuadas, siempre estaba para mí en los momentos oportunos.

—Por cierto... —preguntó de repente— ¿por qué no le agrado a Park Jimin?

—¿No le agradas?

Le sostuve la mirada, intrigado. Se notaba que estaba cansado; la forma en que se sentó sobre la alfombra, con los hombros ligeramente caídos y las manos apoyadas sobre sus rodillas, lo delataba. Sin embargo, algo en mi pregunta lo hizo reaccionar.

Falso Nerd || KookVDonde viven las historias. Descúbrelo ahora