Epílogo

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Eran las siete de la mañana. La ciudad de Daejeon despertaba lentamente bajo la calidez de los primeros rayos del sol. El cielo, teñido de tonos dorados y rosados, parecía ajeno al torbellino que llevaba dentro.

Caminaba por un sendero empedrado en el parque casi vacío, con las manos temblándome con cada paso que daba, con la respiración desacompasada, irregular, forzada, como si el aire mismo se negara a entrar en mis pulmones. Mis ojos no dejaban de escanear cada rincón, cada sombra. Como si aún lo sintiera siguiéndome. Como si parte de él siguiera aquí.

Me dejé caer en una banca de hierro forjado, fría y oxidada. El frío traspasó el abrigo, pero no me moví. El corazón me retumbaba en el pecho como si quisiera escapar. Cerré los ojos, intentando calmarme. Pero no podía. Porque aunque habían pasado tres años, esa pesadilla seguía viva dentro de mí.

Habían pasado tres años desde que descubrí quién era realmente Jeon Jungkook. O más bien, quién no era.

Recordé su rostro. O mejor dicho, el rostro que creí que era Jungkook. El "nerd" silencioso, de mirada evasiva y pasos discretos, que parecía no tener interés en nada... excepto en mí. El rostro de aquel a quien había amado, aquel que hasta el día de hoy me seguía por medio de mis sueños. Odiaba recordarlo con esa mirada. Odiaba recordar su expresión ese último momento.

Después de huir de Jeon Jungkook y ser encontrando por Min Yoongi. Desperté en el hospital con la noticia de que varios testigos apuntaban a Jungkook como el responsable del accidente de Yungsoo y la misteriosa muerte del profesor de arte.

Pero nadie encontró rostros de Jeon Jungkook. Nadie supo a dónde fue, cómo desapareció ni con quién.

En medio de mi recuperación, la policía me interrogó una y otra vez. Primero como sospechoso, luego como testigo. Fui presionado para colaborar y poder encontrarlo. Di toda la información que pude, pero Jungkook desapareció como si se lo hubiera tragado la tierra. No dejó rastros. No hubo cámaras, ni llamadas, ni pistas. Él nunca me buscó.

Finalmente me dejaron en libertad.

Meses después, mi madre y yo decidimos empezar de cero. Dejamos Seúl, cambiamos nuestros números, enterramos lo que pudimos del pasado. Solo unas pocas conexiones sobrevivieron. Eunbi, sobre todo. Ella también había creído en Jungkook. También lloró su ausencia. Y como yo, aprendió a aceptar la verdad más amarga: Jungkook jamás sintió lo mismo por ninguno de los dos.

Yo estaba roto. La persona que amé no existía. Era solo una máscara. Un disfraz cuidadosamente armado para ocultar lo que realmente era: un monstruo. Egoísta, manipulador, frío. Me usó. Solo me necesitó para alimentar su propia obsesión. Pero nunca me quiso.

Y eso, jamás se lo perdoné.

Un año y medio después, mi teléfono sonó desde un número desconocido. Sin pensar, contesté.

Era él.

Sus intereses y su obsesión seguían siendo su principal objetivo. No pidió perdón. No explicó nada. Solo dijo:

-Todavía te quiero.

Pero no le creí. Sabía lo que significaban esas palabras salir de su boca: manipulación, dependencia, obsesión. Eso no era lo que quería, yo quería sentirme amado, y Jungkook podía darme todo, menos eso.

Le respondí con frialdad. Le dije que si volvía a llamarme, lo denunciaría. Que se alejara. Que no quería saber más de él.

Del otro lado, el silencio fue espeso. Luego vinieron los sonidos. Golpes. Vidrios rompiéndose. Rabia. Jungkook, donde estuviera, estaba perdiendo el control. Como si no pudiera soportar que ya no tuviera poder sobre mí.

Pero no me retracte de mis palabras.

Ese no era el Jungkook que conocía. No, ese era el verdadero Jeon Jungkook. Porque el Jungkook que había conocido, jamás existió.

Le pedí entre lágrimas que se mantuviera lejos, y entonces colgué.

Ese día, cuando decidí cerrar ese capítulo, cuando le puse fin a todo, ambos morimos. Pero solo uno dejó de respirar.

Nunca imaginé que, la obsesión que Jungkook tenía conmigo, era tanta, que su vida no tenía sentido si yo no estaba en ella.

Eso fue lo último que supe de Jeon Jungkook.

Nunca supe con certeza qué ocurrió después. Solo escuché rumores de que encontraron un cuerpo en descomposición, en algún lugar remoto. No revelaron el nombre. Y aunque lo hubieran hecho, no habría querido saber.

Porque yo ya no lo busqué.

Solo viví.

O al menos, lo intenté. Viví con esa esperanza silenciosa, casi absurda, de que tal vez estuviera vivo. Lejos. Tal vez pagando por lo que hizo. Pero no quería respuestas. Ya no.

Esa madrugada me dejé caer en el sofá, en medio de ese silencioso departamento que compartía con Min Yoongi. Estaba exhausto.

-¿Otra vez sin dormir?

La voz de Yoongi era áspera, pero no era un reproche. Él sabía. Sabía que las noches eran las peores. Que a veces, en medio de la oscuridad, todavía sentía sus manos en mi piel.

-Estoy bien. -mentí.

Porque no lo estaba. Nunca lo estaré.

Todo me pesaba. El cuerpo. Los pensamientos. El pasado. Odiaba salir. Odiaba cómo cada sombra, cada gesto, podía recordarme a él.

Con el tiempo, entendí que lo que comenzó como simple curiosidad se había convertido en algo mucho más inquietante.

Noté las grietas en la fachada de Jeon Jungkook. Odié haber descubierto que su perfección no era más que una máscara cuidadosamente construida, una mentira tan bien tejida que ocultaba algo mucho más siniestro.

Desde el principio, supe, que a medida que me acercaba a él, estaba cayendo en un juego peligroso.

Lo sabía. Siempre lo supe.
Pero cerré los ojos. Porque quería sentir.
Por primera vez, decidí seguir a mi corazón y no a mi intuición.

Fui estúpido al creer que todo saldría bien.

Porque, al final, no era yo quien tuvo a Jungkook bajo su control. Era Jeon Jungkook quien, astutamente, había estado jugando conmigo todo ese maldito tiempo.

Y aunque sobrevivi, nunca volví a ser el mismo.

Porque hay cicatrices que no sangran, pero tampoco sanan, y yo, tuve que aprender a vivir con ellas.

Aprendí a vivir en el infierno construido por los restos de un amor falso y de un monstruo oculto tras unos lentes.

Todo, por culpa de un Falso Nerd.

Todo, por culpa de un Falso Nerd

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Falso Nerd || KookVDonde viven las historias. Descúbrelo ahora