Amigos segunda parte

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Un tiempo después…

Laura leía, sentada en las escaleras de la universidad,  tras de ella, Daniel se acercó y tapo sus ojos, ella tocó sus manos y bromeó.
—¿Martín? —Pregunto Laura, intentando parecer confundida.
—No…—Susurro él en vos baja.
—¿Cris... tian? —Dijo, intentando hacer enojar a Daniel.
—¿¡Cristian!? —A Daniel le dio un tanto de irá escuchar el nombre de él, sus manos empujaron su cabeza hacia atrás y Daniel la besó en los labios, con algo de brusquedad—. ¡No hables de ese tonto!, solo recuérdame a mi, ¡Daniel!

Ella lo miró y sonrió

—¡Eres muy celoso…!, además, ¿por que estás queriendo que olvide a mi prometido? ¿acaso tú vas a poner un anillo en mi dedo? —Dijo ella mostrando el anillo.
Daniel la miro de reojo y sonrió
—Yo lo que voy a poner en ti es otra cosa —dijo y luego la besó nuevamente.

Más tarde al terminar las clases, se encontraron nuevamente en las escaleras, se besaron como tontos enamorados, Daniel la convido a su cuarto, luego los dos continuaron sus amoríos en el cuarto de Daniel, que vivía cerca de la universidad, donde ya era costumbre ir cada día a desordenar las sábanas después de clases. Desde que  se conocieron en una de las clases que coincidieron, y Daniel que era algo coqueto, persiguió a Laura hasta que la conquistó. Aunque al principio Laura quería respetar a Cristian, decidió vivir una aventurilla antes de casarse con él, pensó que nadie lo Iba a saber y además luego viviría el resto de su vida con una sola persona, aunque no estaba segura del todo, y después de estar con Daniel, empezaba a dudar de los sentimientos por él.
Ella quería vivir más la vida, conocer muchas personas, incluso cuando se comprometió era virgen y se había prometido a Cristian todo de si, pero a la vez no se sentía segura.
Así que una tarde de copas decidió entregar su virginidad a Daniel, y empezar un nuevo romance, comenzando a ignorar a Cristian, al principio por la culpa que sentía, y luego que ya empezó a disfrutar de la compañía de Daniel, ya que él estaba presente y Cristian tan lejos, sin querer empezó a crear un vacío en Cristian, quien ahora que ella no le prestaba atención, buscaba a Sara para hablar, quien ella solía escuchar y él a ella, llenado un poco sus vidas vacías.

Con los días Cristian y Sara tuvieron conversaciones más Seguidas. Sara estaba siempre escribiéndole, bromeando de alguna cosa o contándole acerca de la vacía relación que tenía, Cristian no hablaba de su relación mucho, pero le agradaba hablar con Sara. Ella siempre se reía sola al leer los chats de Cristian, mientras sentía mariposas por su estómago, causada por las descargas de adrenalina que sentía en ella saber de el.
Un día tubo la idea de Enviarle una foto como Dios la trajo al mundo. Curiosamente cuando Alfredo estaba presente, como esos errores que se suelen cometer al estar distraídos en cosas que te atrapan, ella dejó el celular en la mesa mientras  se bañaba, (sin contraseña). Alfredo como un buen marido del tipo celoso, abrió el chat y apareció la foto por un instante y luego así mismo desapareció, aunque solo se vio un segundo y no muy clara, a él le pareció que era Sara desnuda y se fue al baño furioso en busca de respuesta:

—¿Quién es este tipo? ¿Y por qué le estás enviando fotos desnuda? —dijo Alfredo abriéndole la puerta del baño, y mirándola de una manera enojada.
—¡Que dices…!, ¿¡desnuda!? ¿Dónde?, ¿Qué haces revisando mi celular? —Sara entro en pánico, pero logró dominarlo y se portó serena.
—¿Vas a decir que no le estás enviado fotos? —Alfredo seguía buscando la foto que había visto sin tener suerte.
—¡Es solo un amigo!, y no le estoy enviando fotos desnuda, ¡que te pasa! —Sara continuo bañándose, creyó que no había visto realmente nada, y quería sacarle una verdad con una mentira, pero sentía terror al pensar en la foto que le había enviado a Cristian, Alfredo era un tipo agresivo y de seguro la golpearía o algo peor.
Verdaderamente él no estaba seguro, de si había visto bien, o era que su cerebro lo engañaba. Así que dejó el celular en la mesa, se rasco la cabeza, lo levanto nuevamente, reviso una vez más, pero no encontró nada, lo dejo en su puesto, se acomodó su camiseta y se puso zapatillas luego se marchó a la calle.
Sara terminó de bañarse y nerviosa reviso el mensaje en su celular, pero hay no había nada, busco en la carpeta de fotos y tampoco está estaba allí. Se preguntaba:  —¿cómo se había enterado?, sí había sido muy inteligente diría ella, Pero que ¡inteligente!, si a la primera ya la habían pillado —aunque tal vez era solo un error, así que busco a Alfredo en la casa pero no lo encontró para nada—, como raro pensó, otro día más sola en estas cuatro paredes, aunque nunca se había sentido más agradecida por que él no estuviera en ese momento en casa, jamás imagino que la soledad fuera tan agradable. Aún sus nervios no se habían calmado, que se hubiera ido fue lo mejor que le pudo pasar.
Tomo el celular y llamo a Cristian, le contó entre risas lo que había pasado, esto era bastante gracioso y terrorífico:
—Hola, Cristian, ¡Cristian!, ¡ha pasado algo! ¡Algo muy gracioso! ¡No sé cómo pasó! —no podía dejar de reír y hablar al mismo tiempo—, pero Alfredo dice que yo te estaba enviando fotos, ¡fotos desnuda!
—¡Y que fotos! —Bromeó él.
  Ella río de una manera que lo obligó a retirarse el celular de su oído—. ¿No borraste las fotos acaso?
—Si, ¡obvio! —Dijo ella con una seguridad infinita en su respuesta.
—Debió ser algún error de Facebook, a mi me paso alguna vez algo así…—Comentó Cristian.
—!No lo puedo creer!, ¡casi muero del susto! —Dijo Sara algo alegre y a la vez nerviosa por la situación que había experimentado, sentía una sensación en su estómago de miedo y paz que no podía explicar.
Después silencio un momento, y luego se echaron a reír los dos, mientras Sara se mordía los labios y sentía una grata sensación de felicidad al hablar con Cristian, su guapo Cristian, que ahora se había vuelto su único asunto importante del día a día.
Para Cristian tener con quién hablar en su soledad era confortable, así que el tiempo que ella le dedicaba era muy Sanador para su alma triste, y bueno, Sara tenía bastante tiempo libre, así que se estaba haciendo una amistad más fuerte, ya no eran tan desconocidos, a pesar de que no tenían algo que les faltara conocerse, en lo que se refería al cuerpo.
 
Los días pasaron rápido y pronto fue una semana, de repente Sara no apareció más, no respondió sus mensajes y tampoco sus llamadas. Y a Cristian le Pareció  raro, pero decidió darle el espacio. no le gustaba molestar mucho a las personas cuando decidían alejarse, aunque ella se había convertido en alguien importante en su día a día, su amiga, con quién poder hablar, y sabía que volvería a caer en su soledad.
Luego de que intento concentrarse en su negocio, evitando también hablarle a Laura que se había vuelto ya un fantasma en su mente, semanas después ella apareció de repente, nuevamente. Sara lo llamo a su celular, con llanto y rabia en sus palabras, algo igual de histérica, q el día que perdió su trabajo en el restaurante.
—Hola Cristian, perdona que te llame así. ¡Es un idiota sabes!, ¿puedes creer? —El llanto le machucaba las palabras temblorosas—. Cuando estaba con él me engañó con una desgraciada, ¡con Marta!, y yo sí decía que algo pasaba, pero claro una de estúpida siempre se da cuenta en últimas, una amiga que trabaja con él me contó, que siempre se marcha cuando sale de trabajar, con una mujer, ¿y puedes creer?, lo confronte —hablaba rápido, entre sollozos, intentando no llorar de más, pero le era imposible.
—¿Y que dijo tu amado? —Cristian no sabía por qué le alegraba que le salieran mal las cosas con aquel tipo, no pudo evitar reírse, a pesar que lo hizo lo más disimuladamente posible.
—¡Claro búrlate de mi desgracia! —Sara camino de un lado para otro llorando y enojada, un poco molesta ahora con Cristian por su actitud—. ¿¡Puedes creer lo sínico!?, me dijo que él me quería, ¡Que me quería!, ¿Puedes creerlo?, pero, ¡que quería a las dos!, ¡a las dos! ¿puedes creerlo?, no, y eso no es lo peor, ¿sabes que me propuso?, ¡Que se iba a traer a esa estúpida para la casa, para que estuviéramos los Tres!, ¡Que podíamos vivir juntos!, ¿Puedes creerlo?, Que le estaba quedando muy difícil mantener dos hogares, ahora que resulta que soy un problema, una carga, cuando no me deja salir a trabajar y nunca está en esta casa. ¡Maldita Martha!.
—Valla. ¿y ahora tu serás la primera o la segunda esposa del jeque árabe? —Bromeó nuevamente Cristian, intentando animar a Sara, con su humor algo negro.
— ¡Ay no seas así! estoy tan molesta, voy a colgar, tu no me estás ayudando —dijo con una vos áspera y pesada.
—¡Lo siento!, no te molestes, intento solo animarte, ¿Qué hiciste?
—¡Por supuesto lo mandé al diablo! —ahora se guardo un segundo de silencio y su vos cambio a preocupación—. Pero no me quiso dar dinero para marcharme —sorbió por la nariz— voy a pasarme a vivir donde una prima, ya no…
»…quiero estar más aquí, ¡es un desgraciado!, ¿sabes?, el viene aún a buscarme, que tengo que estar con él, por qué me está manteniendo y tengo que pagarle de algún modo, ¿¡será idiota!? ¿Qué se cree?, ¿¡que no merezco respeto!? ¡lo odio!.

A Cristian le resultaba gracioso y a la vez increíble de creer está Situación, aunque en cierta forma se compadeció de ella, no creía que alguien se atreviera a tanto, pero al final ella tenía que salir de allí o las cosas se pondrían muy complicadas

—Realmente debes salir de allí sabes, ahí no hay nada para ti, ¡pero bueno!, tú sabías que él tipo era eso, debiste ver alguna señal, bueno almenos aún no ha pasado nada tan malo, ¿cuando te vas?, ¿que vas ha hacer? — comenzaba a preocuparse por ella.
—Por ahora salir de aquí, ¡Hoy mismo!, luego trabajar en algo… no se —Volvió a callarse tres segundos—. ¡Ay! lo siento por molestarte, necesitaba hablar con alguien —Murmuró ella algo más calmada, un poco aliviada.
—No te preocupes, para esos somos amigos —le dijo el.

Luego, ella se mudo de allí, aprovechando que Alfredo estaba trabajando, o en su segundo hogar. Y cuando Alfredo regreso a casa, encontró solo una nota sobre la mesa con un bonito y expresivo mensaje: “Eres un desgraciado, un maldito, ¡te odió!. Sabía que no podía creer en ti”.
Él al leerlo arrugó la cara, lo apretó entre sus manos arrugándolo y luego lanzando por ahí, algo enojado, tomo aire y lo dejo así, supuso que estaba bien, almenos tenía su segunda segura opción.

Luego de un mes viviendo donde su prima, la vida se convirtió en una pesadilla, ella solo consiguió, un empleo donde ganaba muy poco, pero era suficiente para irse a otro lugar.
Aunque su prima no decía nada, ya últimamente no le dirigía mucho la palabra y la evitaba, a pesar que ella se esmeraba por arreglar la casa y ayudar lo más posible en las cosas de la cocina y cosas así, pero de todas maneras no quería ser una molestia para ella, por que además, la había ayudado cuando más lo necesitaba.
Así que decidió buscar otro lugar, otra ciudad, estaba hastiada de aquí y se sentía arrepentida de haber ido tras de Alfredo, ahora se dio cuenta, que las personas nunca terminan por cambiar. —Se dijo: ¡el que es, no deja de serlo jamás! —Y se prometió no volverse a dejar ver la cara de nadie más, en su vida, irónicamente empezó a pensar en Cristian y la idea de volver a Villavicencio, a no necesariamente tener una (relación).
»Podrían ser buenos ¡amigos! y talvez sería bueno tener una relación de esa clase, ella podría dominar sus sentimientos y estaría bien, además, ¿a donde más iría?, ¿Bogotá?. Tenía a un tipo que había conocido alguna vez, le había prometido darle vivienda y ayudarle con sus gastos, pero, ¡que va!, el cuento de seguro iba por otro lado…, él solo quería su cuerpo, ¡por que siempre querían esto de ella!, nadie podía querer ayudar sin nada a cambio. (pero Cristian, a él le entregaría todo de ella, tan solo por sus sonrisa, pero, ¿y que opinaba él, que pensaría, solo había una manera de saberlo).

Cristian estaba surtiendo los enfriadores, cuando sonó su celular. Lo tomo y contesto mientras seguía con la mano libre acomodando cervezas en el interior del enfriador,  y el altavoz dejo salir la vos alegre de Sara con tono de emoción en sus palabras:
—¿cómo estás, que tal va tu negocio? ¿no estás necesitando una mesera? ¡yo soy muy buena!, muy amable y soy muy bella, atraería mucha clientela —Y no pudo reír suavemente.
—De echo ahora mismo estoy lleno… ¿piensas venir de nuevo? ¿Cómo termino tus amoríos con el sultán?  —le dijo, intentando hacerla enojarse.
Ella quiso parecer despreocupada, pero intentaba hacer que él la invitará a la ciudad de nuevo, su sueño: verlo, besarlo, sentir su cuerpo… ¡Enloquecerse! de nuevo como aquella noche.

—¡Ay! No te burles de mi ¡si!, No seas malo. La verdad no, estaba pensando en ir a buscar algo que hacer en Bogotá, ¿tu qué opinas?, aunque ir allá no estaría mal, ¿tu qué opinas de ir a Bogotá? —y dicho esta frase escondida en su pregunta, dejo en el viento sus posibilidades.
—Yo, la verdad no viviría en Bogotá nunca, es muy frío y la verdad no sé qué tan difícil sea de conseguir trabajo, yo prefiero mi ciudad —dijo Cristian con mucha seguridad.

«Bingo», ella sintió un gran alivio, esto del frío era una excelente escusa, aunque ella era del tipo de mujer capaz de andar en una minifalda corta, en una noche fría, sin molestarle en lo absoluto.
—Si, pienso lo mismo, el frío… el frío es terrible, tampoco me gusta —se tomó un pequeño momento, como dejando que las cosas fueran siendo algo imprevistas y no tan obvias, así que después de unos segundos, pregunto con tono de curiosidad—. ¿Tu me podrías ayudar a conseguir algo que hacer allá?.

Cristian respiro profundamente, sin dejar salir de golpe él aire de sus pulmones, sabía que esto se le saldría de sus manos. ¿Sara, con él?, de seguro aria las cosas que quería evitar, pero a la vez la soledad lo mataba, pensó que sería bueno tener con quien hablar y se prometió no dejarse llevar, además eran… (amigos).
—pues si, yo te puedo ayudar a que consigas algo — pero luego pensó que volverían a versen y no sabía que tan mal o bien estaría eso. Podría simplemente disfrutar de los momentos que podría pasar con ella, o amarla, amarla como nunca se imaginara, (cómo nunca le dio la gana hacerlo).
—Sabes, lo malo es que no tengo tanto dinero, tengo para llegar hasta Bogotá, pero no me alcanza para llegar allá  —dijo, se sentía apenada, pero ahora necesitaba una pequeña ayuda, como dijo su padre: un empujón sirve mucho.
—Mmm bueno, yo te ayudo con una parte de dinero, consigue donde te puedo enviar —propuso Cristian con la idea de facilitarle las cosas a Sara, y hacer que ella se sintiera apoyada, pues sentía que una buena obra era necesaria en ella, por más mínima que fuera.

Así que después de arreglar lo del dinero, Sara acomodo sus cosas en una maleta grande, de color rosa, con rodachinas y después de despedirse de su prima, se marchó rumbo a Villavicencio nerviosa y a la vez feliz, con el corazón angustiado y enamorado.

Al caer la noche en Villavicencio, del siguiente día, Cristian se dirigió al terminal de buses a recoger a Sara, que estaba llegando a la ciudad,  cansada, soñolienta y hambrienta.
Él se quedó fuera del terminal, al otro lado de la calle esperando que ella saliera de allí.
De repente Sara apareció por la puerta de salida y se plantó en la calle, tomo su celular y llamo a Cristian.

—Hola, ¡estoy fuera! ¿donde estas? —dijo Sara, mientras lo buscaba con su mirada alrededor.
—Oye, lo siento, tienes que esperarme asta mañana, ahora no puedo ir a recogerte —Y colgó su celular, mientras pasaba la calle rápidamente para ir donde estaba ella.
—¡Que!, sabes que no tengo dinero… —Chilló Sara asustada y preocupada, por el miedo a estar durmiendo una noche en una banca.
—tendrás que dormir en una silla entonces…—él bromeó, mientras terminaba de aparecer tras de ella sonriendo.
Y ella ya molesta y asustada, se alegro que fuera una broma,  además de que en realidad no tenía dinero para nada, sí hubiese tenido que dormir en una silla.
Y estaba esto en su estómago. Sentía ese cosquilleo y esas ganas de verlo de una vez por todas…

—Valla, casi que no llegas, llevo como tres horas esperando, ya me Iba a ir a casa —Dijo él, junto a una carcajada, por el rostro que tenía Sara, aún de pánico.
—Tu si mientes, ¡idiota!, pensé que me dejarías aquí con este… frío —pues había llovido bastante y la noche estaba muy fría.
Sara se acerco y abrasó a Cristian con pasión, con alegría. Como siempre, Cristian solo puso una mano en la espalda de ella y la bajo rápidamente, pero a ella no le importaba su manera de ser tan fría, de poder hacerlo se lo habría comido a besos, pero solo se conformo con besar su mejilla y reflejarse en su mirada. Después  Cristian la llevó a un hotel, para que pasara la noche y de camino buscaron algo de comer.
Más tarde ya en el hotel, Sara entro al baño a ducharse. Fuera de estar tan cansada, ya había calmado el hambre, pero estaba allí esperando que Cristian de repente se aprovechará de ella, ya que él solía de repente perder el control y jugar con su cuerpo, además a ella no le molestaba sentirse viva una vez más, tenía el deseo en su cuerpo a flor de piel, desde hacía mucho, desde aquel día que se trasnocharon toda la noche, y se acabaron de consumir al día siguiente aún con el cuerpo dolido. (Y el aún no sé marchaba…), así que salió y se puso algo muy pequeño y se acostó de medio lado a dormir, tal vez imagino que podría llamar la atención, o quizás solo se marcharía… estaba muy cansada pero a la vez quería sentir a Cristian, así que podría estar un poco más cansada después, si es que él se animaba…
Cristian que estaba viendo una escena de acción de una película, miro de reojo a Sara y clavo su mirada en el tatuaje que subía por su pierna, aquel elefante de la india, al final nunca le pregunto que representaba, luego se fijó en su trasero redondo y firme como un melón, que salía de aquella pijama tan diminuta, se olvidó de la tele y se acercó a Sara mordiéndola suavemente por las piernas, hasta llegar a su cuello, ella con los ojos cerrados sonrió, sabiendo que de seguro sería una noche más, de las que a ella le daba por encasillar en «memorables»...

Antes de amarla Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora