Decisiones

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La dos siguiente semanas, Sara no volvió a aparecer en ninguna parte, y Cristian se concentro en su trabajo. Sara por su parte había regresado a casa de su madre, quien era una mujer algo vieja, de piel blanca y ojos claros, como ella, un poco despistada, del tipo de personas amantes del dinero.


Sara no había sido bien recibida, pues no traía mucho dinero y ella, su madre, de vez en cuando refunfuñando le tiraba alguna sátira: -¡Los recibos están caros!. -La comida está escasa... -¡Nunca ahí dinero para nada!. -Aquí a mi me toca todo... -¡Ojalá hubiera tenido un hijo que me tratara como yo merezco...!.


Sara se encogía de hombros y suspiraba, pensando en su mala suerte, había ido a la ciudad en busca de salir de su pobreza, encontrar tal vez algún buen hombre y enamorarse, tal vez casarse, -bastante codiciosa... -se dijo, como si la vida fuera tan fácil y saliera como la planeamos.


»Pensaba en que solo estuvo deambulando por la ciudad, viviendo en algún cuarto rentado poco espacioso, y pasando necesidades, trabajando en lugares que no le daban alguna seguridad económica. Suspiraba al pensar cuantas veces paso hasta hambre, y los hombres que se le acercaban solo buscaban una cosa, y luego no le daban mucho interés. Pero estaba Cristián, que guapo le parecía, amable y serio, con una mirada que se clavaba en su alma, y de pensar en ello se estremecía su cuerpo, era lo que a ella le parecía, «la definición de hermoso», sus ojos claros y su piel blanca, junto con las venas marcadas, con lunares en su piel... Desearía haberle sacado una foto, cuando lo vio dormir, allí en la cama de ese hotel, luego de haber perdido su cordura esa madrugada.


-Me gustaría verlo... -Murmuró para ella y suspiro profundamente, pero solo tenía su número de celular, "que era bastante".



Tomo su celular y escribió su nombre en el buscador de Facebook: Cristian Gómez. Aparecieron muchas coincidencias pero no encontró nada, borró y solo puso Cristian, pero igualmente nada, luego agregó Cristian Gómez Villavicencio meta. Había varias coincidencias, hasta que vio su particular rostro en Facebook, abrió su perfil y chismoseo un poco, pero tenía pocas fotos y no muy nuevas. ¡Le hubiera hablado al WhatsApp y le hubiese pedido una foto, se hubiera ahorrado tanto tiempo buscando!.


Abrió el WhatsApp y busco su nombre, le escribió un hola seco, pero se lo pensó un segundo, no le dio al enviar, borró el mensaje.


Al final sabía que no tenía caso, no pensaba regresar a esa ciudad más, tal vez Bogotá no fuera tan ingrata...



Más tarde ese mismo día.



Caminando por el parque principal de su pueblo, se encontró de repente con Alfredo, su ex de la escuela, de su adolescencia y de su todo, con quien ya hacía tiempo no se habían vuelto a hablar. Luego de que Alfredo se había metido en la cama, con Martha, una prima suya y también un par de jovencitas, por alguna de la cual, Sara había protagonizado un show de televisión, arrastrando del cabello a la joven y golpeándola contra la pared de una casa, mientras Alfredo intentaba ponerla a salvo de la ira de ella. ¿O fué tal vez, que se dejaron de hablar, cuando lo encontró con su prima atrás de la casa de la abuela, cuando estaban compartiendo en una reunión familiar?.


Intento recordarlo mientras lo veía acercarse. Alfredo era un tipo flaco alto y Moreno, no era tan parecido, pero era del tipo de personas con la habilidad para enrredar a las muchachas, con su palabrería. cuando Alfredo la vio, camino hacia ella, con una sonrisa en los labios y curiosamente, una alegría en su corazón de verla de nuevo, que no podía ocultar en su mirada.


-¡Hola Sara!, ¿Cómo te va?, ¡mírate¡ ¿Qué te ha pasado? ¿Por qué estás tan... flaca?, ¿Cuándo volviste? ¿te trato mal la Ciudad? -Viéndola de arriba abajo sin dejar de sonreír.


-¡Valla!, ¿¡pero a ti que te importa!? -Le escupió Sara mientras se ponía de pie, con cara de enojada.


-¡Tranquila!, ¿aún estás molesta con migo?, ya no creas que soy la misma persona, ¡he cambiado!, te lo juro. -Pero bajo la mirada hacia sus pies moviendo piedras con ellos, sosteniendo las manos en los bolsillos de su pantalón desgastado.


-¡Ya te voy a creer!, siempre haz dicho lo mismo, tú eres un dañado, siempre estás buscando alguna oportunidad para joderlo todo -y se cruzó de brazos luciendo más enojada, con una mirada sería y haciendo gestos con su boca.



Alfredo insistió aún más, con una sonrisa burlona la invitó a tomarse algo, para calmar el sofocante calor que estaba haciendo en ese momento, pero ella no quería nada que ver con él.


Aun así, Alfredo se las ingenio para atraer a Sara a una cafetería cercana, donde conversan un poco. Sabiendo el tipo de persona que era ella, quiso recuperarla, y parecía que la vida le había colaborado mucho, ya que él sabía cómo era la madre de ella, y se imagino que por su aspecto, no estaría bien de recursos, así que lo que él tenía en mente proponerle, le resultaría en su plan que acababa de ocurrírsele. Realmente la vida le estaba ayudando mucho.


-Sara, ven conmigo, me iré a Bucaramanga -le propuso Alfredo, con la mirada puesta sobre ella, y su curioso estilo de cabello.


-¿¡Estas loco!?, ¿No haz entendido que no creo en ti?, ¡que eres una persona terrible! -En su respuesta había obstinación y rabia, Sara se quedo dándole vueltas a el palillo dentro del café mientras miraba por la ventana, buscando algo más interesante afuera de este lugar, con una expresión de molestia reflejada en su rostro.


-¡Oye, en Cerio!, ven conmigo, te va a gustar el lugar, trabajaré de mesero en un restaurante de un conocido, y luego un turno en un bar hasta media noche, nos alcanzara para vivir bien, además, ¡no tendrás que trabajar!, quizás, puedes estudiar... o algo -le dijo una vez más, intentando parecer interesante.


-¿Por qué, quieres hacer esto?, Tú nunca haz Sido buena persona, siempre te haz portado mal con Migo, ¿Qué pretendes? -Sara fijo su mirada sobre Alfredo intentando imitar la mirada de Cristian.


-Quiero hacer las cosas bien... esta vez -dijo él, evitado el rostro de Sara.


-Pues yo, ¡no te creo nada!, ¡eres un mentiroso! -Sara se dejó caer sobre el espaldar de la silla cruzándose de brazos, volviendo a posar sus ojos sobre el cristal, sintiéndose complacida de que su mirada funcionará.


-Hagamos algo, piénsatelo un poco, si de aquí a eso, yo no me he ido y tu te decides, me dices, y nos iremos los dos -Alfredo se incorporó hacia Sara tomando sus manos-. ¡Créeme, he cambiado!, ¿qué tienes que perder?.


-¡pues mucho, que te pasa! -dijo Sara, y luego se soltó de Alfredo haciendo una mueca de disgusto.



Alfredo sonrió pidió la cuenta, luego afuera se despidieron, si. Acercarse, él tenía que hacer algo, y los dos se alejaron cada uno por su lado.


Mientras Alfredo se marchó con una sonrisa en su rostro, Sara camino hacia la casa de su madre pensando la propuesta de Alfredo, y además, el recuerdo de Cristian en su cabeza, en quien estuvo pensando, buscándolo entre los rostros que pasaban frente a la cafetería, que observaba a través del cristal.


Antes de amarla Donde viven las historias. Descúbrelo ahora